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“No podemos ganar dinero en la Ciudad de las Artes, pero sí hacer que cueste lo menos posible a los contribuyentes”

Enrique Vidal, director general de Cacsa, en el Museu de les Ciències, donde tiene sus oficinas.

Adolf Beltran

Valencia —

Un informe de la Sindicatura de Comptes, el organismo de la Generalitat Valenciana que fiscaliza las cuentas, ha puesto de actualidad la gestión de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, el macrocomplejo de ocio diseñado por el arquitecto Santiago Calatrava que, solo en su construcción, acumuló en los años de gobierno del PP un coste de 1.200 millones de euros.

Centrado en el ejercicio de 2017, el informe constata que la deuda a la que hace frente la Generalitat Valenciana por la empresa pública Ciutat de les Arts i les Ciències, SA (CACSA) asciende a 277,8 millones de euros, que los ingresos de la sociedad solo alcanzan a cubrir “el 67,6% de sus gastos e inversiones”, que registró pérdidas de 24,2 millones de euros, con un fondo de maniobra negativo de 40,3 millones de euros, y que su equilibrio patrimonial y, por tanto, la continuidad de su gestión están garantizados por el compromiso de la Generalitat de sostener económicamente su suficiencia financiera con las aportaciones necesarias.

Además, el documento refleja la revisión del convenio, firmado por el PP en junio de 2015, cuando estaba a punto de perder el poder, con la concesionaria Avanqua, del Grupo Global Omnium (Aguas de Valencia), para la gestión privada de L'Oceanogràfic, auténtica joya de la corona del complejo, de L'Àgora y de actividades de restaruración y merchandising, así como de promoción publicitaria de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Esa revisión realizada en 2017 está motivada por el acuerdo impulsado por el mismo presidente valenciano, el socialista Ximo Puig, para que el edificio de L'Àgora albergue un Caixaforum.

La instalación del Caixaforum implica la inversión por Caixabank de 18 millones en su construcción dentro de L'Àgora, y el compromiso de destinar unos cinco millones anuales a exposiciones y actividades a cambio de no pagar canon alguno durante 50 años. A su vez, ha llevado a reconocer a Avanqua 2,7 millones de euros en lucro cesante por dejar de gestionar L'Àgora, concederle una rebaja de 2,8 millones en su gasto publicitario (a razón de 187.500 euros anuales durante 15 años) y reducir hasta en 2,4 millones a lo largo de esos 15 años los mínimos garantizados que el contratista debe pagar siempre que las cifras de negocio no superen ciertos umbrales.

Enrique Vidal (Castellón, 1955), es un economista procedente del sector financiero de las cooperativas de crédito que Ximo Puig fichó en las listas del PSPV-PSOE para las autonómicas de 2015, aunque ocupó poco tiempo su escaño de diputado para hacerse cargo de la dirección general de CACSA.

¿La deuda de 277,8 millones es toda consecuencia de la desorbitada construcción del complejo?

Habría que hacer primero una reflexión. La Ciudad de las Artes y las Ciencias es un activo de 1.200 millones de euros.

Que es lo que costó...

Sí, y eso se tenía que pagar. Naturalmente, ha sido la Generalitat la que ha afrontado ese pago. La deuda es de CACSA y la Generalitat nos da el dinero para pagarla. Cuando miras las cuentas de CACSA, ves las cuentas de una empresa. En cambio, la forma de funcionar es la de un organismo público. Al gerente del hospital La Fe nadie le pregunta cuánto dinero ha ganado, ni cuánto debe. Digo La Fe como podría decir un instituto o una escuela.

Son centros públicos que no funcionan con criterios de rentabilidad, sino de servicio.

A eso me refiero. Aquí hay que tener rentabilidad, sí. Pero debe tratarse de rentabilidad económica y de rentabilidad social. Eso no se puede olvidar. La rentabilidad económica se refleja en la cuenta de resultados. ¿Pero cuál es la rentabilidad social? Consiste en tener un centro de referencia mundial de turismo. No en vano, el presidente de CACSA es el secretario autonómico y presidente de la Agencia Valenciana de Turismo, Francesc Colomer.

¿Y cómo se traslada eso a la gestión?

Aquí definimos tres pilares para trabajar. Uno es el turismo de calidad. El segundo, la divulgación científica. Y el tercero, que cueste el menor dinero posible a los contribuyentes. Ahora, ya le digo que recuperar 1.200 millones de euros a base de vender entradas es imposible.

¿La losa de la deuda puede llegar a poner en cuestión el funcionamiento de la Ciudad de las Artes?

