Alejandro, el informático que desafía los resquicios de la ley yendo desnudo por la vida: “Me gusta tomar el sol”

Alejandro Colomar, en la entrada de la Ciudad de la Justicia acompañado por su abogado.

Lucas Marco


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A Alejandro Colomar, un informático de 29 años residente en Aldaia (Valencia), le gusta ir por la vida en cueros, ya sea en su casa o en su huerto. “Voy desnudo y me preocupa bien poco lo que piense la gente, es un tabú sin sentido”, afirma en una conversación telefónica con elDiario.es. “Es cosa mía”, señala. En su huerto a veces se viste con la ropa que lleva en una mochila “por los mosquitos”. El joven agrega otro motivo: “Me gusta tomar el sol y para mi ir desnudo siempre ha sido algo normal”. Su costumbre le ha ocasionado continuos encontronazos con agentes de policía y varias multas por la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como 'ley mordaza'.

Este miércoles se presentó desnudo en la Ciudad de la Justicia de Valencia, para sorpresa de los abogados y clientes que accedían aquella mañana, con la intención de asistir a una vista ante el Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 2. Los agentes de la Guardia Civil encargados de la seguridad del recinto frenaron al joven en la entrada y, tras una breve discusión, accedió a vestirse con la ropa que portaba en una mochila. Cuatro agentes de la Policía Nacional se desplazaron al concurrido lugar e identificaron al hombre, aunque no lo sancionaron.

La llamativa escena, muy comentada en el ámbito judicial, ha tenido un gran eco mediático, al que Alejandro Colomar permanece ajeno al no ver prácticamente la televisión. El informático, que teletrabaja para una empresa norteamericana, empezó a tener problemas por ir desnudo durante el verano del 2020. “Me tocaron bastante los huevos”, afirma de manera figurada. Además, sostiene que, en general, el personal con el que se cruza permanece indiferente aunque ha tenido encontronazos con gente que le ha reprochado ir desnudo en el espacio público (incluso un apedreamiento mientras se bañaba en el río Turia). “Los que más molestan son la policía”, dice el joven, que lamenta: “Los 15 minutos de discusión no me los quita nadie”.

El 2 de julio del 2020, el nudista participó en una marcha ciclista en la localidad de Torrent. Dos agentes de la Policía Local identificaron a Colomar y le advirtieron de que los padres de los menores que lo habían visto sin ropa podrían denunciarlo, algo que no ocurrió aunque los uniformados pusieron los hechos en conocimiento de la autoridad judicial. Apenas dos meses después, el titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Torrent acordó el sobreseimiento de las actuaciones “por no ser los hechos constitutivos de infracción penal”.

En uno de sus encuentros con la policía acabó conducido ante un psiquiatra, que concluyó que no tenía problema alguno, según relató el joven al diario La Vanguardia. El 16 de junio del 2021 fue sancionado por la presunta vulneración de la 'ley mordaza', concretamente en su artículo 37.5 referido a “actos que atenten contra la libertad o indemnidad sexual o ejecutar actos de exhibición obscena” al hallarse desnudo en la vía pública en el municipio de Aldaia, donde reside. El hombre recurrió la sanción alegando que estaba amparado en su libertad ideológica y que la supuesta exhibición obscena era una valoración de los agentes y no un hecho objetivo.

La sentencia del titular del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 10 de Valencia estimó el recurso del joven al apreciar una vulneración del derecho fundamental de Alejandro Colomar, ya que su conducta “no era sancionable de por sí”, según reza el fallo al que ha tenido acceso este diario. “En el contexto sociocultural actual no puede sostenerse que la mera desnudez del cuerpo humano en un espacio público sea de por sí una exhibición obscena, sino que ello vendrá determinado por la existencia o no de una regulación o prohibición de tal hecho (por ejemplo, existen playas especialmente calificadas de naturistas) a efectos de regular la convivencia”, reza la sentencia, cuyo ponente aportaba un “punto de vista garantista”.

Tal como señalaba el Ministerio Fiscal, Aldaia no dispone “de normativa específica que impida o siquiera regule la desnudez”. Y esa es precisamente una de las claves en la que incide el letrado del joven nudista. “Aquí hay mucha inseguridad jurídica”, señala el abogado Pablo Mora, quien también reconoce que se trata de un “caso peculiar”. “Lo que nos parece absolutamente arbitrario es que no exista una ordenanza y se nos intente colar un delito de exhibicionismo obsceno o incluso un delito de más gravedad como la desobediencia a la autoridad cuando el abuso es del funcionario que lo detiene, porque legalmente no hay base para imputarle un delito”, explica. “Se tendrá que justificar muy bien por qué ir desnudo por la calle es exhibicionismo obsceno”, apostilla.

Una vez derogado el delito de escándalo público, la conducta de ir en cueros en el espacio público “no es punible”. “Pero como se mantiene el tipo penal de exhibicionismo obsceno ante menores, intentan colarlo por ahí y cuando no se puede rascar nada lo cuelan como desobediencia”, lamenta el letrado.

Alejandro Colomar se escuda en una resolución del Tribunal Europeo de Derechos Humanos aunque el Tribunal Supremo español (en respuesta a la impugnación de las ordenanzas municipales de Barcelona) no considera que ir desnudo sea un derecho a la libertad ideológica o de expresión, con lo cual mantiene que “es una conducta que no hace falta regular por ley orgánica”.

Así, la última palabra la tienen las ordenanzas municipales, tal como sostenía la sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 10 que le dio la razón a Colomar. Como trasfondo, ajeno a las cuestiones judiciales, sobrevuela el tabú de la desnudez y la moral. “Es complicado pero se puede pelear porque en el fondo tiene razón”, dice el abogado Pablo Mora. “Entiendo que haya gente que no le guste verlo desnudo pero no podemos inventarnos el derecho”, apostilla.

La batalla jurídica del joven nudista tiene visos de acabar en el Tribunal Constitucional. “Mi cliente, en el fondo, quiere que se reconozca que es un derecho fundamental y la pretensión última es que lo reconozca el Tribunal Constitucional o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ahí ya no hay vuelta de hoja”, afirma Pablo Mora.

El joven fue condenado por desobediencia, tras haber entrado en una comisaría a denunciar unas supuestas amenazas por ir desnudo. La Audiencia Provincial de Valencia avaló la condena en una sentencia que está pendiente de un recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Inicialmente tenía abiertos ocho expedientes sancionadores. “Dos se acumularon y se quedaron reducidas a seis sanciones y una prescribió porque la Administración no resolvió en tiempo y forma. Se ha ganado pero se ha tenido que recurrir, Alejandro se ha tenido que gastar el dinero y pagar un abogado para que no se pronuncien sobre el fondo, que es lo que le interesa”, lamenta el letrado.

El joven arrastra otra denuncia, más reciente, por pasar camino de su huerto ante un colegio. “Ha tenido altercados con padres porque a veces coincide con las horas de salida del colegio y se cabrean”, explica Mora.

Alejandro Colomar sigue desfilando desnudo por el espacio público, al menos mientras pueda disfrutar de las buenas temperaturas. También se muestra optimista con su batalla jurídica: “Sabemos que tarde o temprano muy probablemente ganaremos, la ley no prohíbe esto, lo único que lo prohíbe en ciertas ciudades es la ordenanza”. “Para mí un desnudo siempre ha sido algo normal”, concluye.

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