eldiario.es

ENTREVISTA | Gaizka Fernández Soldevilla. Historiador

"Reconocer el daño causado por ETA implica admitir que no son héroes, sino criminales"

El doctor en Historia Contemporánea Gaizka Fernández Soldevilla sostiene que el mundo político de ETA "debe aceptar la realidad histórica, no inventarse nuevos mitos para cubrir los viejos. Sería buenísimo para la convivencia y para encontrar algo que nos una"

"Foto del final de ETA no va a haber. No va a haber entrega de armas. ETA ya no importa a nadie, mientras dispare comunicados, no le interesa a nadie, salvo a su mundo, a los presos y poco más", asegura este historiador

"Pensaban que matando iban a conseguir la independencia, pero al final han matado, han sufrido, han hecho sufrir a sus familias, han perdido su juventud y de repente ven que los de Sortu están haciendo política y que ellos tienen por delante muchos años de cárcel; es una situación un poco explosiva"

- PUBLICIDAD -
El historiador Gaizka Fernández Soldevilla, en su casa.

El historiador Gaizka Fernández Soldevilla, en su casa.

El doctor en Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco, Gaizka Fernández Soldevilla (Barakaldo, 1981) se ha sumergido en los últimos años en el mundo político que ha rodeado a la organización terrorista ETA. Ha estudiado el fenómeno político de los 'polimilis' que alumbraron a la extinta Euskadiko Ezkerra (EE) de Mario Onaindia y Juan Mari Bandrés y ahora acaba de publicar el libro La voluntad del gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA, prologado por el director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo y uno de los principales expertos en ETA, Florencio Domínguez.

A juicio de Fernández Soldevilla, que forma parte de la nueva hornada de historiadores vascos que se han acercado a la violencia política en Euskadi y sus terribles consecuencias en estos 50 años de terrorismo etarra, el reconocimiento del daño causado por parte del mundo político de ETA va para largo, "si finalmente llega". "E n 1977 hubo una amnistía, en los año 80, la de los 'polimilis' y no la quisieron, luego llegaron las conversaciones de Argelia, tampoco no quisieron. Han tenido un montón de oportunidades para salir todos, pero las rechazaron todas", relata. 

"En el mundo de ETA y de HB se sabe que salirse del guión fijado significa la muerte, ahí está el caso de Yoyes, o el ostracismo", contextualiza. Lo único que espera de los dirigentes de Sortu es que el paso que den para reconocer su error histórico sea sincero. " Ese mundo debe aceptar la realidad histórica, no inventarse nuevos mitos para cubrir los viejos. Y aceptar que hubo 845 víctimas mortales y que no murieron porque hubiera una guerra, sino porque ETA decidió matarlos", sostiene Fernández Soldevilla, que recibe a eldiarionorte.es en su casa de Bilbao.

El título de su libro, 'La voluntad del gudari' me ha recordado aquella publicación que le hicieron a Leni Riefenstahl que llevaba por título 'El triunfo de la voluntad'. Sé que usted usa el término de voluntad de otra manera.

Rizando el rizo, podía ser también 'El fracaso de la voluntad', la voluntad de ETA de empezar a matar en 1968 y el fracaso al final porque no ha conseguido sus objetivos políticos. La idea que inspiró el título surgió del testamento de un yihadista. De un  fragmento de la carta de despedida a su familia de Abdennabi Kounjaa, uno de los terroristas responsables del atentado del 11-M en Madrid: "Os habéis puesto en contra de mis pensamientos y de mi deseo. Yo me he sacrificado partiendo de mi total convicción […]. Por ello, ha sido mi voluntad la que ha optado por el camino del yihad". Está claro que él, voluntariamente, decidió atentar. Su voluntad le llevó a la yihad. Es un terrorista sincero que asume que no ha habido una causa exterior. ETA hizo lo mismo, pero su gente no ha sido tan sincera.

Muchas veces en las manifestaciones de apoyo a ETA o cuando algún etarra ha muerto hemos podido escuchar durante décadas el grito de "Gudariak dira, ez terroristak" (son luchadores-soldados, no terroristas). ¿Los etarras han sido gudaris?

