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La escuela debe cambiar, pero ¿cómo?

El sistema educativo debe quitarse el peso de los contenidos en favor de las capacidades porque de lo contrario seguirá preparando alumnos para siglos anteriores.

“La ley Wert obliga a un fracaso escolar. Hace que todos seamos iguales. Es el sistema quien fracasa. Es una injusticia porque dejamos de desarrollar auténticos talentos”, advierten los expertos.

Si la escuela logra cambiar su metodología algunos alumnos dejarán de ser invisibles; el profesor podrá conocerlos mejor para hacer grupos heterogéneos y una mejor propuesta didáctica.

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La escuela actual se centra más en memorizar que en enseñar a pensar, critican los expertos.

“Es necesario estimular a los alumnos para que aprendan el currículo de la vida”. Javier Bahón Gómez, CEO de TUinnovas, el laboratorio internacional de innovación y coaching educativo, cree que el currículo escolar (lo que deben aprender los alumnos mientras están en el sistema educativo) debe seguir el “menos es más”. Es decir, si hay contenidos repetitivos no vale la pena volver a tratarlos, “es perder el tiempo”. “Es importante también que se prepare a los alumnos para que tomen decisiones y puedan solucionar sus problemas. Hay que hacer un currículo que valga para la vida”.

Según Bahón, “es importante quitar el peso de los contenidos para ganar peso con las capacidades y herramientas, porque de lo contrario estaremos preparando a los alumnos para siglos anteriores”. Bahón, quien ha intervenido en los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco ha dejado claro que “la escuela debe cambiar”. “De esa manera”, ha añadido, “los alumnos dejarían de ser invisibles. Cada persona tiene su perfil de fortalezas y debilidades y el profesor tiene que conocerlos para hacer grupos heterogéneos y así hacer una mejor propuesta didáctica”.

Se trata del eterno 'la escuela debe cambiar', pero ¿cómo? Es necesario llevar a cabo una educación integral. Es decir, hay que enseñar en todas las capacidades. “Una vez que se tiene claro el paradigma se elige la forma de desarrollarlo, porque no se puede hacerlo de forma integral con seis horas de matemáticas, robando algunas asignaturas de humanidades…”. Según Bahon, es cada persona quien elige qué quiere ser en el futuro, no la ley. “La ley Wert obliga a un fracaso escolar. Hace que todos seamos iguales. Es el sistema quien fracasa. Es una injusticia porque dejamos de desarrollar auténticos talentos”.

Las personas que hayan estudiado para trabajar en el mundo de la educación tienen unas herramientas “que se pueden poner en tela de juicio, porque hoy en día tenemos herramientas actualizadas”. “Estamos en un sistema que homogeneiza, en el que todo sucede con una forma única, en una edad única y con una metodología única. Como si eso fuera posible”. Por ello, Bahón ha hecho un repaso de unos aspectos que considera fundamentales.

Aparte de los aspectos organizativos, existen factores que denomina como “los que el profesor tiene ya en su mochila”. Es el deber del profesor estimular al alumno “porque si no se activa el cerebro es imposible que aprendan nada”. Para ello hay que crear contexto. Y para ello ha dado un ejemplo de cómo estudiar la arquitectura gótica. “Unos profesores hicieron que los alumnos llevasen a la práctica la teoría usando sus cuerpos para imitar una catedral. Esa combinación funciona muy bien. Al tratar el tema de forma distinta se logra estimular a los alumnos”. Por lo que es imprescindible el factor de la curiosidad, tanto como el de la creatividad. “Muchas veces se escucha: es que yo no tengo imaginación, no soy creativo. Error. Todos tenemos capacidades potenciales, tenemos la capacidad de la creatividad”. La clave, según Bahon, es cómo se potencia esa capacidad.

“Hay que enseñar al alumno a autoevaluarse, porque se sienten dependientes”. Los profesores tienen la tarea de hacer alumnos autónomos y eso depende de cómo se les enseña a “pensar y a reflexionar cómo hacen las cosas. Qué es lo que han hecho bien y lo que no. Qué pueden hacer para mejorar”.

Sistema basado en competencias

María del Mar Pérez, asesora de lengua castellana y literatura, y María Elvira González, asesora de ciencias de la naturaleza, también han tomado parte en los Cursos de Verano de la UPV para hablar sobre las competencias científicas y lingüísticas en la educación. El sistema educativo de hoy en día está en un proceso de cambio, según Pérez. “El papel tradicional de los profesores como transmisores de información ya no es válido”. El reto no es acceder a la ingente cantidad de información que hay en circulación, sino “saber gestionarla, saber seleccionarla, diferenciar qué fuentes son fiables y cuáles no, analizarla y saber extraer una conclusión propia”. Otro de los retos es la integración de la tecnología digital, “el sistema de educación no puede quedarse apartado del mundo digital, porque es necesario aprender de la red y con la red”.

En ese escenario, las dos expertas recalcan la importancia de las competencias básicas, “las que las personas necesitan para su realización personal, para ser un ciudadano activo, para su inserción laboral y para su inserción en la sociedad”. Teniendo en cuenta que la información o el conocimiento se encuentran en todas partes y éstas van cambiando de forma vertiginosa, según González “hay que acostumbrarse a vivir en la incertidumbre. Lo importante es saber cómo aprender”.

“Las competencias suponen la capacidad para responder a una situación problemática compleja. Para poder solucionarlo eficazmente se utilizan todos los recursos que poseemos”, porque lo importante es saber cómo resolverlos movilizando todos los recursos a nuestro alcance.

Según González, hay dos tipos de competencias. Por un lado, las genéricas, las que ayudan a resolver situaciones problemáticas que tienen que ver con todos los ámbitos de la vida. Por otro, las específicas, aquellas competencias que ayudan a resolver situaciones complejas pero usando los recursos relacionados con un área disciplinaria, como la competencia social, artística, científica… Esas competencias se han convertido “en el eje de todo currículo. Por lo que las competencias configuran el perfil de salida del alumnado”. Para desarrollarlas es necesario llevar a cabo un aprendizaje activo, “donde el alumno sea el protagonista y el profesor pasa de ser un instructor a un colaborador”.

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