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Almeida solo hace bibliotecas dentro de centros culturales y desoye a vecinos que las reclamaban: “Nos sentimos engañados”

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, mira unos libros en la Biblioteca Municipal Francisco Umbral. Es la última inaugurada por su Gobierno y está situada dentro del centro cultural Marta Escudero Díaz-Tejeiro.

Guillermo Hormigo

Madrid —
6 de enero de 2026 21:56 h

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“Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”, decía Jorge Luis Borges. La frase del legendario escritor argentino adquiere en Madrid, sin embargo, un cariz diferente. En esta ciudad, a tenor de las últimas actuaciones acometidas por el Ayuntamiento que lidera José Luis Martínez-Almeida, las bibliotecas toman forma de centro cultural. Un modelo que no consideran precisamente “el Paraíso” muchas de las personas que las vienen reclamando desde hace años, sobre todo en barrios con una acuciante falta de servicios públicos de carácter cultural o educativo. Desarrollos urbanos recientes que en muchos casos carecen de buenas conexiones de transporte y se componen de un gran porcentaje de población joven y estudiante.

Por ello, muchos vecinos de Villaverde, Montecarmelo, Carabanchel, Ensanche de Vallecas o El Cañaveral ven con recelo cómo una dotación que llevan años reclamando se transforma. De fondo, subyace el temor de que su calidad y cantidad se resienta, con menos fondos o zonas de estudio. Fernando Mardones, de la Asociación Vecinal Barrio de Montecarmelo, expone las dudas que el modelo les genera conversación con Somos Madrid: “Nos tememos que derive en menos espacio. El recinto es el que es, no es demasiado grande y comparte parcela con una escuela infantil”. El centro en el que se ubicará la futura Biblioteca Municipal Carmen Martín Gaite posee 2.266 metros cuadrados construidos. Pero la superficie útil de la biblioteca será sensiblemente menor.

Según indicó en 2023 la directora general de Arquitectura y Conservación del Patrimonio del Ayuntamiento de Madrid, en respuesta a varias preguntas de Más Madrid recogidas en un artículo de Público, la biblioteca tendrá 472 metros cuadrados. Esto la situaría en el puesto 30 de entre las 35 bibliotecas públicas de la red municipal. “Aunque es una construcción chula y eficiente, si edificios con estas dimensiones se dividen no cumple su función como bibliotecas”, opina Fernando. “Tampoco queremos que se convierta en un lugar menos diáfano y que los chicos no puedan utilizar la sala de estudio como es debido”, apostilla.

Algo parecido ocurre en el resto de centros culturales con bibliotecas proyectados por el Ejecutivo de Almeida: solo una parte de los 3.360 metros cuadrados del que el Consistorio prevé inaugurar en 2026 en Carabanchel Alto se destinará a la biblioteca, con una cantidad exacta por concretar. El de El Cañaveral acaba de iniciar sus obras con una apertura prevista en 2027. Según el Gobierno municipal, la biblioteca ocupará “un tercio” de los 5.295 metros cuadrados de superficie construida (que no útil).

Respecto al del Ensanche de Vallecas, que si todo va bien pondrá en marcha igualmente este año, la superficie es de 3.670 metros cuadrados, pero el enfoque tampoco agrada a los residentes. “Nosotros particularmente nos sentimos engañados”, traslada a este periódico Rosa María Pérez, presidenta de la Asociación Vecinal PAU del Ensanche. “La promesa inicial de equipamiento en esa parcela era una biblioteca. Durante el mandato de Carmena se hizo un proceso participativo para saber cómo queríamos las vecinas y vecinos que fuera esa biblioteca. Y de repente, nos enteramos de que se va a construir otra cosa sin tener en cuenta ese proceso participativo de hace ya demasiados años”, explica.

“El Ensanche de Vallecas es un barrio con más de 56.000 habitantes que, hasta el momento, no tiene ningún equipamiento cultural y el primero que construyen es una mezcla que nace pequeño y que se ubica en una esquina del barrio. Seremos el barrio de Villa de Vallecas con el mayor número de habitantes y la biblioteca más pequeña. Las primeras familias que vinieron a vivir al barrio lo hicieron en e 2007, lo cual supone que los primeros chavales y chavalas nacidas en el barrio tienen ya 18. Esto supone que empieza a haber un gran número de jóvenes vecinas y vecinos que necesitan sitios donde estudiar y la superficie de biblioteca no va a dar para todos. Siempre son bienvenidos los nuevos equipamientos, pero va con retraso y es claramente insuficiente”, añade Pérez.

Fachada del centro cultural con biblioteca en el Ensanche de Vallecas, que según el Ayuntamiento entrará en funcionamiento en los próximos meses.