Como dice la auditoría, nosotros no tendríamos garantizada la continuidad, pero la Generalitat firmó un acuerdo por el que cada año hará la ampliación de capital necesaria. Esa ampliación no cuenta como deuda, pero es dinero que la Generalitat tiene que ir poniendo. En 2015 fueron más de 40 millones; en 2016, más de 20; en 2017 fueron 20 y este año 18 o 19 millones.

¿De ahí que CACSA tenga un fondo de maniobra negativo de más de 40 millones de euros?

Solo de intereses pagamos el año pasado 10 millones. Además está la amortización de la deuda. Para explicarlo gráficamente, nosotros somos como un hijo de padres ricos a quien estos pagan el piso, es decir, se hacen cargo de los recibos de la hipoteca, pero el colegio de los niños, los viajes, las comidas o las cenas, la luz o la nevera, se los paga él. Es lo que contablemente se conoce como Ebitda [beneficios antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización]. Batallamos para que, al margen de los gastos extraordinarios, los intereses y la amortización, el Ebitda sea positivo.

Para entendernos. ¿Se trata de equilibrar los números en el funcionamiento normal?

Que los sueldos, la luz, etc.. los paguemos sin generar pérdidas.

¿Y cómo va eso?

Bien. El Plan Estratégico prevé llegar en 2019 a números positivos, pero desde hace ya dos años lo hemos conseguido, con 816.000 euros en 2016 y tres millones en 2017. En 2019 vamos por encima. Lo que pasa es que el asunto es delicado. Nosotros tenemos gastos e inversiones. Los gastos entran en la cuenta de resultados, pero las inversiones no. Cuando se cedió L'Oceanogràfic, hubo una auditoría y, como resultado, había una serie de cosas que CACSA tenía que arreglar. Esos areglos son costosos de tiempo, de dinero y de tramitación. Algunos se consideran gastos contables y otros, en cambio, inversiones. ¿Una instalación en una cubeta de agua es un gasto o una inversión?

¿Pero cómo van los ingresos?

Entra más gente, hacemos más eventos y la facturación está subiendo mucho. Vienen más visitantes. Y eso es gracias al viento de cola, pero también a que el aparato está en condiciones. Hemos hecho un gran esfuerzo para que esta maquinaria funcione. Con un equipo que vio reducida la plantilla en un 40% por el ERE que se hizo en 2012, se está facturando más que antes.

Y ahora llega una pieza clave, la reestructuración que implica la instalación del Caixaforum en uno de los edificios del complejo, L'Àgora...

En realidad, a efectos económicos, la pieza clave fue la externalización de L'Oeanogràfic, que supone más del 50% de los ingresos netos.

¿Es la oferta más potente de las Ciudad de las Artes y las Ciencias?

A ver. ¿Por qué se privatiza lo que se privatiza? No hay bofetadas para coger el Museu de les Ciències. Me extrañaría que una empresa quisiera gestionarlo. En cambio, L'Oceanogràfic sí. És el más grande de Europa. Está bien gestionado y ganan más dinero del que habían pensado.

Pero esa privatización, la de L'Oceanogràfic y L'Àgora, se la encontró ya hecha porque la había ejecutado el PP....

Lo que no estaba bien aclarado era el tema de L'Àgora. Cuando llegamos, nos encontramos con un edificio que no estaba acabado, con problemas de seguridad.

Por eso han tenido que hacer un gasto en acabar el edificio.

Un gasto de cinco millones de euros, aproximadamente. Lo que ha resultado más costoso ha sido arreglar la cubierta.

¿También aquí ha habido problemas con el deterioro dels trencadís, como ocurrió en el Palau de les Arts?trencadís

Sí.

¿Cuál será el impacto del Caixaforum en el complejo?

Ganaremos los dos. Vendrá gente a la Ciudad de las Artes porque querrá ver el Caixaforum, pero también habrá gente que vendrá a la Ciudad de las Artes y entrará en el Caixaforum. Nos retroalimentaremos. La idea hay que basarla en que tenemos un espacio con el que no sabíamos realmente qué hacer. El uso que había previsto Avanqua era hacer eventos y cosas así. Nosotros aprovechamos los espacios que tenemos para hacer eventos, pero L'Àgora pide algo más. Dando vueltas a eso fue cómo, desde Presidencia de la Generalitat, surgió la idea del Caixaforum. Resulta que hay buena sintonía entre el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y el presidente de la Fundación La Caixa, Isidro Fainé. ¿Qué ventajas supondrá? Fundamentalmente, convertir un espacio cuyo uso no teníamos claro en un espacio bien utilizado. Además, es una buena actuación arquitectónica que deja intacto el edificio por fuera y cuenta con el visto bueno de Calatrava. El proyecto es muy interesante. Esa intervención, a la que destinarán unos 18 millones de euros, se quedará como un patrimonio de CACSA. Ahí está el canon, que se paga de golpe y no anualmente. Se han comprometido a poner cada año cicno millones para actividades. Para hacernos una idea, el lucro cesante que le pagamos a Avanqua son unos 178.000 euros al año. Caixaforum pondrá cinco millones con una calidad de exposiciones brutal.