En euskera, gudari es soldado, guerrero; en ese sentido cualquier persona que haga la guerra puede ser considerado así. Pero ellos no hablan en genérico, se refieren a un tipo de gudari: los voluntarios de los batallones en la Guerra Civil en Euskadi. En los 60, los etarras se autoproclaman como los nuevos gudaris herederos de la vieja guerra del 36-37. Y en esa época lo repiten constantemente en todos sus boletines. De alguna manera se intentan apropiar de ese herencia, de esa legitimidad. En realidad, le corresponde más al PNV, porque la mayoría de esos gudaris pertenecen a los batallones peneuvistas. A la vez, en los años 60, las juventudes del PNV editan una revista que se llama 'Gudari' y el primer Gudari Eguna no lo inventa ETA, sino las juventudes del PNV. Vemos que hay un combate en ambos mundos por la herencia del gudari. Al final es ETA la que se queda el símbolo y une el 36 con el 68 aunque no tenga nada que ver. Vampirizan el término. ETA celebra su primer Gudari Eguna en 1976 para recordar el fusilamiento de Txiki y Otaegi un año antes. En ese momento, lo celebran los 'milis' y los 'polimilis' de ETA juntos. Luego acabarán expulsando a los 'polimilis' (Euskadiko Ezkerra años después) aunque en realidad Txiki y Otaegi eran 'polimilis'. Hay una doble vampirización.

En el subtítulo de la publicación habla de la génesis y también de la metástasis de la violencia de ETA. Suena a cáncer. ¿Por qué ha usado ese término?

Hay una frase de Manuel de Irujo que formaba parte de una comunicación al EBB del PNV en otoño de 1962. En ella, el líder peneuvista decía textualmente: "ETA es un cáncer que, si no lo extirpamos, alcanzará todo nuestro cuerpo político". Y era muy impactante porque Irujo supo ver antes que otros adónde iba a llevar la violencia. Y vio también que ETA iba a acabar siendo un problema enquistado. Ese proceso de cómo un grupo de chavales que eran universitarios como Txillardegi, etc, que se reúnen en un sótano a hablar de libros viejos, acaba convirtiéndose en algo que domina la política vasca, incluso ahora que ETA lleva cinco años sin matar, sigue estando ahí. Se ha convertido en algo que es imposible de curar, algo que la sociedad vasca no ha curado, solo hemos aprendido a sobrevivir con él. Cómo se ha convertido en un cáncer es algo que me interesaba estudiar desde su origen hasta hoy. Y me di cuenta de que Irujo era un político lúcido en muchas cuestiones, y en esta sobre todo.

Lo que está claro es que ETA, diez años después de nacer en 1958, tiene la voluntad de empezar a matar. Y lo decide en aquella famosa reunión del 2 de junio de 1968. ¿Por qué? ¿qué pasó en aquel encuentro, qué discusión política se produjo?

En realidad no hay ningún acta de esa reunión, o al menos no ha salido nunca. He entrevistado a gente que estuvo allí. ETA tiene la voluntad de actuar desde que surge en 1958; Ekin, de donde surge, significa hacer. En 1960-61 hay un pequeño debate sobre la resistencia no violenta de Gandhi, pero Julen Madariaga lo despacha con un par de artículos en los que dice que eso no es lo nuestro y que ETA va a otra cosa. Hay un descarrilamiento de un tren, bombas caseras, pero tardan diez años en discutir cómo matar, qué tipo de guerrilla, con qué estrategia. Luego hay otros aspectos, como que no tienen armas, ni dinero -no tenían ni para comer- ni entrenamiento, ni idea de cómo hacerlo. En 1965, ETA es una organización que hace pintadas y tira octavillas. Tienes armas oxidadas, según reconocen ellos mismos. En la V Asamblea de ETA se toman dos decisiones: empezar la estrategia de acción-reacción que busca con atentados la insurrección popular, algo que va a fracasar. En 1967 se hacen más atentados y tres atracos y de repente se encuentran con mucho dinero y una voluntad de hacer algo. Adquieren armas y suman liberados (gente que cobra de la organización).

