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ENTREVISTA

Juan Franco, alcalde de La Línea: "Aquí nadie ha hecho los deberes con el Brexit"

El alcalde de La Línea de la Concepción, Juan Franco, gobierna su municipio con una de las mayorías absolutas más expansivas del país: 21 de los 25 concejales de la corporación, de un municipio con 63.000 habitantes

Sobre a qué podemos enfrentarnos tras el Brexit, Juan Franco dice: "Podríamos ir de una perspectiva muy optimista al apocalipsis zombie"

La Línea y Gibraltar apuestan por un futuro de convivencia pacífica

A la izquierda Juan Franco, alcalde de La Línea, con el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo EFE

Juan Franco es uno de los pocos alcaldes que puede presumir de mayoría absoluta. En las elecciones de mayo, su partido localista –La Línea 100 por 100 obtuvo 21 de los 25 concejales de la corporación y constituye la llave de la mayoría de Gobierno del PSOE en la Diputación de Cádiz. Gobierna una ciudad por encima de los 63.000 habitantes pero con un registro de paro brutal que supera las 7.000 personas.

Este año en que se han cumplido 50 del cierre de la Verja que supuso un mazazo sobre la economía y demografía local en 1969, se enfrenta a la perspectiva de que, bajo la eterna sombra política y diplomática del Peñón, el Brexit entre el Reino Unido y la Unión Europea suponga una nueva andanada sobre la lenta recuperación de la crisis que vive su municipio; aunque La Línea no haya dejado de estar en crisis desde que se fundara hace 149 años.

A falta de un término municipal y de un planeamiento que permita más inversiones externas, la economía sumergida y los empleos en el Peñón se convierten en un balón de oxígeno de muy distinta catadura. Aquí y ahora, como afirma Sergio del Molino, para los campogibraltareños empobrecidos el Brexit supondrá echarle gasolina a un incendio. 

¿Cómo se plantea el Brexit desde la perspectiva de una ciudad como La Línea?

Con incertidumbre total. Aquí nadie ha hecho los deberes con el Brexit. A nosotros, la parte que nos tocaba era analizar la situación y trasladar los efectos que presumimos que va a tener a instancias superiores. Eso creo que lo hemos hecho con creces y lo que nos tocaba, que era ir cambiando el modelo económico en el municipio, entiendo que lo estamos haciendo. Yo me encuentro con un Gobierno central que lo cierto es que desde junio de 2016 ha tenido vaivenes de todo tipo, con mociones de censura, ejecutivos que no se pueden constituir. Y a las pruebas me remito, tras las elecciones del 28 de abril y las autonómicas y municipales que vinieron luego, estamos a 8 de agosto y seguimos sin Gobierno. Me acuerdo ahora de cuando ocurría esto en Bélgica y nos echábamos las manos a la cabeza. La inestabilidad política nos ha venido muy mal. Por otra parte, en la Junta de Andalucía, que es donde reside el grueso de competencias en materia laboral y empleo, también ha habido cambio de color. Me quejé amargamente del trato que nos dio el Gobierno anterior y el de ahora nos está dispensando un trato igual. Ojalá me tenga que tragar estas palabras en breve. Parece que hay un plan al respecto pero lo cierto es que sigue sin concretarse.

La última controversia entre La Línea de la Concepción y la Junta de Andalucía, de hecho, estriba en que las oficinas de información sobre el Brexit que habrán de instalarse en la comarca van a ir radicadas, en principio, en Algeciras, un municipio que dista más de veinte kilómetros del Peñón y que no se verá tan socialmente afectado por la salida británica del territorio comunitario. 

