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Cuando la legislación no llega: el sector agrario encauza la contratación digna de migrantes en el campo de Andalucía

Isidro, uno de los trabajadores que forma parte del proyecto piloto de UPA Andalucía para la contratación de personas en protección internacional.

Carla Rivero

Sevilla —
1 de enero de 2026 20:23 h

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Luis Cabello se levanta temprano y ante sus ojos se extienden las laderas llenas de olivos de Priego, en Córdoba. Hace un año, decidió constituir su propia empresa tras toda una vida dedicada a la agricultura, tal y como le enseñó su padre, tal y como ahora le enseña a los jóvenes que recogen los frutos de la tierra. Mamadou, Suleimán y Donkor llegaron hace apenas unas semanas en el marco de un proyecto pionero de inserción laboral para personas refugiadas, y agradece su esmero y empeño en un momento en que la falta de mano de obra en el campo se hace cada vez más patente.

El pacto beneficia a ambas partes: mientras que los productores facilitan la vivienda y financian el traslado de los trabajadores desde el punto en que estén, ellos acceden a una contratación regular que durante la campaña agrícola les permitirá sumar experiencia. “Me dijeron que íbamos a probar con esta gente y, la verdad, es que está yendo bien, vienen a trabajar, se defienden en español y van a lo suyo”, resume Cabello a través del teléfono. Los tres jóvenes forman parte de la experiencia piloto que ha puesto en marcha la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) en Andalucía gracias a la propuesta presentada a la Secretaría de Estado de Migraciones y la Dirección General de Atención Humanitaria, en colaboración con Cáritas.

La organización está adscrita al programa GECCO, una iniciativa del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones para la contratación de extranjeros en origen y programas de migración circular, del que se han beneficiado en los dos últimos años unos 40.000 solicitantes en todo el país. La ruta por el sur andaluz comenzó a principios de diciembre en Córdoba y el propósito es trasladar a las personas con protección internacional a las explotaciones agrícolas de Jaén y Málaga, pasando a la recogida de frutos rojos en Huelva en febrero y concluyendo el periplo en junio en Extremadura, donde se dedicarían a la cosecha de la cereza.

Flujos migratorios

“Facilita la inserción laboral y nos ayuda a potenciar la mano de obra entre los agricultores”, indica Manuel Piedra, secretario de Políticas Migratorias de UPA, “hay gente procedente de Nigeria, Ghana, Senegal, Burkina Faso o Ecuador, alrededor de unas 50 personas”. La mayoría de ellos son hombres jóvenes, aunque también hay participantes de todas las edades, hasta de 60 o 50 años, que tomaron este camino para enraizarse en el país. “Aunque no sea obligatorio, damos formación, tanto a nivel educativo como cultural o, en el ámbito laboral, en materia de carnets fitosanitarios o para manejar una carretilla, ¡es la primera vez, pero buscamos tiempo y soluciones a todo!”, resalta.

Con este proyecto, los beneficiarios tendrán asegurados un mínimo de 20 jornadas de trabajo durante la campaña y, en ese periodo, habrá un contacto estrecho con varias entidades sociales para mejorar su aprendizaje, en función del perfil del empleado, así como que reforzar sus conocimientos en el idioma. Cabello, al teléfono, confirma que cumplen con el convenio colectivo y les deja una casa que tenía anteriormente alquilada. “Ahí están mejor que en ningún lado”, comenta, “lo que ganan, quieren mandárselo a su familia, se echan un cafelillo y salen poco”, describe sobre la experiencia que le ha transmitido la plantilla a lo largo de los días.

El empresariado agrario lleva consigo un estigma que se ha ido denunciando año a año: las condiciones laborales a las que se ven sometidas las personas migrantes que llegan al territorio sin otra vía de escape. Contra ello, Cabello asegura que ha habido una serie de inspecciones para garantizar que se cumplen con las condiciones de habitabilidad en la casa que ofrece, al igual que mantiene lo establecido en el convenio colectivo. Al respecto, Manuel Piedra asevera que uno de los propósitos es “organizar el flujo migratorio en el circuito legal”: “Hay garantías, ya que la ONG de acompañamiento vigila que se cumplan todos los acuerdos establecidos”. Es más, una de las quejas que presenta el sector es el obstáculo administrativo con el que se encuentran a cada paso que dan para intentar contratar.

Permisos

“Solicitamos que el Gobierno dé un paso y les dé un permiso de trabajo, porque eso garantizaría, primero, un empleo y un alojamiento dignos y, también, les permitiría cotizar, pero si no tienen lo fundamental, que es el permiso, nos arriesgamos a sanciones de hasta 10.000 euros”, razona Piedra, “estamos en el día de la marmota”.

Un pez que se muerde la cola. Así se define este embrollo legislativo que requiere de una actualización urgente. A principios de este año, el ala progresista del Congreso de los Diputados recuperaba la iniciativa legislativa popular (ILP) para la regularización extraordinaria de unas 500.000 personas que viven en situación irregular en España. Una propuesta que se respaldó con la recogida de más de 600.000 firmas y que, en vistas de la aritmética parlamentaria, cayó en saco roto al no lograr los votos mínimos para sacarla adelante. “Esto no va a cambiar hasta que el Congreso se ponga manos a la obra”, critica el representante.

Pese a las trabas administrativas, la iniciativa, en sí, “es rentable”, determina Juan Pulido del Caño, responsable de UPA en Priego. “Falta personal en muchísimos sectores, como carpinteros, fontaneros, albañiles, y en el campo también, por lo que el proyecto tiene la intención de que se concatenen estos contratos”, se refiere. No sabe qué ocurrirá en el futuro, ya que no hay un compromiso en el tiempo más allá de lo que dure la experiencia, pero brindan la oportunidad para que se establezcan durante unos meses y, por el momento, la lectura es positiva.

Luis Cabello, desde Priego, desconoce cuáles son las aspiraciones de los muchachos que llegaron hace apenas tres semanas. Tendrán tiempo de hablar en lo que le resta de campaña. Aun así, deja una cosa clara: “Esto tiene mala pinta, porque la juventud no le ve futuro al campo y, por otra parte, todo es complicado... Apenas llueve, muy poquito, y eso que este año ha sido regular”. La aceituna pronto será transformada en oro líquido tras ser recogida por las manos de decenas de personas que buscan una oportunidad con la que cambiar sus vidas.

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