Ese año, en 1968, el Biltzar Ttipia (la dirección siguiente al Comité Ejecutivo de ETA) decide el plan para atentar contra los comisarios de la Brigada Político-social de Donostia (Melitón Manzanas) y Bilbao (Junquera). Txabi Etxebarrieta, que es el líder carismático de ETA, es el encargado de ponerlo en marcha. Unos días después, Etxebarrieta va en el coche con Sarasketa y, cuando está preparando ese atentado, les para la Guardia Civil. Txabi, decide ahí mismo por su cuenta empezar a matar; el guardia civil José Antonio Pardines está de espaldas y no sabe que son de ETA, cuando le dice que el número de bastidor del coche no coincide (era robado) saca la pistola, le dispara por la espalda, cae a suelo y le remata. Lo sabemos porque Sarasketa lo ha contado y porque hubo un camionero que fue testigo y que, por cierto, luego tras ese hecho se metería en la Guardia Civil. Es decir, Etxebarrieta se adelanta a los planes que tenía ETA. Luego a Etxebarrieta lo matan en Benta haundi. El Biltzar Ttipia de ETA se vuelve a reunir y se reafirma en lo decidido con anterioridad. No es una venganza porque la decisión de matar ya estaba tomada, pero esto lo acelera. Al final, a Manzanas lo matan en su casa de Irún, pero Junquera se salva porque estaba de vacaciones, lo que ya nos revela las deficiencias del servicio de información de ETA entonces.

¿Y quién mató a un personaje tan siniestro y odiado como Melitón Manzanas?

Nunca se ha sabido quién lo hizo. Hay sospechas, la policía tiene las suyas [Xabier Izko], pero jamás se supo; sigue siendo uno de los grandes secretos de ETA. Hoy en día, los que estaban en esas reuniones, están en el PSOE, o en el PP o en Bildu, pero no hablan. Es como la desaparición de Pertur, son cosas que quedan por conocer.

Euskadiko Ezkerra (EE), tras la decisión de los 'polimilis' de dejar la violencia, es el mejor ejemplo de cómo se deja de odiar, de matar, cómo se hace una autocrítica, aunque es verdad que en un proceso muy, muy lento. Empieza en 1977 y hasta finales de los 80 no hay una autocrítica real.

ETA no surge en la etapa más brutal de la dictadura.

Efectivamente, surge cuando el desarrollismo franquista está en pleno auge. El Cabra [uno de los etarras de la primera época] cuenta en sus memorias que cuando se sumaron a ETA la gente no pensaba realmente en liberar Euskadi, sino más en comprar un 'sescientos'. Ese era el horizonte mental de la gente en aquella época.

Hay una cosa fascinante, tanto de ETA como del IRA, que es la capacidad que han tenido a lo largo de su historia de lograr ayuda y apoyo de sus respectivas diásporas, comunidades que tenían una imagen muy distorsionada de lo que realmente eran ambos grupos terroristas en la etapa democrática. Usted habla en su libro de los mitos que han funcionado en ese mundo.

Es cierto, lo que más me asombró es que había un paralelismo: en el caso del IRA la colonia de la diáspora está en EE UU, mientras que en el caso de ETA es la colonia de Venezuela sobre todo, aunque también México y Argentina. De hecho, la primera célula de ETA en Venezuela se crea en 1959, unos meses después del surgimiento de la organización en el País Vasco. Hay un apoyo social, de infraestructura y económico muy importantes. El flujo de dinero, aun no siendo grandes cantidades, es constante desde Venezuela y México. Y la Policía lo sabe. He encontrado documentación que lo atestigua. Pero la Policía no puede hacer nada. En Venezuela, al principio, no saben muy bien lo que es ETA. Se coge dinero muchas veces para la 'resistencia'. Cuando ETA empieza a matar hay una ruptura y solo el sector más radical de los exiliados apoya a ETA, el mayoritario sigue apoyando al PNV y al Gobierno vasco. Eso se perpetúa y, ya en democracia, Venezuela sigue acogiendo etarras en los años 70, 80 y posteriormente. Se ha hecho mucha propaganda, se ha trabajado a los políticos y se va fortificando el mito de una Euskadi indómita en guerra contra el inversor desde hace centurias. Y en esa creen. Ni los Gobiernos, ni el Ministerio del Interior han hecho realmente una contranarrativa de todo eso, nunca explicaron qué era realmente ETA hasta épocas recientes. Entonces, en Venezuela o en México o Argentina, ¡qué iban a saber! Se ha perdido un tiempo precioso para desmontar los mitos de ETA.