Además del confort y la capacidad, la otra gran preocupación está en la cantidad de fondos: “Exigimos que no haya menos catálogo porque, por ejemplo, los institutos piden lecturas concretas y necesitamos disponer de ellas”, recalca Fernando. En este punto, un buen termómetro es el del primer centro cultural con biblioteca puesto en marcha por el equipo de Almeida y una de las dos únicas bibliotecas inauguradas desde que llegó al poder en 2019 (la primera, la de San Fermín en Usera, todavía mantuvo el formato tradicional). Se trata del centro Marta Escudero Díaz-Tejeiro, abierto en el distrito de Villaverde el pasado 2025, después de una agria polémica al imponer el Consistorio el nombre de una exvocal vecinal del PP y descartar otra denominación acordada por residentes del barrio de Butarque. En su interior se encuentra la Biblioteca Municipal Francisco Umbral.

La Francisco Umbral (con 642 metros cuadrados) abrió en mayo con unos 31.000 volúmenes, según informó el propio Ayuntamiento en una nota de prensa. Se trata de la cifra más baja de toda la red municipal, junto a la biblioteca de Vallecas y la de San Blas. En ambos casos, la cuantía total rebasa por poco esos 31.000 fondos, según la memoria de la red de bibliotecas municipales del Ayuntamiento de Madrid del año 2024. Son además la segunda y la tercera biblioteca con menores dimensiones de toda la red, con apenas 366 y 392 metros cuadrados de superficie útil, respectivamente. Y la de San Blas se halla también dentro de un centro cultural desde su apertura en 1987, el Antonio Machado.

El Ayuntamiento defiende el formato: “No merma los fondos”

Pese a ello, desde el área de Cultura de la corporación municipal sostienen en respuesta a las preguntas de este periódico que los casos donde una biblioteca se sitúe junto a un centro cultural en un edificio “no suponen una merma de los fondos dedicados a bibliotecas, ni de los fondos para adquisición de obras”. Apostillan además que “este modelo dota de un mayor dinamismo a ambos espacios, que ven complementada su actividad el uno con el otro”.

Estas fuentes municipales defienden asimismo la satisfacción de los usuarios: “La Dirección General de Bibliotecas del Área de Cultura, Turismo y Deporte no ha recibido ninguna queja ciudadana con respecto al modelo de situar una biblioteca pública junto a un centro cultural. De hecho, la satisfacción media de los usuarios del servicio de bibliotecas en 2024 es de 8,81 sobre 10, frente al 8,55 del 2023”. En ese período, sin embargo, no está incluida la puesta en marcha de la Francisco Umbral.

Temor a expectativas insatisfechas después de una larga espera

Fernando Mardones expone la frustración del largo proceso de llegada de una biblioteca a Montecarmelo, especialmente durante la visita a las instalaciones de la concejala delegada de Obras, Paloma García Romero, el pasado 30 de diciembre: “Nos pareció indignante que se vanaglorie de unos trabajos que llegan después de muchos años de espera y donde la gente no conoce la letra pequeña”. Fernando recuerda la “sorpresa” en este barrio al norte de la capital, en el distrito de Fuencarral-El Pardo, cuando el proyecto de la tan ansiada biblioteca incluyó a esta dentro de un centro cultural: “Ya tenemos uno en el que se llevan a cabo eventos, clases y exposiciones. El día 30, la delegada insistió en la idea de centro cultural con biblioteca, que no es lo que nos han venido diciendo todos estos años”.

Porque la historia de esta dotación tiene ya un largo recorrido, como recuerda Mardones: “Hubo un primer acuerdo con el Ayuntamiento para llevar a cabo una serie de infraestructuras casi a la par que Montecarmelo empezó a desarrollarse. Fue en 2008, a través de un compromiso firmado con la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (Fravm). La idea era empezar la biblioteca en 2010 para que se estuviera uno o dos años más tardes. Luego se fue recogiendo en presupuestos continuados sin ejecutarse. Del Gobierno de Manuela Carmena sacó la construcción a concurso, pero luego el del Partido Popular lo anuló. Lo recuperó en 2022, cosa que agradecemos, cambiando el acuerdo. Ahí nos encontramos que toma esta nueva forma de centro cultural con biblioteca”. Las obras arrancaron en marzo 2022 con un plazo ejecución de 24 meses que no se ha cumplido: “Dicen que estará abierta en unos meses”, comenta Fernando, entre la esperanza y la falta de convicción.

Estancia en el interior del centro cultural con biblioteca en Montecarmelo.

Durante todo ese tiempo, la necesidad de una biblioteca bien armada se ha vuelto cada vez más acuciante: “Ya somos 35.000 habitantes, con mucha población tanto infantil como cada vez más juvenil, en edades de instituto que hacen este tipo de dotaciones imprescindibles”. Utiliza como ejemplo paradigmático el de su hija, aunque ya en la universidad: “La falta de espacios es tal que cuando estudiaba fuera lo hacía en el McDonald's, en las horas muertas entre comidas aprovechando que había menos ruido”.

