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Fiorella, primera mujer trans migrante de Castilla-La Mancha: “La sociedad no está preparada para ver un cambio tan radical”

La activista trans argentina Fiorella Sánchez, primera mujer trans migrante en cambiar su nombre en Castilla-La Mancha

Rodrigo Abad

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Fiorella Sánchez, activista argentina, comenzó su transición en su país de origen hace dos décadas, pero llegó a Guadalajara en 2021. Tras un “tedioso” proceso ha podido cambiar su nombre original y su sexo en su documento de identidad, siendo la primera persona trans y migrante en hacerlo en Castilla-La Mancha.

Durante una conversación telefónica reconoce, en una entrevista, que aunque ha tenido “mucha suerte” gracias al entorno que ha ido construyendo desde que vive en la capital alcarreña, ha tenido que hacer frente al rechazo y a muchas trabas para poder, simplemente, ser quien es en realidad.

Su nueva vida comenzó en Argentina, donde con apenas veinte años, cuando estudiaba Periodismo, inició su proceso de transición. “Fue muy duro, al igual que otras mujeres y personas trans, lo he tenido muy complicado porque lo he perdido todo. Tenía una carrera y un futuro prometedor, pero nadie le iba a dar trabajo de periodista a una mujer trans. Era una vergüenza”.

Fiorella fue resiliente. “Perdí a mis amigos del colegio, de la universidad... Me quedé prácticamente sola porque era como la leprosa a la que nadie se quiere acercar. Tuve que reconstruirme y buscar un nuevo empleo”. Optó por trabajar como autónoma y abrir una tienda de ropa. “Tuve que reinventarme porque la sociedad no está preparada para ver un cambio tan radical, se te cierran todas las puertas por el simple hecho de tener una opción distinta”, relata Sánchez recordando su vida en Argentina.

Para ella su madre fue un pilar fundamental para poder salir adelante: “Cuando ella supo que yo tenía una opción distinta, me apoyó, nunca me discriminó, ni me recriminó nada. Desde el principio estuvo conmigo. Me ayudaba a vestirme, a peinarme, nunca me ha juzgado”. Fiorella reconoce que ha sido su “gran soporte” y que, aunque a su familia al principio les costó entenderlo, “a día de hoy lo llevan muy bien”.

“Me echaron del trabajo 10 minutos después de contratarme”

En la actualidad Fiorella se desempeña como administrativa, pero cuando llegó a España encontrar trabajo se convirtió en toda una lucha, a pesar de contar con una carrera universitaria y varios años de experiencia en otros sectores.

Asegura que, en su caso, sí que ha tenido un poco más de suerte al contar con una apariencia normativa que muchos asocian con el sexo femenino - se denomina cis passing, que es cuando una persona trans pasa desapercibida y la sociedad la identifica como una mujer u hombre cisgénero-, pero insiste en que, en la actualidad, encontrar trabajo “es el principal problema de la comunidad trans”.

“No es fácil llegar a un país nuevo y empezar de cero con treinta y pico años. La suerte, por decirlo de alguna forma de contar con ese cis passing, que dicen todas, no se te nota [que eres trans]. Pero se me han cerrado muchas puertas en muchos trabajos y he sido discriminada”.

La activista Fiorella Sánchez de espaldas en un acto del 8M

Fiorella recuerda una entrevista para trabajar en el sector logístico, que le marco especialmente. “Me contrataron y me pidieron mandar toda la documentación un viernes para empezar el lunes. En mi documento de identidad todavía venía el nombre masculino, por eso cuando envié lo que me pidieron puse una aclaración, diciendo: acá pone tal nombre, pero yo en realidad soy Fiorella, estoy en proceso de cambio”, explica. “Mágicamente” a los diez minutos de enviar toda la documentación la rechazaron.

“Vi que de nuevo había otra convocatoria el lunes, así que como yo soy terca le escribí a la chica, para preguntarle por qué no me daba la oportunidad y que cuál era el problema. Entonces me llamó y me dijo que iba a buscar una solución”.

