Investigadores murcianos desarrollan una 'trampa' para detectar la COVID-19 en espacios cerrados: "Prevendría contaminaciones masivas"

Esteban Orenes Piñero, investigador del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria (IMIB)

La idea empezó durante el confinamiento y se materializó hace solo semanas. Esteban Orenes Piñero, investigador y responsable de la Plataforma de Proteómica del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria (IMIB), pensó que si existían las estaciones meterológicas para medir niveles de contaminantes, también se podría crear un artilugio que determinara la presencia de la COVID-19 en el ambiente. Junto con su equipo comenzó a desarrollar la idea, que culminó con un ejercicio piloto para poner a pruebas su experimento en habitaciones con pacientes del hospital murciano Virgen de la Arrixaca. El proyecto ha mostrado resultados exitosos, y la investigación ha sido recogida en la revista internacional 'Science of Total Environment'.

"Las publicaciones que se fueron realizando durante los meses de pandemia concluyeron que era más fácil que el coronavirus se mantuviera en un espacio cerrado, frente a uno abierto", por lo que enfocaron el proyecto en esa dirección, explica Orenes. Su objetivo era medir la capacidad de transmisión de la COVID-19 en el aire. Para ello fabricaron 'trampas', cajas a las que les ponían una rejilla por encima para que no pudiera tocarse lo que se disponga dentro. Dentro de los recipientes se encontraban seis materiales distintos: dos tipos de plástico, cristal, metacrilato, agar –un medio semisólido donde se cultivan microorganismos- y acero al carbono. "Son los materiales en donde se habían visto otro tipos de coronavirus", añade el investigador.

El experimento duró tres días en los que, de forma periódica, se recogían las superficies y se muestreaban. "Vimos que efectivamente nos habían dado positivo el cristal y uno de los plásticos". Esto demostraba que la transmisión del coronavirus se había producido por el aire y que los aerosoles tenían un papel importante: "Son partículas tan pequeñas, que se producen al estornudar, toser o respirar, que se quedan suspendidas en el aire y tienen carga vírica" expresa Esteban. Orenes recuerda que las habitaciones se limpian a diario y que, pese a ello, la COVID-19 había seguido transmitiéndose.

El equipo de investigación del IMIB se muestra opimista y quiere exportar la idea a otros sectores: "Queremos emplear las 'trampas' en colegios, aulas, institutos, cines, teatros, bares". De esta manera, si se detecta la presencia del coronavirus en la superficie, el establecimiento se cerraría rápidamente y prevendría "contaminaciones masivas, además de no perder tiempo y dinero en PCR".

Junto con Orenes, en la investigación intervinieron Francisco Baño, ingeniero químico; Diana Navas, del servicio de Cirugía del Hospital HLA La Vega de Murcia; Antonio Moreno, del servicio de Virología del HCUVA; Juana María Marín, del servicio de Urgencias del HCUVA; Rocío Misiego, doctora por la Escuela de Ingeniería Química de la Universidad de Purdue, West Lafayette (EE UU), y Pablo Ramírez, jefe del servicio de Cirugía General y Digestiva del HCUVA y director científico del IMIB.

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Publicado el
20 de octubre de 2020 - 19:46 h

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