En cierta forma eso se ha tergiversado. Yo me he quejado de las manifestaciones que efectúa la subdelegada del Gobierno andaluz, Ana Mestre, que mostró la intención de montar la oficina allí. No tengo nada en contra de Algeciras, ni de su alcalde (José Ignacio Landaluce, del Partido Popular), que sacó unas declaraciones fuertes al respecto. Ayer, sin ir más lejos, estuve hablando con él, porque me pareció un disparate la iniciativa de declararlo persona non grata en La Línea que estaban auspiciando algunos de mis vecinos. Yo, desde luego, no voy a entrar en ese espectáculo. Ahora, eso sí, considero que el anuncio de establecer las oficinas en Algeciras resultó tan inapropiado como si para un programa que afectara a los estibadores del puerto algecireño, la oficina informativa se pusiera en La Línea. Tras una conversación con Ana Mestre, una charla informal, telefónica, entiendo que se está reconsiderando y esa propuesta no es ni mucho menos definitiva o que esté ya de por sí predeterminada. Esperemos.

Ahora Vox ha reclamado que se ofrezcan los nombres de los trabajadores españoles que tienen empleo en Gibraltar. ¿Una forma de fiscalizarlos, de criminalizarlos?

Parece que los de Vox han cogido una cierta querencia a pedir datos de trabajadores públicos o privados, con nombres y apellidos. No sé para qué los quieren. Dan por hecho que el trabajo que tienen se paga en negro o se encuentran sin asegurar. No voy a entrar a valorarlo. Me recuerda a prácticas que tuvieron lugar en algunos países en épocas muy concretas.

¿En Europa, hace casi un siglo?

Algo así, sí. 

Si ya han analizado los efectos que tendría el Brexit en el Campo de Gibraltar, ¿a qué podríamos enfrentarnos?

Depende. Podríamos ir desde una perspectiva muy optimista, la de que no se note y todo siga más o menos como estamos; que hayamos estado agobiados tres años sin motivo y esto haya sido el parto de los montes. O podemos encontrarnos en la contraparte, en el efecto apocalíptico, con una desbandada de empresas, despidos masivos, el apocalipsis zombie. Yo pienso que, a partir del Brexit, habrá una incidencia no desdeñable sobre la economía de Gibraltar, pero espero que no llegue a un grado tan terrible que para nosotros se convierta en una catástrofe de dimensiones bíblicas. Por ejemplo, supongo que habrá más controles en el paso de la Verja, pero confío en que no supongan un colapso. Esto es, que acabe reinando la cordura por interés propio de ambos territorios. Ese es el escenario que yo vislumbro.

En todo caso, estoy muy preocupado por el abandono de empresas. El sábado, por ejemplo, tengo un almuerzo de despedida a un matrimonio que se va a Malta, porque la empresa en la que trabajan, que radicaba en Gibraltar, se reubicará allí. Lo cuentas fuera y todo esto parece ciencia ficción, pero es real. Me temo una diáspora aunque ojalá no sea tan grave como se vislumbra. Esta pareja acude regularmente a un restaurante que, de la noche a la mañana, pierde dos clientes. A lo mejor, para una gran ciudad, no supone nada. Para la nuestra, si. Esto puede ser una bola de nieve, una rueda, que espero que no se pare pero que estoy convencido de que se va a ralentizar.

Como alternativa, usted ha llegado a proponer desde la vieja Carta Económica para la ciudad como un régimen especial para acoger a algunas de las empresas que pueden fugarse del Peñón y que al final sólo se ha creado para Ceuta y Melilla. Claro que también llegó a sugerir la conversión de La Línea en ciudad autónoma, independizándose de Andalucía. 

En estos temas, yo hablo como alcalde, no como Juan Franco. Juan Franco tiene sus ideas y el alcalde a veces tiene otras distintas. Juan Franco se levanta un día deseando mandar por saco a más de uno y como alcalde sé que no puedo hacerlo. También estoy muy mediatizado por mi formación, ya que soy licenciado en Derecho y en Historia. La historia es la que determina muchos comportamientos. Aquí nos encontramos con una situación que se viene arrastrando desde hace 150 años, el próximo 2020. En 1713 se pierde la soberanía del Peñón, en 1870 se constituye la ciudad y nace con ciertas taras. Nacimos con ciertas discapacidades, un termino exiguo, y dependencia económica de Gibraltar. No voy a entrar en los condicionantes con que se encontraron otros alcaldes, porque habría que estar en su pellejo. Para nosotros, resulta vital un nuevo Plan de Urbanismo porque ni siquiera normativamente podemos dar encaje a distintas inversiones productivas que están ahí. Raro es el mes que no venga una inversión fuerte que pretende generar puestos de trabajo y que no puede acabar cristalizando porque con la normativa urbanística que hay en la ciudad no tiene encaje, porque es suelo rústico o está destinado a viviendas sociales. Con el nuevo plan espero que podamos poner la palanca de cambio más importante.

