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CRÓNICA | Soul, rhythm & blues y jazz, protagonistas de la noche en San Javier

El baterista y cantante Jamison Ross conquistó, poco a poco, a un auditorio que supo apreciar su calidad y musicalidad

En el segundo concierto, un regreso apetecido por los aficionados habituales de este festival, Myles Sanko, que desplegó su soul por todo el auditorio reforzándolo con una voz consolidada y muy veterana en estas lides: Vanessa Haynes, cantante del grupo Incognito

Jamison Ross interpretando una de sus canciones

Jamison Ross interpretando una de sus canciones Goio Villanueva

Los caminos sonoros en el jazz y sus colaterales son cada vez más amplios y parte de esa amplitud estuvo presente en la noche del miércoles en Jazz San Javier, con dos conciertos aparentemente diferentes pero no tanto. La primera parte estuvo protagonizada por el baterista y cantante Jamison Ross, que con casi 32 años ya ha logrado ganar el Concurso para Batería del Instituto Internacional “Thelonius Monk” en su edición 2012, así como el premio al mejor cantante joven masculino de la revista Down Beat. Son avales que en esta su primera visita a Jazz San Javier corroboraron la calidad vocal y musical de este joven artista de Florida, que se trasladó a Nueva Orleans donde actualmente reside. La segunda parte de esta octava jornada estuvo protagonizada por un cantante que regresaba tras su éxito logrado en la XIX edición en 2016. Sanko reside en Londres –aunque nació en Ghana- y ha logrado ser uno de los cantantes de soul más seguidos en el Viejo Continente, con especial énfasis en el Reino Unido, Francia y España donde sus conciertos y discos son vistos y comprados con asiduidad. Y esa fusión entre el espiritual, soul, jazz o rhythm & blues de ambos conciertos en esta noche de miércoles es el denominador común que hizo posible esa amplitud que citaba al comienzo pero con escasos márgenes para la diferencia. Si acaso, en las formaciones de cuarteto para el primero y de septeto para el segundo.

La verdad es que diseñar la programación de cada noche en las 22 ediciones que ya lleva en su historial el Festival Internacional de Jazz de San Javier debe ser una operación complicada para la que hay que tener paciencia, dedicación, saber con qué mimbres se cuenta y dotes para mezclar estilos dentro de lo que hoy por hoy es este campo del jazz en el que la fusión está a la orden del día, como ya avanzara en 1977 el recordado Dizzy Gillespie. Pues un acierto, desde mi punto de vista, es lo que ocurrió en la noche de este pasado miércoles en el escenario del auditorio Parque Almansa de San Javier, con los dos artistas que el festival proponía. La primera parte estuvo reservada para una de las nuevas figuras que van apareciendo en este mundillo, Jamison Ross, que llegaba precedido de su excelente historial desde que supo que se iba a dedicar a la música, allá en Florida, cuando asistía con su abuelo a los oficios de su iglesia. Cuando ya creció estudió en Florida y después lo hizo en el Lincoln Center para, finalmente, graduarse en la Universidad de Nueva Orleans. Allí se quedó porque, casi seguro, se dio cuenta de la riqueza musical que guarda entre sus calles, muros, clubes y toda la ciudad a orillas del Mississippi.

El grupo al completo durante el concierto

El grupo al completo durante el concierto Goio Villanueva

Hubo algún cambio en la formación de Ross a lo anunciado. No vino el organista Gory Irvin y el pianista Chris Pattishall cambió por el argentino-español Mariano Díaz. En formación de cuarteto, Jamison Ross nos fue acorralando poco a poco hasta atraernos totalmente a su mundo musical, que transcurre por senderos de baladas, espirituales y fusión de éstos con estructuras de jazz. El comienzo fue alegre y divertido a través de “Everybody’s Crying Mercy”, que el público acogió magníficamente, para continuar con “Mellow Goodtime”, seguir con “Emotions” y “Call Me”, que el auditorio coreó al unísono lo que demostraba lo que les comentaba: Ross nos fue atrayendo lentamente a su terreno, su espacio musical, para quedarnos allí hasta el final.

La conexión ya estaba consolidada y ahora tocaba sosegar un poco el ambiente, así que Jamison Ross sacó su tarro de esencias baladísticas (es donde mejor se mueve cantando) y nos regaló una preciosa canción titulada “Safe In The Arms” con la que, en efecto, el baterista y cantante de Florida nos abrazó en una demostración cantada de agradecimiento por esta acogida que el público de Jazz San Javier (su director siempre ha indicado que es lo mejor que tiene este festival) le estaba dispensando.

Jamison Ross fue presentando, una a una, sus canciones y explicando un poco de qué iba cada pieza al objeto de que los asistentes no perdieran la atención en ningun momento. Como era su primera visita a este escenario, no conocía que en San Javier se está siempre muy atento a lo que los músicos desarrollan sobre el mismo y lo demostraron con sus aplausos en “All For Once”, su silencio y respeto para las baladas como “Don’t Go To Strangers” y sus coros una vez más en “Keep On” con la que finalizó su concierto en esta su primera visita.

El auditorio pedía más con sus vítores, aplausos y silbidos y Jamison Ross y su cuarteto regresaron casi sin haber abandonado el escenario, para hacer un bis con un clásicón Beatle que gustó a rabiar: “Yesterday”. El delirio total de un público que sabe apreciar la calidad cuando la tiene delante. Es muy probable que Jamison Ross regrese en alguna edición futura a Jazz San Javier.