Logró el puesto pero Fiorella denuncia que tuvo que “rogar para un trabajo decente”. Y no solo eso. “Después me dijo que en los contratos figuraría el nombre masculino, pero que en la identificación [de cara a los compañeros] iba a poner Fiorella. A ver... nadie tiene por qué enterarse”, matiza.

Perdí a mis amigos del colegio, de la universidad, me quedé prácticamente sola porque era como la leprosa a la que nadie se quiere acercar

Para Fiorella, la Asociación Wado, de la que forma parte, “fue un gran impulsor” del cambio en su vida. “Me ayudaron a encontrar mi trabajo actual, dieron una carta de recomendación y gracias a ellos tengo mi empleo. Estoy muy cómoda, me siento libre, pero también acompañada por mi compañera de la oficina que ha vivido mi cambio de nombre conmigo. La verdad es que me siento una de las pocas privilegiadas”, explica, pero no obvia la crítica: “¿Por qué no se ve a una chica trans trabajando en una farmacia, por ejemplo? Porque se pasa muy mal, hay miedo al rechazo y tienes que aguantar muchas cosas”.

Frente a estas situaciones discriminatorias lo tiene claro: “Si sos fuerte lo aguantás y luego te vas a tu casa y lo llorás. Pero si no, te desmoronás y te hundís”.

El largo proceso de conseguir el cambio de nombre

Fiorella relata que llegó a España en situación de asilo y “sin permiso de residencia” en 2021. Dos años más tarde, a través de los medios de comunicación se enteró de la aprobación de la coloquialmente conocida como Ley Trans (Ley 4/2023), que permite a las personas mayores de 16 años solicitar el cambio de nombre y sexo en su documento de identidad. En el caso de las personas extranjeras la propia ley no contemplaba un procedimiento o protocolo uniforme, y en muchas ocasiones dependía del propio funcionariado que realizaba el trámite.

“Primeramente cuando iba a renovar los asilos me decían que no sabían cómo hacerlo. Luego según fue pasando el tiempo y ya tuve la residencia lo planteé y me dijeron que no tenían conocimiento de ello. Yo les explicaba la Ley [en el Registro Civil y la Policía Nacional] y ellos me decía que no existía. En ese entonces había mucho desconocimiento. Al principio me pusieron una X en el género. ¿Significa que no soy nada?”, expone.

Fiorella Sánchez durante una ponencia

La activista nos cuenta que al ser “tan insistente”, tras un año, le cambiaron la nomenclatura de sexo de masculino a femenino, pero que todavía seguía apareciendo su nombre de nacimiento. “Cuando fui a hacer la segunda renovación [del NIE] volví a insistir y presentamos junto con la Asociación Wado un escrito. En la Subdelegación del Gobierno me dijeron primero que sí se podía, luego que no y así empezamos un tira y afloja. Pero empecé a ponerme más fuerte en ello, entregué todo para que no me pusieran ningún problema”, detalla.

El pasado 13 de julio, el Ministerio del Interior aprobó un protocolo que permite a las personas trans extranjeras adecuar su documentación. “Fui al día siguiente y seguían diciéndome que no sabían nada, aunque ya estaban los protocolos en la página del Ministerio”. Defiende su derecho y el de otras personas en situación similar. “Yo tengo residencia temporal por cuenta ajena, pero se pueden hacer para todos tipos de residencia así como para un asilo”.

La Ley 4/2023 recoge que las personas trans migrantes pueden cambiar su nombre y sexo en su documento nacional de identidad “tanto cuando las personas extranjeras hayan efectuado la modificación en su país de origen, como cuando quede acreditada la imposibilidad por sus autoridades”. Declarar esa imposibilidad en el país de origen es esencial.

Deberían dar más oportunidades a las personas trans. Somos la comunidad más marginalizada

Finalmente, Fiorella redactó un nuevo escrito y a partir de ahí consiguió que una de las trabajadoras encargadas de seguir su caso se implicase: “Estuve yendo un mes entero, iba y volvía, sin lograr nada. Hasta que al final la chica que me atendió tuvo todo un fin de semana para seguir mi caso. Luego es como un pequeño juicio rápido, como que tú no aceptas tu nombre, rechazas, lo firmas, lo lees...”.