Pasados más de cinco años de la decisión de la organización terrorista de dejar de asesinar y extorsionar, hay una evidente batalla en torno al relato en Euskadi. ¿Los historiadores deberían tener una actitud militante en estos momentos? o cree que con dedicarse a investigar ya es suficiente.

Nuestro problema es que no nos hacen caso. Los historiadores estamos acostumbrados a investigar un tema en profundidad, hacemos un libro, luego se guarda en la biblioteca universitaria y dentro de unos años lo consulta otro historiador para hacer otro libro; y así en un círculo vicioso y no lo lee nadie. Estamos como en un gheto y no sabemos salir de él. Nuestro gran problema es la divulgación. Hay historiadores vascos magníficos, han hecho grandes libros, pero no han llegado a nadie. Hay como una barrera entre la ciudadanía y nuestros libros. Y también hay libros de mucha peor calidad, muy sesgados y propagandísticos, que sí han llegado. Tenemos que hacer una autocrítica: cómo escribimos, cómo nos vendemos y cómo divulgamos. Lo cierto es que no lo hemos hecho bien. Es cierto que estaba ETA y eso era un disuasorio potente. Había cierto miedo y temor a tocar determinados temas, aunque hay historiadores que lo han hecho y algunos han tenido que irse o lo han pagado muy duro.

Algunos con la vida

Ha habido un compromiso de algunas personas muy alto en los años de plomo. A la gente de mi generación nos ha tocado la parte más fácil. Cuando veo los trabajos de Manu Montero, José Luis de la Granja, Mata en los años 80 y otros, sí que digo: "estos hombres sí que tuvieron un compromiso, una militancia con la democracia, porque sabían que estaban haciendo cosas que les podían costar muy caras. En todo caso, no hemos sabido salir del formato libro, ahora ya se están haciendo documentales, exposiciones, etc. El peligro es que aquí hay unos mitos muy arraigados: por ejemplo, la Guerra Civil como una contienda entre vascos y españoles. Y cuando alguien está convencido de eso, aunque tengas pruebas muy contundentes de que no fue así, es muy difícil desmontar mitos, convencerles de algo. Ahí entra en juego no solo el libro en sí, también la educación, etc.

Toda esa autocrítica está muy bien, pero yo le preguntaba más por el papel militante de los historiadores en la batalla actual del relato.

Por un lado, si no divulgamos nuestras investigaciones estamos incumpliendo nuestro papel social y nos convertimos entonces en eruditos en nuestra torre de marfil, que es lo que no debemos ser. El peligro que corremos cuando salimos al barro es que no embarramos. Podemos tener la tentación de decir como estos están soltando mitos, vamos a soltar lo nuestros, y ahí hay que tener mucho cuidado. Aquí se está evitando eso, se está siendo muy escrupuloso, muy riguroso y serio.

Gaizka Fernández Soldevilla.

Gaizka Fernández Soldevilla.

Lo digo porque no está solo el trabajo de los historiadores, también me refiero por ejemplo a la macro investigación sobre la extorsión de ETA en Euskadi, un trabajo multidisciplinar que comenzó la extinta Bakeaz y ahora está dirigido desde la Universidad de Deusto por Izaskun Sáez de la Fuente.

