Una experiencia única para dar el “salto”: seis mujeres sin hogar comparten piso hacia una nueva vida

Dos mujeres organizan las tareas comunes de la casa

Lourdes Amador, la educadora social, sale a la compra semanal con I. Por el momento, con apenas un mes compartiendo piso, están empezando a caminar solas, pero juntas, hacia una reinserción sociolaboral. Cuatro nacionalidades en 120 m2 en el centro de Sevilla. Han estado desprotegidas mucho tiempo y han sido usuarias diarias de los centros municipales de atención a la mujer. Todo se les complicó aún más con la pandemia. No tenían dónde ir ni encontraban su sitio en la sociedad, con una autoestima a la baja por el paso de un tiempo demasiado oscuro para tener media vida por delante. Ahora, gracias la ayuda excepcional de la Junta a la Red Andaluza de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-A), conviven en una de las 23 viviendas que se acaban de poner en marcha en la comunidad autónoma. Es su oportunidad. Tienen un año. “Para atrás, ni para coger impulso”, repite M.

La vivienda está gestionada por Médicos del Mundo, una de las diez entidades que se ha hecho cargo de la ayuda extraordinaria de tres millones aprobada por la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales para la atención de personas sin hogar. Ya se han creado un total de 298 plazas en toda Andalucía (160 en ocho centros de día y 138 en 23 viviendas). Fundación Atenea, Andalucía Acoge, CEPAIM, INPAVI, ACCEM, Cáritas, Hogar Betania, Inserta y Proyecto Hombre también gestionan plazas en las ocho provincias en el marco de un proyecto que tiene fecha de caducidad: el 15 de febrero de 2022.

En ese tiempo, disponen de “una vivienda digna” para “sacar adelante” sus vidas. Para ello, y con la ayuda de la entidad gestora, deben interesarse en centrar el tiro, encontrar empleo, aprender a convivir y asentar su situación vital. “Nadie va a llamar a su puerta. Tienen que moverse”, comenta Juan Carlos Ramírez, trabajador social de Médicos del Mundo, quien guía la visita y resalta el “privilegio” de vivir en el centro de la capital hispalense, con multitud de recursos al alcance la mano.

Para Juan Zamora, coordinador del programa extraordinario de atención ambulatoria y residencial a personas sin hogar en Andalucia de EAPN-A, “la aporofobia está instalada en la sociedad, creando mitos y prejuicios sobre las personas vulnerables y en riesgo de exclusión social y residencial. Con este programa extraordinario también se quiere romper con estos mitos y sensibilizar a la población andaluza en la defensa de los derechos sociales de las personas que experimentan pobreza”.

En ciudades como Barcelona se van a invertir 1,2 millones en tres años para incorporar la perspectiva de género en equipamientos. La exclusión habitacional afecta en menor número a las mujeres pero, cuando llega, las situaciones de abusos y violencia tienden a ser más crudas, y también es más grave el deterioro físico y emocional. Hace poco contamos la historia de Diana quien, como mujer transexual, fue víctima triple de un rechazo social del que afortunadamente está saliendo de un tiempo a esta parte.

“Me están ayudando mucho”

Cuadrantes para la limpieza y la comida, menaje a estrenar, espacios muy delimitados. Estas mujeres avanzan en su nueva convivencia en un nuevo hogar que les aporta seguridad. Ahora son cuatro, de entre 40 y 50 años, pero esperan la llegada la semana próxima de una quinta inquilina, y aún quedará hueco para una sexta. “No es lo mismo vivir aquí, con tres o cuatro más, que con ciento y la madre como el centro municipal”, comenta M., muy contenta con el giro que ha tomado su vida tras haber sufrido malos tratos por parte de su antigua pareja. “Me están ayudando mucho”, repite agradecida y con una cara de felicidad que parece contrastar con todo lo vivido anteriormente. Se prepara ahora para recibir un curso de ayuda a domicilio. Evoluciona muy bien y está recibiendo “refuerzos positivos” desde que ha iniciado su andadura en el piso, comenta la educadora.

La pandemia terminó de rematar sus complicadas situaciones vitales. Alguna de ellas tiene discapacidad, lo que puede abrirles más puertas laborales, y recibieron informes favorables de los servicios sociales para formar parte de este “proyecto”, según remarcan desde Médicos del Mundo, con la esperanza de “salgan a flote” a través de una “atención individualizada”. Su actitud y disposición es muy buena, sabedoras que se trata de “una oportunidad” para rehacer el camino y que sentará “las bases” para que anden solas, otra vez, pero ya con una guía formativa y vital para ser independientes, por fin.

Realizan los fines de semana talleres de diverso tipo para avanzar en su vida independiente. “Me vi sola. Todo se me vino abajo y sin trabajo para poder pagar un alquiler. Cuando te caes, no te queda nada”, explica F., de origen extranjero pero con unas indudables ganas de ganarse el pan para seguir con su vida lejos de su anterior pareja, que tampoco se lo puso fácil, según lamenta. Tiene a la vista un curso de auxiliar de cocina que confía en que le abra nuevas puertas tras mucho tiempo en la hostelería o allá donde hubiera un sueldo.

“Solo hay que mirar adelante y no perder la esperanza”, comenta M., que ha hecho sus pinitos con la pintura aunque todas tienen claro que la artista del piso es C., cuyos cuadros decoran ya este nuevo hogar, inaugurado el pasado 30 de marzo y que tiene hasta una pequeña biblioteca en marcha. A C. le pasó factura el confinamiento por las crisis de salud mental. Ahora es “el alma de la casa”, resalta Lourdes, la educadora, que destaca las grandes posibilidades de que continúe con trabajos que ya le han salido en ayuda a domicilio.

“Sus situaciones se agravaron con la pandemia”, comenta la educadora, que destaca la “diversidad” de las convivientes, con hasta cuatro nacionalidades cuando lleguen las nuevas inquilinas, algo más habitual en recursos del sistema de protección internacional pero muy novedoso a este nivel de personas sin hogar, más aún en un ámbito exclusivamente femenino. Con la esperanza de que la pandemia tenga fin y se les abran más puertas laborales, solo miran adelante tras demasiado tiempo intentando sobrevivir.

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