Myles Sanko y su inviantada, Vanessa Haynes

Myles Sanko y su inviantada, Vanessa Haynes Goio Villanueva

La segunda parte nos traía de nuevo a un cantante que ya estuvo en la edición de 2016 y que ya entonces nos dejó un recuerdo, que no se ha difuminado en el tiempo. Se trataba de Myles Sanko que para esta segunda visita al festival venía acompañado por la voz de otro grupo mítico en estos terrenos musicales: La cantante de Incógnito, Vanessa Haynes. El grupo estaba completado por Rick Hudson, en la batería; Jon Mapp, en el bajo; Tom O’Grady (inseparable de Myles) en el piano y teclados; Phil Stevenson (un rostro poco o nada expresivo mientras ejecuta las seis cuerdas, pero cómo toca el hombre de bien), en la guitarra; y la sección de vientos compuesta por Gareth Lumbers y Sam Ewens, en el saxo y trompeta respectivamente. Tal vez el único matiz que podría diferenciar un poco ambos conciertos es que Sanko es más soul, más rhythm & blues y apenas aparecen estructuras del jazz en sus creaciones. Por lo demás, Myles Sanko se movió por terrenos amplios de espirituales, temas de neto soul de los años 60, del más avanzado que nos dejó una década después con grabaciones míticas de la Tamla Motown y en suma, ese rythm & blues que siempre hemos conocido. Así que comenzó por “My Inspiration” (que daba título a su segundo disco de 2015), “Just Being Me” (título de su, hasta ahora, tercer disco), “Whatever You Are” (tema que aparecerá en su próximo trabajo discográfico hacia finales de año) o “Come On Home” (de su segundo cd con coros del auditorio incluidos), que pusieron al público a bailar y disfrutar, bien en el foso o en las gradas.

El motivo de este regreso, además del buen sabor y recuerdo que nos dejó en su primera visita, era adelantarnos algunas canciones que aparecerán en su último disco cuya publicación está prevista para finales de este 2019. “Rainbow In Your Cloud” fue una de ellas que enganchó rápidamente a los presentes, con reminiscencias a Marvin Gaye en cuanto a la cadencia musical e interpretativa, pero queda nítido que Myles Sanko posee su personalidad y ese recuerdo no es más que una muestra del amplio conocimiento que el artista nacido en Ghana y residente en Londres tiene sobre el género.

Stephenson sabe complementar a Ross en la sección rítmica

Stephenson sabe complementar a Ross en la sección rítmica Goio Villanueva

Tras ella, regresó a una preciosa balada que apareció en su primer registro discográfico titulada “This Ain’t Living”, con la que el auditorio se mostró entusiasmado. Y de nuevo, Myles Sanko tomó los caminos más rítmicos con piezas como “Promises”, de su último disco publicado, una traya total con la aparición de su invitada Vanessa Haynes cantante del grupo Incognito, para ametrallarnos musicalmente con “Move On Up” en la que dejaron espacio para los solos de trompeta, bajo y batería, una medio balada titulada “Sunshine” y continuar, para cerrar el concierto, con “Forever Dreaming”, en una coda en la que destacaban los vientos y con la que ambos cantantes se despedían y desaparecían de escena antes que sus músicos.

Rick Lollar durante el concierto

Rick Lollar durante el concierto Goio Villanueva

Los aficionados que casi llenaban el auditorio Parque Almansa no cesaban de aplaudir y de solicitar otra y otra. Naturalmente, cuando compruebas que amplificadores, luces y, en general, todo lo que se pone en marcha para ofrecer un concierto no se apaga es que va a haber otra más. Como así fue. Comenzaron a sonar las primeras notas de “Strangers” y apareció Vanessa Haynes que tuvo su momento de gloria como invitada a este concierto de Sanko, dando una muestra más de lo excelente cantante que es y del por qué está considerada como una de las mejores de la especialidad y por qué sigue siendo una pieza fundamental en el grupo Incognito. Aquello se venía abajo; las gradas resonaban en todo el Parque Almansa con sus aplausos y vítores y el foso del auditorio ardía en todo su medio círculo. “¡Más, más!” gritaban todos. Y naturalmente que había más. Una última pieza, para colocar un broche de brillantes a este sensacional, divertido y grandioso concierto de Myles Sanko y su invitada Vanessa Haynes que arrolló a todo el que se puso en su campo de acción. Con “High On You”, se cerraba la segunda participación de este cantante afincado en Londres en Jazz San Javier.

El pianista y teclista español Mariano Díaz

El pianista y teclista español Mariano Díaz Goio Villanueva

En resumen, una noche de espirituales, jazz y soul con dos artistas que se mueven casi en iguales campos aunque Jamison Ross matiza con la inclusión de estructuras musicales puramente del jazz e interpretando tradicionales espirituales con una puesta musical al día que les hace mucho más atractivos. Sus dotes para la batería  quedaron ampliamente demostradas y como cantante dejó bien patente que las baladas son su dominio, sin perder el Norte de cómo hay que cantar las fusiones que propone. Después, una propuesta en la que también hay fusiones de estilos y tendencias aunque con Myles Sanko más en los terrenos del soul que siempre hemos escuchado pero añadiendo otros movimientos posteriores que nos recordaban el viejo sonido Motown e, incluso, un poquito pero lo necesario de acid jazz. Noche para el recuerdo seguro, según pude comprobar personalmente en los rostros y comentarios de los aficionados cuando abandonaban el auditorio. ¡Qué gozada la del miércoles en la noche!

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