CV Opinión cintillo

Tras dos años de la declaración como patrimonio agrícola mundial, la Huerta de València, de nuevo en riesgo

José María García Álvarez-Coque y once firmas más

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Durante este mes de noviembre estamos cumpliendo el segundo aniversario de la declaración por la ONU del regadío histórico de la Huerta de València como Sistema Importante de Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM). La FAO consideró en 2019 que la Huerta “reúne todos los requisitos que exige un SIPAM, ya que cuenta con el valor añadido de establecer un vínculo entre lo rural y lo urbano, así como con un sistema productivo en el que se integran las culturas agrícola e hidráulica, labradas durante siglos”.

La declaración, que venía a reconocer los esfuerzos realizados desde la aprobación de la Ley de la Huerta de 2018, se otorgó tras un proceso largo, promovido activamente por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de València y una galaxia de municipios y organizaciones. Un consejo asesor internacional apreció que el espacio agrario cumplía, junto con otros 50 lugares de cuatro continentes, los criterios necesarios: suministrar de alimentos saludables, agro-biodiversidad, medios de subsistencia para la comunidad agrícola, redes de conocimiento local, cultura y paisajes agrarios emblemáticos y una organización milenaria representada por la red de acequias de riego y su gobernanza.

El SIPAM supone un estímulo para la transformación del sistema agroalimentario de la ciudad, como lo ponen en evidencia, día a día, sus principales actores en la producción, la distribución y el consumo de alimentos. El SIPAM de València es además mostrado por la FAO en conferencias internacionales como ejemplo de resiliencia y paisaje peri-urbano que expresó su fortaleza en la época más dura de la pandemia. Suministró alimentos en momentos en que las cadenas logísticas se interrumpían y cuando los productos frescos de la Huerta eran más necesarios para preservar nuestra dieta.

Desde el ámbito académico, pero sobre todo como ciudadanas y ciudadanos, no podemos ocultar nuestra sorpresa cuando hace un mes aproximadamente se divulgaron las alternativas para el túnel pasante ferroviario de València, con distintos grados de afección a la Huerta que conllevan una fragmentación del paisaje agrario que pone en riesgo la declaración. En este artículo no hay espacio para un análisis detallado de las alternativas, lo que ya se va realizando en diversas alegaciones. Puede destacarse que cuatro de las alternativas propuestas (tramo I de las alternativas 2, 3, 4 y 5) transcurren en una longitud aproximada de 16 kilómetros por el espacio protegido agrícola de huerta y, aunque dos de ellas parecen descartadas en una primera fase por el estudio informativo, las otras dos siguen comportando una ruptura notable de la estructura histórica de la agricultura en una superficie sustancial. Otra alternativa, la A.1, al transcurrir en su mayor parte de manera subterránea, sería menos agresiva, pero requeriría una modificación significativa para ser compatible con el mantenimiento del espacio protegido.

Lo llamativo es que los estudios informativos basan sus conclusiones en una metodología multicriterio donde los aspectos culturales y patrimoniales del SIPAM brillan por su ausencia. ¿Desconocían sus redactores que estaban planeando sobre un espacio que es patrimonio agrícola mundial? Dicho de otra manera más gráfica ¿nos plantearíamos demoler, por ejemplo, el centro histórico de València, con sus iglesias y palacios, para construir una vía rápida? La sociedad valenciana ya se opuso a este tipo de planteamientos al defender en tiempos de la Transición el jardín del Túria o el Saler. Un análisis coste-beneficio serio que tuviera en cuenta las afecciones sobre el parcelario agrícola haría inviables las opciones Litoral 1 y Litoral 2 y exigiría un replanteamiento de la alternativa A.

Compartimos con la mayoría de los lectores la preocupación por el déficit de infraestructuras y servicios ferroviarios que sufren la Comunidad Valenciana y las regiones mediterráneas. Preocupación que los poderes públicos deberían hacer extensiva, y de forma urgente, a la precaria situación del ferrocarril de cercanías y la movilidad metropolitana. Claro que la conectividad es esencial. Por eso hay alternativas, como la que algunos ayuntamientos de l’Horta Nord propusieron en forma de túnel pasante más salida de València pasando por el aeropuerto de Manises con estación intermodal. Si las alternativas de movilidad existen ¿por qué prescindir de ellas? La superación de años de pasividad en la inversión en infraestructuras no puede entrar en conflicto con el modelo económico y la transición ecológica que requieren nuestra sociedad.

Lo triste es que el caso de la infraestructura propuesta no es único y se une a otros planeamientos cortoplacistas en el área metropolitana de València que suponen pan para hoy y hambre para mañana. Se subestima la capacidad del área metropolitana para la atracción de visitantes y residentes dispuestos a vivir en nuestra ciudad, motivados por el entorno que ofrece la Huerta y su calidad de vida in situ. Con las alternativas que el MITMA ha presentado para la red arterial de València se ponen en riesgo todos los esfuerzos de la ciudad para ser no sólo más habitable, sino para situarla en una modernidad compatible con un nuevo modelo de país sostenible. Y mientras tanto, el SIPAM de la Huerta será evaluado por la FAO, esperando la activación de sus planes de conservación dinámica, y como mínimo, no encontrar destrucción en lo que costó tantos cientos de años en construirse. 

*José María G. Álvarez-Coque, Catedrático de Economía y Director de la Cátedra Tierra Ciudadana, UPV.

José Lluis Miralles García, Profesor Titular del Departamento de Urbanismo de la UPV

Enric Guinot Rodríguez, Catedrático de Historia Medieval, codirector de la Cátedra L'Horta de València, de la UV

Joan Romero González, Catedrático de Geografía Humana, miembro del IIDL de la UV.

María del Carmen Blasco Sánchez, Profesora Titular, especialista en Urbanismo y Paisaje, UPV

Marta Guadalupe Rivera Ferre, Profesora de Investigación, especialista en sistemas alimentarios, INGENIO-CSIC

Francisco Galiana Galán, Profesor de Ordenación Territorial y Espacios protegidos, UPV

Dionisio Ortiz Miranda, Catedrático de Economía Agraria, UPV

Manuel Pulido Velázquez, Catedrático de Ingeniería Hidráulica y director de la Cátedra de Cambio Climático, UPV.

Carles Sanchis Ibor, Investigador del Centro Valenciano de Estudios del Riego, UPV.

Rafael Termes Córdovez, Profesor Titular del Departamento de Urbanismo, UPV.

María Consuelo Vallés Planells, Profesora de Análisis del Paisaje, UPV

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Publicado el
23 de noviembre de 2021 - 16:49 h

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