La portada de mañana
Acceder
Sánchez y Aragonès preservan el diálogo pese a la escalada verbal
El aumento de las explosiones del volcán incrementa el temor
Opinión - La justicia italiana no tiene nada que decir, por Javier Pérez Royo

¿Otra vez el Día de la Mujer?

Áurea Ortiz Villeta

ValÈNCIA —

Estoy harta del Día Internacional de la Mujer. Y mis cincuenta mejores amigas también. Me atrevo a decir que todas las mujeres estamos hartas del Día Internacional de la Mujer. ¿Usted no? ¿No están hartas de tener que explicar lo evidente?¿de salir otra vez a reivindicar lo que no debería cuestionarse?¿de volver a comprobar año tras año que hay cosas que no cambian e incluso empeoran? Porque el dichoso Día Internacional de la Mujer no debería existir a estas alturas ¿no? Que siga ahí solo es un síntoma preocupante de que la desigualdad y el machismo persisten, como revelan las cifras y datos que llenan periódicos e informativos. Y es que cuando crees, o más bien te empeñas en creer, que las cosas van mejor, zas, llegan las cifras de mujeres asesinadas por sus parejas masculinas (59 el año pasado), o ese repugnante “Rubén alé, Rubén alé, no es culpa tuya, es una puta, lo hiciste bien" coreado en el estadio del Betis a un maltratador, o la maldita brecha salarial que hoy está en ese 17% que las mujeres cobran menos que los hombres, o la reforma de la ley del aborto, o el sexismo insultante de esos estúpidos realities televisivos que copan las audiencias, o, o, o… En fin, ponga-usted-aquí-lo-que-quiera, que podría gastar todo el artículo solo en la enumeración.

Luego está lo del feminismo y el modo en que se intentar pervertir su hermoso significado. El portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Rafael Hernando, ha dicho hace unos días que no le gusta el feminismo ni el machismo. Ay. Cuánta pedagogía hace falta. Mira, voy a ir a la RAE, que no es precisamente famosa por su feminismo, para dejarle las cosas bien claras al caballero y a quienes ponen en el mismo nivel una cosa y otra. “Machismo: Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” (un poquito cortos sí se han quedado estos de la RAE, sí). “Feminismo: Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”. Vamos, igualito: injusticia contra justicia, prepotencia contra igualdad. Solo voy a añadir un pequeño detalle: el machismo mata. En concreto, 59 mujeres el año pasado (sí, lo sé, ya lo he dicho. Y más que lo diré para que nadie se olvide).

Guanyem Valencia, la plataforma ciudadana para concurrir a las elecciones municipales, se está construyendo. En ella hay muchas personas, hombres y mujeres diversas y plurales, unidas en la convicción de que la ciudadanía debe tomar las riendas para que las cosas cambien. Gente progresista, reivindicativa, luchadora, que no teme ahora en Guanyem ni ha temido antes en otras batallas plantar cara al poder, hasta el punto de estar dispuesta a tomarlo. No es un proceso fácil. Ser horizontales y asamblearios requiere cierto rodaje y un constante cuestionamiento, individual y colectivo, de motivaciones y comportamientos. En Guanyem nadie discute la paridad y así se ha mantenido en la elección de portavoces y así se mantendrá en la elección de candidatos y candidatas. Nadie cuestiona las reivindicaciones de las mujeres o de los colectivos LGTBI. Se utiliza un lenguaje inclusivo que supone, muchas veces, el uso genérico del femenino en las intervenciones por parte tanto de mujeres como de hombres. Y, puedo asegurarles, es un auténtico gozo oir a los hombres decir nosotras, en vez de nosotros, en una asamblea.

Y, sin embargo… Ay, y sin embargo, los hombres toman la palabra mucho más que las mujeres y normalmente los espacios de poder o autoridad (para la moderación de la asamblea o para dar los turnos de palabra) son ocupados por ellos. Lo he visto en Guanyem, lo he visto en Podemos, lo vi el otro día en la reunión de la Xarxa d’Entitats y lo he visto en movimientos sociales, todos ellos espacios progresistas, igualitarios, altamente participativos y abiertamente feministas, por lo menos en intenciones. Y no dejo de preguntarme por qué. Las mujeres que integramos esos espacios estamos empoderadas, créanme. Y, a pesar de ello, nuestras voces se oyen poco. No es solo una cuestión de número (que haya más hombres que mujeres), es que ellos participan más. Tiene que ver con la gestión del poder, claro. Siglos y siglos de ocupación masculina del espacio público y de negación a la mujer de esos espacios no se arreglan en un momento, ni siquiera con las mejores intenciones. Así que sí, queda mucho por hacer y, desgraciadamente, muchos Días Internacionales de la Mujer para reinvindicar y denunciar. Yo, este año, lo voy a hacer desde Guanyem, porque,pese a todo, ese genérico “nosotras” que oigo en las asambleas y en las reuniones me llena de esperanza. Y sí, lo vuelvo a decir. 59.

Etiquetas
Publicado el
8 de marzo de 2015 - 12:58 h

Descubre nuestras apps