Es un proyecto muy bonito, pero ya es sintomático que se haya tardado tanto tiempo en abordarlo, en tocar este asunto.

Hombre, imagino que el trabajo de campo es más fácil hacerlo ahora que no cuando se recibían las cartas de extorsión de ETA.

Desde luego. Sin duda

Sortu, en general el mundo político que apoyó y jaleó a ETA tiene pendiente aun el reconocimiento sincero del daño causado. ¿Por qué les cuesta tanto decir que matar siempre estuvo mal?

Si tú has construido toda tu vida alrededor de que hemos estado en guerra y eso te ha animado a matar, a robar, a dejar de hablar a tu vecino, a hacer pintadas contra alguien y, después de unos años, reconoces que esa idea es falsa, dejas de ser un héroe y te conviertes en un criminal. ¿Cómo van a contar a sus hijos que ellos apoyaron todo eso?

¿O te conviertes en un demócrata, no?

Claro, claro.

Usted conoce bien el tránsito de algunos que militaron en ETA y después se embarcaron en el proyecto político de Euskadiko Ezkerra como Mario Onaindia, Kepa Aulestia o muchos otros. Incluso trabajaron en favor del Pacto de Ajuria Enea (1988) o se pusieron en la pancarta de la rebelión cívica del ¡Basta Ya! tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco (1997).

Mario Onaindia y el propio Juan Mari Bandrés, en un famoso artículo, ya intuían que se convertirían en héroes realmente cuando decidieran alejarse de la violencia. Euskadiko Ezkerra (EE), tras la decisión de los 'polimilis' de dejar la violencia, es el mejor ejemplo de cómo se deja de odiar, de matar, cómo se hace una autocrítica, aunque es verdad que en un proceso muy, muy lento. Empieza en 1977 y hasta finales de los 80 no hay una autocrítica real. Para encontrar en EE alguien que reconozca que su estancia en ETA fue errónea hay que esperar mucho tiempo. Lo que solían decir era aquello de "ETA estuvo bien hasta que me salí yo". Y cada uno elige su época. Esto fue muy común: ETA estuvo bien hasta el 'Proceso de Burgos', hasta el 77, hasta el 82... Lo he escuchado muchas veces. Hay otro paso que es admitir que ETA no estuvo bien nunca, pero cuesta mucho más darlo. ¿Qué tuvo EE y los 'polimilis' que no tuvieron otros? que fue una decisión colectiva. No es una persona que se atreva a pensar, son muchas a la vez, y eso da apoyo. En el mundo de ETA y de Herri Batasuna, si tú criticabas la bases doctrinales, automáticamente te quedabas fuera de tus amigos, de tu familia. El mundo de EE lo hacen todos a la vez y es mucho más fácil.

Pero Arnaldo Otegi, por ejemplo, lo pudo hacer el 30 de diciembre de 2006, cuando ETA vuela la T-4 y mata a dos personas, pero tardó bastantes años más en dar el paso de alejarse de la estrategia político-militar de los últimos 50 años. Y ahora, tras salir de la cárcel, hay quien le presenta casi como un héroe de la paz.

Hay una imagen reciente: la salida de Otegi y el mismo día la del arrepentido José Luis Urrusolo Sistiaga. A Otegi le hicieron un homenaje y a Urrusolo le recibió el vacío. La diferencia está en que Otegi se había mantenido en los parámetros más o menos aceptables y, por contra, Urrusolo había hecho una autocrítica por su actuación en ETA. En el mundo de ETA y de HB se sabe que salirse del guión fijado significa la muerte, ahí está el caso de Yoyes, o el ostracismo. Ahora ya la muerte no, evidentemente, pero los que dieron el paso de reconocer el daño causado mucho antes han sido marginados. Aralar ahora ha vuelto a ese mundo, pero al principio estuvo amenazado, porque lo habían hecho cuando no tocaba. Hay un poso de disciplina militar muy fuerte. Cuando el secretario general de HASI, el partido más importante en Herri Batasuna, le dice a ETA después del atentado en Hipercor en 1987 que "debe tomarse unas vacaciones", automáticamente en el siguiente congreso es depurado. Tienen temor a la autocrítica individual. Y la apuesta por las vías democráticas no es moral, sino que es básicamente pragmática: simplemente se han dado cuenta de la que la violencia no funciona ya, resta. Han hecho un balance de costes y beneficios y han decidido que la violencia no sirve para sus objetivos políticos. Para cuando hagan un análisis moral y una autocrítica... yo no sé si lo harán, la verdad.

