La nueva hornada del folk castellano

Fragmento del videoclip 'De Mayorga a Tiedra' de Nacho Prada.

Son jóvenes, están sobradamente preparados musicalmente y reivindican la música y los ritmos de su tierra. Es la nueva hornada de folk castellano, lo que en algunos círculos ha venido a conocerse como 'neofolk', un género que recupera los sonidos de la tradición musical castellana para hacer "música con raíces", mezclada con estilos más pop, y recogiendo, en algunos casos la esencia de los cantautores o de la canción protesta.

Nacho Prada (1993) comenzó a interesarse por la música tradicional castellana de la mano de sus padres, que como hobby eran miembros de un grupo de folk burgalés. "Supongo que me enamoré de estos géneros en los ensayos de pequeño", bromea. Ahora, compone e interpreta sus propias canciones, algunas de ellas, como De Mayorga a Tiedra, que pudo grabar tras ganar DemoExpress, un concurso organizado por el Ayuntamiento de Valladolid para jóvenes músicos.

Pero no se empieza tocando ajechaos, jotas o sartenes...Como cualquier joven con aspiraciones musicales, Prada comenzó a tocar la guitarra en la adolescencia, como ACDC y otros grupos de rock. Pero con el tiempo se fue acercando a la canción de autor, a formatos más íntimos y que para él tenían fondo, "porque no todo va a ser rock y reguetón", señala.

Prada ha compartido escenario en alguna ocasión con el músico Guille Jové (1990) , también vallisoletano. Sus estilos son similares, "tenemos una idea cercana de lo que hacemos", aunque hay diferencias. "Guille apuesta más por la canción más protesta, aunque bebiendo del folclore, y muy centrada en lo social", explica Prada.

Recientemente Jové ha publicado su disco La Memoria del Barro, en el que se incluye una jota-homenaje al antiguo pueblo de Riaño (León), inundado bajo las aguas de un pantano en los años ochenta. "Subidos a los tejados gritaron que no se iban, que no se llama progreso dejar los pueblos sin vida", reza una de las estrofas que termina con un poderoso "de Riaño no nos van a sacar".

Otros músicos, como El Naán en Palencia, una banda que hace "música ibérica, cuyos directos están más cerca del rito que del concierto" y donde se dan cita los "ritmos y los instrumentos más ancestrales con las texturas contemporáneas, las músicas étnicas como el jazz", apuestan por una mezcla suave de estilos más conteporáneos y canciones con mensajes potentes y poéticos. "Habrá que hacer de nuevo de la canción un salmo cuando el ruido regrese". Los seis componentes mezclan percusiones y sonidos ancestrales con el saxo o la guitarra eléctrica.

Desde Salamanca, Sandra Zamora, ultima el primer disco de su proyecto Zarzamora, que ha conseguido financiar mediante crowdfunding. Enclavada en la tradición de la canción protesta, asegura en su web, que sus canciones "nacen de la ternura y de la rabia, de mi impulso de cantar a un mundo que necesita construir otras realidades posibles, otros imaginarios más justos, donde también quepamos todas, todes".

Se fue interesando por la música de su tierra, la que sonaba en las fiestas populares y acabó incorporándola a un repertorio multidisciplinar que abarca desde el pop, los boleros y los tangos, en general "las músicas de raíz". Según cuenta, llegó a ellas buscando sonidos con mensajes, mensajes sencillos que hablan de arar y de rondar en las fiestas de los pueblos.

La música folk lleva décadas en constante cambio, quizás desde que Bob Dylan se subió al escenario del festival de Newport con una guitarra eléctrica. En nuestro país se ha fusionado con otros estilos, como el bolero o el tango, aunque sin perder el fundamento de los orígenes. "Para mi esta música reactiva un vínculo familiar con mi pasado", sentencia Prada. En un mundo cada vez más despersonalizado, a él el folk o la raíz le hacen tomar conciencia de las cosas importantes. "En esta música hay mucha sabiduría y lo sientes cuando la tocas".

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