Después, sigue explicando, “tiene que estar el general, el mandamás de la policía para firmarlo, y luego recién ir a sacar o a pedir cita para hacer el trámite. A mí, por suerte, ese día me lo hicieron todo”, explica.

Así, Fiorella se convirtió en la primera mujer trans en Castilla-La Mancha en cambiar legalmente su nombre y sexo en su NIE, la quinta en toda España. “Es dinero, tiempo y energía. Sería más sencillo que ellos hiciesen los trámites de consulado a consulado, un proceso muy tedioso, pero al final después de insistir tanto lo logré”, expresa.

Enfrentarse a situaciones cotidianas

Fiorella nos explica que acudir al médico o a cualquier servicio público en el que se acude por llamamiento con un nombre que no le pertenecía también “era un rato vergonzante”. “Mi relación con mi médica de cabecera es muy buena. Siempre me ha preguntado cuándo van a cambiarme el nombre, se implicaba. Cuando he tenido que ir a Urgencias y me ha tocado otro médico sí que ha sido más complicado, porque decían mi nombre masculino y tenía a toda la sala mirándome cuando acudía. Muchas veces antes de que me llamasen iba al módulo a pedirle que me llamen por el apellido, pero ya tenía que dar todas las explicaciones”.

Yo me ofrezco voluntariamente a que todas las personas trans contacten conmigo a través de la Asociación Wado y puedo ayudarlas sin ningún ánimo de lucro

En su caso, se considera “acompañada por el servicio de Endocrinología” del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha al que asiste en Guadalajara, aunque señala que con respecto al tratamiento de hormonas “la doctora tiene un poco de desconocimientos y muchas veces soy yo la que le indica lo que debo tomar”.

Aunque Castilla-La Mancha cuenta con un Servicio de Atención Integral LGTBI para apoyo y asesoramiento, Fiorella nunca lo ha utilizado. “En mi caso si alguna vez he necesitado un servicio psicológico lo he hecho a través de los recursos que tiene la Asociación Wado”, puntualiza.

“Hecha la ley, hecha la trampa”

Desde que se aprobó la Ley Trans, en España han surgido varios casos en los que presuntos maltratadores para aventajarse jurídicamente y eludir condenas mayores han cambiado su sexo en su documento de identidad, de cara a que no exista

No obstante, el artículo 46.3 de la Ley Trans deja claro que “la rectificación de la mención registral relativa al sexo y, en su caso, el cambio de nombre, no alterarán el régimen jurídico que, con anterioridad a la inscripción del cambio registral, fuera aplicable a la persona a los efectos de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”.

Fiorella muestra su “rechazo absoluto” a este tipo de prácticas. Cree que “lo único que hacen es un beneficio fraudulento a costa de utilizar una ley que es para el confort emocional de las personas trans. Deberían tener un castigo. Dicen que hecha una ley, hecha la trampa, pero no debería ser así. Si una persona tiene problemas con la Justicia, si tiene denuncias por maltrato, violencia machista o lo que sea no debería poder hacer este trámite de cambio de nombre”.

Apoyo a otras personas trans

Fiorella habla de que este proceso ha sido como “luchar por un sueño, por un ideal” y anima a cualquier persona que esté en su misma situación. “Yo me ofrezco voluntariamente a que contacten conmigo a través de la Asociación Wado. Puedo ayudarlas sin ningún ánimo de lucro. Lo he pasado bastante mal y no quiero que al resto le ocurra lo que a mí. Esta lucha es para la dignidad de todas las personas trans migrantes. Que puedan tener un trabajo digno y no caigan en la prostitución”, señala.

Puedo ayudar a otras personas sin ningún ánimo de lucro. Lo he pasado bastante mal y no quiero que al resto le ocurra lo que a mí. Esta lucha es para la dignidad de todas las personas trans migrantes

Al final de la conversación insiste: las empresas “deberían dar más oportunidades a las personas trans. Somos la comunidad más marginalizada. Yo no puedo quejarme del todo, porque he tenido mucha suerte, me he cruzado con gente muy buena, pero ojalá todas puedan tener una mejor calidad de vida y conseguir un trabajo digno”.

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