La falta de espacios es tal que cuando mi hija estudiaba fuera lo hacía en el McDonald's, en las horas muertas entre comidas aprovechando que había menos ruido

Fernando extrapola “el déficit de plazas de biblioteca” al conjunto de Fuencarral-El Pardo, distrito donde además el Gobierno de Almeida ha detenido la edificación de otra biblioteca en el área residencial de Las Tablas, en el barrio de Valverde. Su Ejecutivo procedió a repetir la jugada de adaptar el proyecto a centro cultural con biblioteca, aunque Carmena ya llevó a cabo en 2018 un concurso para adjudicar el diseño y la construcción previos, con el que cumplir el acuerdo entre entes vecinales y el Ayuntamiento suscrito en 2008. “Queremos seguir defendiendo este proyecto de Biblioteca. El centro cultural es otra cosa distinta, que en nada tiene que ver con una biblioteca abierta al desarrollo de espacios, no solo de estudios sino de laboratorio de ideas, de proyectos de emprendimiento, de ágora literaria y cultural”, recoge en su web la Asociación Vecinal de Las Tablas ante los nuevos planes municipales, que en este caso ni siquiera se han puesto en marcha.

“Es un distrito con 253.000 habitantes y solo tiene dos bibliotecas, una de la Comunidad de Madrid (la Rafael Alberti) y una municipal (la José Saramago). En muchos municipios de unos 35.000 habitantes, que son solo los del barrio de Montecarmelo, tienen ese número de bibliotecas”, lamenta Fernando Mardones. Resalta el caso del Barrio del Pilar, con una enorme densidad urbana (más de 46.000 personas viven en poco más de 1 kilómetro cuadrado), donde solo cuentan con la biblioteca José Saramago.

La importancia (y los números) de un catálogo robusto para barrios en pleno desarrollo

La situación es similar a la de Villaverde, distrito que hasta la inauguración de la Francisco Umbral carecía de bibliotecas municipales y contaba con solo una pública. Se trata de la María Moliner, con titularidad de la Comunidad de Madrid. Ahora dos espacios cubren el servicio para casi 160.000 habitantes. Atendiendo estrictamente a un nivel barrial, San Cristóbal (donde se ubica la María Moliner) y Butarque (con la Francisco Umbral) están bien dotados. Pero estas bibliotecas son también el principal recurso, en muchos casos, para los tres barrios del distrito que permanecen sin ninguna: San Andrés, Los Ángeles y Los Rosales. Una dinámica habitual en distritos del extrarradio madrileño que da cuenta de la importancia de construir más bibliotecas, con más plazas de estudio y con mayores fondos.

Así, los 31.000 volúmenes de su catálogo inicial cumplirían los estándares que recogen las pautas internacionales de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA) si tomamos como lugar de referencia el barrio de Butarque. Para dar servicio a su población, de entre 20.000 y 25.000 habitantes, la IFLA recomienda una colección inicial que oscile entre 20.000 y 65.000 documentos. Pero la eficiencia no se cumple al tomar los habitantes totales de Villaverde, unos 160.000, y dividirlos entre las dos bibliotecas públicas del distrito. Para una población de 80.000 habitantes, la entidad internacional recomienda un fondo de entre 45.000 y 80.000 volúmenes.

Pautas recomendadas de número de documentos por habitantes en la colección inicial de las bibliotecas públicas, según la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA).

Aunque la coyuntura de la Francisco Umbral responde en parte a su reciente creación y es previsible que esté experimentando un paulatino aumento de fondos, la mayoría de previsiones se cumplieron y su dotación se preparó con suficiente margen: “El departamento de adquisiciones y el de catalogación preparan en Conde Duque el fondo, que lleva almacenado unos cinco años en previsión de la nueva biblioteca de Villaverde”, declaraba este diario el director de Bibliotecas, Archivos y Museos del Ayuntamiento de Madrid, Emilio del Río. La directora de la Francisco Umbral, Natalia García, detalló a este diario que solo quedaron “un puñado de materiales audiovisuales por trasladar” antes del pasado 23 de mayo.

Fernando Mardones cree que la insuficiente dotación de estos espacios públicos, la tardanza de su ejecución o los cambios de los proyectos originales responden a unas causas similares: “En todo esto sobrevuela la idea de que se corre mucho para construir las viviendas, pero luego los equipamientos llegan muy tarde. En Montecarmelo solo hay una parcela deportiva básica, con dos pistas siempre llenas. Mientras esperamos un centro de salud, vemos que muchos terrenos siguen vacíos, 20 años después de que se desarrollen las viviendas. Y el instituto tardó en 15 años”. Unas esperas tan prolongadas que ya solo les queda un anhelo: tener lo que pedían y esperaban, sin cambios de última hora, cuando por fin puedan disfrutar de ello.

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