De cine más antiguo de España a hotel de lujo: abre sus puertas el Hilton en el antiguo Bellas Artes de Donostia
Tras casi siete décadas siendo un cine y teatro de referencia y haber pasado más de cuarenta años sin uso, el Palacio de Bellas Artes de Donostia, de gran valor arquitectónico y patrimonial y considerado como primer cinematógrafo fijo de España, ha iniciado ya su nueva vida como hotel de lujo. Es parte de la Curio Collection de la cadena internacional Hilton y cuenta con 81 cámaras, que intentan preservar la historia del edificio. La propuesta gastronómica corre a cargo del chef local Andoni Aduriz.
elDiario.es/Euskadi ha visitado el reformado espacio. La historia de este nuevo hotel no es como la de otros alojamientos para turistas que florecen en la capital con la vivienda más cara. La reforma llega tras un intenso conflicto suscitado en torno a la conservación del legado cultural de la edificación. Y no es un debate único en Donostia, ya que se ha sucedido con la estación del ferrocarril, con varias villas o recientemente el caso del edificio Pakea.
La propiedad define su nuevo proyecto como un alojamiento “lifestyle”, enfocado en contar la historia del palacio al huésped. Esteban Basterretxea, director de Sade, insiste en que el proyecto busca mantener la vocación original del edificio, bajo la premisa de que el Bellas Artes “nunca dejó de proyectar, solo cambió de pantalla”. Han creado una escena, conjunto a sus interioristas Isabel López Vilalta y Silvia Cabestany, con la intención de llevar a cualquier visitante del hotel a un cine de los años sesenta, indican.
La relevancia histórica del inmueble, construido en 1914 por Ramón Cortázar, reside en su diseño como “Palacio del Cine”, una tipología monumental de la era silente inspirada en el Palacio Gaumont de París; construido en 1900 y demolido en 1972. Según le cuenta a este periódico Basterretxea, el cierre del cine del Bellas Artes en 1982 se debió exclusivamente a un “tema de demanda y oferta”, ya que cada vez más en la ciudad existían más butacas que espectadores.
La transformación del Bellas Artes se inserta en un contexto en Donostia en el que varias salas históricas, como el Astoria –también de Sade–, el Miramar o el Novedades, han sido reconvertidas en hoteles o sucursales bancarias. El viejo casino Kursaal también tuvo una vida anterior, aunque en su formulación moderna también tiene programación cultural.
El proceso de transformación del Bellas Artes comenzó en 2013, cuando la propiedad planteó convertir el palacio en un complejo residencial u hotelero para garantizar su rentabilidad. Ante tal anuncio, nació la asociación Áncora, defensora del patrimonio donostiarra, y fue capaz de recolectar más de 10.000 en contra de su transformación hotelera.
Las críticas de Áncora se basan en presuntas vulneraciones de la normativa en el patrimonio cultural. Durante estos últimos 13 años, ha estado denunciando las anomalías que veía, empezando con la reconstrucción de la emblemática cúpula. Esta fue derribada en 2015 por pretendidas razones de seguridad. La forma en la que estaba construida generó numerosas filtraciones de agua, deteriorando gravemente la pieza, arguye Ignacio Quemada, el arquitecto de la renovación del nuevo hotel. Tanto Basterretxea como Quemada defienden que su restitución fue necesaria: “Lo podías deshacer con las manos”. El Ayuntamiento permitió la operación. Para Áncora, en cambio, la réplica es como un “pastiche” o decorado en falso.
Mientras se tomaban decisiones sobre la cúpula, coincidía con el hecho de que el Gobierno vasco le otorgó la máxima protección como Bien de Interés Cultural (BIC) al palacio. Según Eneko Oronoz, portavoz de Áncora, la asociación estaba contenta porque eso suponía mayor blindaje para la edificación. Sin embargo, dos años más tarde, la Administración le retiró la protección tras una resolución judicial que favorecía a la empresa tras la interposición de un recurso. La decisión fue criticada por Áncora señalando que el plan se diseñó para flexibilizar la protección y ceder ante los intereses comerciales de la propiedad.
El conflicto trascendió las fronteras locales. El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), de la Unesco, emitió una alerta internacional en 2019. Se trató de la primera vez que se envió una a España, advirtiendo que la operación en el Bellas Artes ponía en riesgo la autenticidad de uno de los escasos cines monumentales anteriores a la Primera Guerra Mundial. En el centro de esta alarma se encontraba la intención de intervenir en las fachadas externas de conservación obligatorio, según el instrumento urbanístico conocido como PEPPUC.
Ante las dudas sobre la fidelidad de la obra ahora presentada, el arquitecto Quemada explica que la apertura de nuevos vanos en la fachada no fue una invención, sino un retorno a los dibujos originales de Ramón Cortázar. Según Quemada, los planos de 1914 proyectaban más ventanas de las que finalmente se construyeron, por lo que han utilizado “el lenguaje del propio Cortázar” para integrar las necesidades de luz del hotel.
Sin embargo, para Áncora, este proceso ha sido en realidad una “demolición encubierta” bajo la apariencia de una rehabilitación. En octubre de 2024, la asociación denunció ante la Ertzaintza que tramos de la envolvente protegida estaban siendo destruidos “a martillazos”, contraviniendo una licencia que, según su versión, solo permitía agrandar huecos existentes pero descartaba el derribo de muros. Oronoz sostiene que apenas subsiste un 20% del edificio histórico, un dato que el arquitecto Quemada desmiente y asegura que es mayor.
Más allá de las perspectivas contrapuestas de la asociación y de la empresa, está el papel del Ayuntamiento. Áncora indica que la Ertzaintza le ha confirmado una pobre colaboración por parte del Gobierno local para avanzar con la investigación. Asimismo, señalan que un informe del arquitecto municipal corroboró que se habían eliminado tramos enteros de fachada que no se ajustaban a la norma del plan de protección. La asociación lamenta la poca voluntad política que ha habido y sigue a la espera de que se haga justicia por el presunto delito.
La cadena, entretanto, rechaza el término “hotel de lujo” e insiste en definirlo como alojamiento “lifestyle”. Recalcan su idea-fuerza de que el Bellas Artes nunca dejó de proyectar, que solamente es un “cambio de pantalla”. Y confían en que los donostiarras reconozcan el pasado del inmueble al visitarlo. ¿Cuánto cuesta la habitación? Dormir allí en julio y agosto puede suponer entre 300 y 700 euros.
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