Estoy esperando a que pase el mes de agosto, porque en nuestro Ayuntamiento seguimos trabajando y tenemos incluso convocados plenos, pero lo cierto es que entre elecciones, constitución de la diputación, de la mancomunidad de municipios, la feria, los concejales recién aterrizados y las administraciones paradas, poco podemos hacer. Espero que a partir de septiembre empecemos a activar temas como el frontal marino de poniente partiendo de lo que hay allí y que pueda potenciarse. Yo entiendo que ahora mismo al presidente de la autoridad portuaria lo que le quita el sueño es la Operación Paso del Estrecho, así que cuando pase habrá que negociar para cambiar condiciones en los pliegos, que es lo que hace que los inversores, hoy por hoy, no vengan a ejecutar sus proyectos porque no terminan viéndolos como algo competitivo. Tenemos un modelo de ciudad en mente, dando los pasos para cambiar la ciudad y sentar las bases para la economía. Tenemos problemas concretos que afectan al Ayuntamiento, aunque el Ayuntamiento no tiene 7.973 parados, los tiene la ciudad. Aunque el dato es espeluznante es el mejor dato que tenemos desde 2008 y el merito no es mío, sino que obedece a un cambio de ciclo económico, etcétera, que por ahora parece que va repuntando a mejor. Nos encontramos con un reto enfrente para el que necesitamos ayuda exterior.

El impacto de la economía sumergida en la ciudad y en el resto de la comarca sigue siendo importantísimo. 

En cualquier municipio la economía sumergida tiene una importancia no desdeñable. En  nuestro municipio existe y decir lo contrario sería negar la evidencia. Economía sumergida tenemos de dos tipos, la blanca y la negra. Con lo de la economía sumergida blanca, me refiero a la que existe en todos lados, la de las chapuzas sin facturas, para que sepamos de lo que estamos hablando. Y la negra, va desde la gris oscura del tabaco a la negra negrísima del narcotráfico. La del contrabando de tabaco está haciendo un daño social impresionante porque no cuenta con el reproche social que debiera. Hay gente que piensa que contrabandear con tabaco ya lo hicieron sus padres y sus abuelos, así que no lo ven como algo dañino. Si el Estado quisiera estaría cortado en cinco minutos, pero me da la sensación que no quiere. Con meter más presencia de Guardia Civil con medios adecuados en el municipio, se evitaría en parte ese trasiego que existe, con gente que acaba tirando los bultos por encima de la verja y allí los recogen motillos con carreras enloquecidas, o a bordo de latillas, que es como llaman a esas pequeñas embarcaciones que salen de Gibraltar, de poca eslora, que van sacando tabaco. Si tuvieran voluntad, con un par de lanchas rápidas lo impedirían. Que conste que todo esto se lo he dicho al ministro correspondiente y no es sólo un desahogo en una entrevista periodística.

Respecto a esa economía negra-negra del narcotráfico, cierto es que está habiendo un despliegue policial importante. Ayer había un control policial tremendo a la salida de la ciudad, pero no está habiendo una atención al problema social que subyace. Hay un sector de la gente que se dedica al tabaco o al narco que está perdida para una actividad laboral convencional, porque llevan un ritmo de vida imposible de mantener con ingresos normales. Otra gente sí. Y es en esa gente en la que también pensamos cuando hablamos de cambiar La Línea.

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