La calidad de Caixaforum es conocida, eso forma parte de su funcionamiento... Pero no pagará canon durante 50 años.

La única forma de evaluarlo contablemente es señalar la inverisón de 18 millones más el compromiso de dedicarle cinco millones cada año. Tenemos una buena relación histórica de años. Ahora hay en el Museu de les Ciències una exposición de La Caixa y para Fallas vendrá otra. Trabajaremos para ayudarnos conjuntamente. No hay ninguna intención de hacernos la competencia. Vamos a trabajar juntos.

Y han tenido que reducir el convenio con Avanqua porque L'Àgora queda a partir de ahora fuera de la concesión...

Avanqua no esperaba un gran rendimiento de L'Àgora y, además, estaban molestos, con razón, porque todavía no han podido abrir la puerta de ese edificio, que no estaba acabado. Hemos acordado que el lucro cesante, de 2,5 millones, dejaremos de ingresarlo anualmente a lo largo de 15 años. Eso es lo que me atrevería a decir que nos ha costado. Porque lo segundo es el canon que dejaremos de cobrar. Serán 2,4 millones de euros que se reparten en unos 160.000 euros al año. Una cifra que no tiene por qué hacerse efectiva, porque no lo hace ahora. Me explico. Ese canon mínimo garantizado es como un seguro. Ellos se han comprometido a pagar una cantidad mínima aunque no abran las puertas: 128,5 millones en 15 años. El año pasado y el anterior ya nos pagaron por encima del mínimo.

¿No hay también una rebaja en el gasto de publicidad al que Avanqua está obligada?

En efecto. Según el pliego de condiciones, tienen la obligación de invertir en la publicidad general de CACSA 750.000 euros anuales. Como es una publicidad genérica y aquí hay cuatro elementos, L'Oceanogràfic, L'Àgora, el Museu de les Ciències y L'Hemisfèric -ya que el Palau de les Arts está al margen-, el acuerdo ha sido reducirlo un 25%, unos 180.000 euros al año. Ahora bien, ¿cómo valoramos la publicidad que generará para la Ciudad de las Artes el Caixaforum? Estoy seguro de que solo la publicidad del Caixaforum será varias veces la que rebajamos a Avanqua.

Hablamos entonces de aportaciones del Caixaforum en especie.

Lo que digo es que hay que relativizar las cifras.

¿Hay cálculos de lo que significará la entrada de Caixaforum en términos de rentabilidad?

Ellos contemplan unas cifras de visistantes. Piense que aquí, en el Museu de les Ciències, en el primer piso, que es donde se paga, se vendieron el año pasado 700.000 entradas. Creo que los responsables de Caixaforum calculan unas 800.000 entradas. Habrá un beneficio mutuo. Tenga en cuenta que a la Ciudad de las Artes entra mucha gente.

¿Cuánta?

Estamos incrementando las ventas, tanto de turistas extranjeros, que han caído en general, como de españoles. El mayor crecimiento es el de visitantes de la Comunidad Valenciana, que han subido un 18%. En total, en 2017, la Ciudad de las Artes y las Ciencias vendió 2,4 millones de entradas, un 10,3% más que el año anterior. La mayoría fueron para L'Oceanogràfic, con 1,3 millones de entradas, seguido del Museu de les Ciències, con 681.555 entradas, y de L'Hemisfèric, con 354.524 entradas. El coste medio por visitante fue de 12,4 euros.

Ha hablado antes de que, además del turismo, uno de sus objetivos es la divulgación científica...

Mi sueño sería que dentro de 30 o 40 años, cuando un científico recibiera algún premio de excelencia, explicara que su vocación empezó cuando tenía ocho años y lo llevaron con la escuela de visita a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Por eso digo que hay  tres pilares en nuestro trabajo, impulsar un centro turístico de calidad, la divulgación de la ciencia y procurar que no cueste demasiado a los ciudadanos. No podremos ganar dinero nunca, pero sí hacer que resulte lo más barato posible.

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