¿Será una cuestión de muchos años, tal vez décadas?

No en esta década. Y ahora no estamos viendo grandes pasos de autocrítica. Si la hacen, probablemente tarden mucho tiempo. Ojalá la hagan, pero parece que les va a costar mucho. Sería buenísimo para la convivencia y para encontrar algo que nos una que reconozcan el daño causado y que las causas eran erróneas. Ese mundo debe aceptar la realidad histórica, no inventarse nuevos mitos para cubrir los viejos. Y aceptar que hubo 845 víctimas mortales y que no murieron porque hubiera una guerra, sino porque ETA decidió matarlos.

¿La existencia de los 400 presos de ETA en las cárceles puede ser un tapón para que se produzca eso? ¿Tal vez todo vaya lento porque quieren ir juntos y no perder a nadie por el camino?

Antes era más fácil controlar todo el aparato porque había un jefe que era ETA. Hoy en día ese jefe está tan débil que hace algún comunicado de vez en cuando y poco más. Saben que cuanta más división tenga interna menos fuerza tienen a la hora de negociar. No se les ha ofrecido una amnistía. En 1977 hubo una amnistía, en los año 80 la de los 'polimilis' y no la quisieron, las conversaciones de Argelia, tampoco la quisieron. Han tenido un montón de oportunidades para salir todos, pero las rechazaron todas. Pensaban, vamos a aguantar un poquito mas, un poquito más para lograr lo grande. Y al final, no han conseguido nada. Y se están chupando años de cárcel. Y a la vez ven que sus políticos están en las instituciones, en la alcaldía de Navarra, en el Ejecutivo foral, estuvieron en la Diputación de Gipuzkoa... Ellos pensaban que matando iban a conseguir la independencia, pero al final han matado, han sufrido ellos, han hecho sufrir a sus familias, han perdido su juventud y de repente ven que los de Sortu están haciendo política y que ellos tienen por delante muchos años de cárcel; es una situación un poco explosiva. Y, para ellos, complicado gestionarlo. A nivel humano debe ser muy complicado, sobre todo no ver ningún horizonte del final de esa situación. 

¿Cómo cree que será el final definitivo de ETA?

Foto del final de ETA no va a haber. No va a haber entrega de armas. ETA ya no importa a nadie, mientras dispare comunicados, no le interesa a nadie, salvo a su mundo, a los presos y poco más. Lo lógico es que haya algún tipo de comunicado definitivo de cierre de persiana. Desde luego será un punto final que no incluya ningún acuerdo político. El tema igual es que al otro lado, en ETA, transcurrido tanto tiempo, ya no quede nadie. Antes cuando detenían a un comando, surgían 20. Ahora no hay nadie.

¿Y los Gobiernos central y vasco deben, pueden hacer algo para acelerar la disolución definitiva?

El Gobierno da la sensación de que no ha tenido mucha intención de negociar nada. Más bien ha tomado la estrategia de dejar que se debiliten, y visto con perspectiva no ha sido errónea si lo que buscaban era debilitarlos. ETA está objetivamente más débil y mucho más olvidada. Su fuerza actual es más limitada. En todo caso, mientras haya presos va a haber algo que negociar. La diferencia entre el GRAPO y ETA es que el brazo político de los primeros era marginal, no tenía ni un concejal, Sortu sí. En algún momento habrá que firmar el punto final. Pero por mucho que algunos mediadores empeñen en hacer teatro, eso no vale para nada. Eso es cartón piedra pura, no hay nada detrás.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha