Terminamos la carrera… ¿Y ahora qué?

Es la pregunta que nos hacemos la mayoría de estudiantes en el último año de nuestra carrera. Tenemos diferentes opciones tras salir, como hacer un máster, presentarse a unas oposiciones o intentar entrar en el mercado laboral. Aunque esta última es la que más ansiedad nos produce y, por lo que se puede ver, la opción que menos personas toman.

Cuando hablas con la gente que está en el mismo curso, muy pocos te dicen que van a buscar trabajo de algo relacionado con su carrera nada más acabarla, si no que la mayoría quiere ampliar sus estudios para conseguir mejores trabajos.

Tras la crisis de los últimos años y la fuga de cerebros que se ha dado en España, estamos en una situación de incertidumbre. ¿Encontraré trabajo? ¿Estará relacionado con mis estudios? ¿Tendré que irme fuera o podré trabajar aquí? ¿Será un trabajo precario o tendrá buenas condiciones? Dudas y más dudas que están presentes.

La precarización de los trabajos es algo que nos preocupa. A pesar de que somos la generación que más estudios tiene: un 43% de jóvenes tiene estudios superiores, entendidos como FP de grado superior o formación universitaria, y un 24% cuenta con el graduado en educación secundaria o una FP de grado medio, la cifra de abandono escolar primario es cada vez menor, situándose en 17,9% que es la tasa más baja que ha tenido nunca España. La mayoría de quienes hemos estudiado pensábamos que teniendo unos estudios superiores podríamos alcanzar un nivel de vida superior al de nuestros progenitores, una independencia y un trabajo con unas buenas condiciones. Pero no podíamos estar más equivocados, e incluso auguramos unas condiciones laborales y salariales peores, además de una independencia mucho más tardía, que empieza para la mayoría a la treintena.

Estudiamos carreras o grados superiores, sabemos idiomas y cada vez más gente entra a hacer másteres. Uno de nuestros importantes problemas es la experiencia. Buscan gente que esté altamente cualificada, pero que también lleve años trabajando, cosa que es muy improbable ya que muchos jóvenes pasamos nuestros primeros años adultos consiguiendo una formación por lo que muy pocos llegan a tener experiencia. En cambio, si esos años estás trabajando en lugar de formarte, en ciertos trabajos no te contratan porque no tienes un título superior.

Respecto a la temporalidad, también somos el grupo que más trabajos temporales tenemos: los menores de 25 años llegamos a una cifra de temporalidad del 72,8%, la más alta de Europa, y una cifra altísima si la comparamos con países como Reino Unido (13,8%) y Letonia (5,7%), siendo el país de Europa con más temporalidad en jóvenes. Pero, ¿hablamos de una temporalidad voluntaria? El caso es que no.

Fuente: Estudio de Oxfam Intermón: curros mierder. ¿Tienes una carrera, un postgrado y un taller de macramé? Eso da igual. 7 de cada 10 menores de 25 años tienen empleos temporales, el récord desde hace 20 años.

Cuando hablamos de salarios, el grupo de menores de 25 años se sitúa con una media salarial de 11.046 euros, mientras que la media nacional está en 23.156,34 euros cosa que desmotiva mucho al saber que vas a tener ingresos bastante bajos en tus primeros salarios. Pero la peor tasa, con diferencia se la llevan los menores de 20 años, como podemos ver en el gráfico.

Ahora, vamos a recoger las expectativas laborales de 3 alumnos que cursan el último año de grado. Contamos con una socióloga, una biotecnóloga y un ambientólogo.

Natalia, 21 años, estudiante de Sociología, tiene claro que va a seguir formándose. Ha pensado hacer un máster y seguir estudiando idiomas. Durante la carrera ha ido cambiando su idea de futuro, pero siempre ha tenido en mente continuar con estudios. En un principio tenía pensado hacer otra carrera, pero ahora prefiere especializarse con un máster. No le importaría trabajar en algo que no estuviera relacionado con sus estudios, pero si pudiera elegir sería algo relacionado con sociología aunque el salario fuese inferior. A corto plazo prevé que el trabajo que encontrará será más precario, pero tras especializarse espera encontrar un trabajo con mejores condiciones y que le llene, aunque esto suponga que tenga que moverse, tanto por España como fuera.

Carlos, 21 años, estudiante de Ciencias Ambientales, espera poder conseguir un puesto en su empresa de prácticas curriculares o en una empresa donde hizo unas prácticas extracurriculares, pero lo ve bastante complicado. En los últimos años de carrera ha decidido hacer un máster, ya que considera que le hace falta algo más de especialización en sus estudios y esto le podría abrir más puertas. También estaría dispuesto a trabajar en algo que no estuviera relacionado con su carrera, porque hoy en día las ofertas son escasas, pero no lo aceptaría si no se sintiera bastante capacitado o fuera un trabajo precario.

Cristina, 21 años, estudiante de Biotecnología, tenía claro que para completar sus estudios iba a hacer un máster, pero hasta tercero de carrera no tenía claro cuál quería hacer. Estaría dispuesta a trabajar en algo distinto, pero prefiere dedicarse a aquello que ha estudiado. Cuando hablamos de movilidad, a corto plazo tiene claro que quiere irse a investigar fuera ya sea de Valencia o de España, pero a largo plazo le gustaría poder trabajar en España.

Tenemos una visión algo pesimista frente a nuestro futuro, pasamos años formándonos, bachillerato, la carrera y además un máster, pero aun así tardaremos en encontrar trabajo y este posiblemente será en condiciones precarias y bajos salarios. Esto nos provoca frustración, ya que significa que nuestras condiciones de vida tardarán más en ser buenas y estaremos en casa de familiares más tiempo del que esperábamos. Pero esto no solo nos afecta a la juventud, sino también al estado que ha invertido en estudiantes que o se van para buscar nuevas oportunidades o tardan en encontrar empleo, esto hace que también se dejen de recaudar impuestos o que no se contribuya al sostenimiento del sistema de pensiones.

En definitiva, el desempleo y la precariedad laboral juvenil también afecta al conjunto de la sociedad y por eso se han de exigir políticas públicas de fomento del empleo y de dignificación del trabajo y los salarios.

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