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INVESTIGACIÓN

El atentado contra el cuartel de Zaragoza espera a Josu Ternera, el último 'general' de ETA

El Tribunal Supremo le llamó a declarar en noviembre de 2002 como supuesto responsable de un atentado que causó 11 muertos, pero José Antonio Urrutikoetxea, entonces parlamentario de Euskal Herritarrok, huyó de España para integrarse de nuevo en la dirección etarra

La Guardia Civil le acusó de participar en 1987 en la "toma de decisión de cometer un atentado de envergadura" y de dar la orden de hacerlo al 'comando Argala', responsable de la matanza en el acuartelamiento de Zaragoza

Josu Ternera logró escapar de la operación policial organizada para detenerle en Francia el 16 de julio de 2013

Todos los medios policiales consultados apuntan que Urrutikoetxea estaría al margen de la dirección de la organización ya desarmada

José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, en una imagen exclusiva de 2013.

José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, en una imagen exclusiva de 2013.

José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, más conocido como Josu Ternera, es el último 'general' de ETA que sigue en libertad. Lo ha sido todo en la izquierda abertzale: dirigente desde 1975 de la organización terrorista -ahora desarmada y en pleno debate sobre su "desmovilización definitiva"- y parlamentario por Euskal Herritarrok junto a Arnaldo Otegi hasta su huida en noviembre de 2002. Fue también el hombre que se sentó frente al entonces presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, en las fracasadas negociaciones de la etapa del Gobierno que lideraba el socialista José Luis Rodríguez Zapatero (2005-2006). El terrorista que esperó sin éxito en Noruega, junto a los también dirigentes etarras Iratxe Sorzabal y David Plá (ahora en prisión) a que algún emisario del Gobierno popular de Mariano Rajoy les tomara la temperatura para avanzar hacia un final negociado de ETA que nunca llegó. Los tres fueron expulsados a mediados de febrero de 2013 de Oslo por el Ejecutivo noruego tras constatarse que Rajoy había descartado esa vía nada más llegar a la Moncloa.

Y Josu Ternera es también el único histórico dirigente de ETA que ha logrado hasta ahora evitar caer en manos de las policías francesa y española y de la Guardia Civil. Por el momento. Está prófugo de la justicia desde el 14 de noviembre de 2002, mes en el que tenía que haber declarado como imputado por el salvaje atentado de Zaragoza. El próximo 24 de diciembre cumplirá 67 años. El próximo 11 de diciembre se cumplirán 30 años del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza.

Todas las fuentes antiterroristas consultadas coinciden en señalar que José Antonio Urrutikoetxea ya no está al frente de la organización, ni encuadrado en el Comité Ejecutivo. Los agentes antiterroristas españoles que trabajan sobre el terreno en Francia y la policía gala le perdieron la pista a mediados de julio de 2013 en un pequeño pueblo de los pirineos franceses cercano a la frontera con España, Durban-sur-Ariège de unos 200 habitantes donde estuvo conviviendo de manera con su pareja Agnès Cerlo. Las fotos exclusivas que acompañan a esta investigación de eldiarionorte.es habrían sido realizadas en esa etapa. En las imágenes se ve a Josu Ternera jugando con un bebe al aire libre.

José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, en una imagen exclusiva de 2013.

José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, en una imagen exclusiva de 2013.

Diversas fuentes policiales sitúan al exdirigente etarra en ese pueblo -cercano a Andorra y situado en el Departamento de Ariège- de manera intermitente en los años precedentes a la operación policial desarrollada el 16 de julio de 2013. Josu Ternera logró de nuevo huir sin que haya habido una explicación consistente y convincente de lo que pudo pasar para que Urrutikoetxea no fuera arrestado entonces por el Grupo de Intervención de la Policía Nacional francesa (GIPN).

Convivía con Cerlo y, durante ese tiempo, ambos cuidaban de un bebé de corta edad. Una relación que el exdirigente etarra ha mantenido durante décadas. De hecho, cuando Josu Ternera fue detenido por primera vez por la policía gala cuando viajaba junto a Elena Beloki en Bayona en una motocicleta el 11 de enero de 1989 -tras una reunión en la que participó el abogado y entonces dirigente de Herri Batasuna (HB) Txema Montero -más tarde asesor de Eugenio Etxebeste, Antxon, en las conversaciones de Argel-, ya le acompañaba Agnès Cerlo, quien también fue arrestada entonces. Tras cumplir condena en Francia, Josu Ternera fue expulsado el 4 de mayo de 1996 y, ya en España, procesado por varios delitos relacionados con la actividad de ETA. Finalmente, fue puesto en libertad definitiva el 14 de enero de 2000. 

El informe incriminatorio del instituto armado

La tesis fundamental que los analistas de la Guardia Civil han constatado -y así lo reflejan en el informe remitido inicialmente en 2001 a la Fiscalía de la Audiencia Nacional y al que ha tenido acceso eldiarionorte.es- es que los máximos responsables de la organización terrorista -el Comité Ejecutivo o Zuba- "no son dirigentes 'en abstracto', sino que realizan funciones efectivas de dirección de toda la actividad terrorista. Este análisis buscaría de los tribunales una persecución e imputación penal de los máximos dirigentes de la ya organización desarmada: "deducir la imputación" de los "miembros de las estructuras directivas de ETA en la comisión de los atentados ejecutados por los distintos comandos".

El análisis realizado por dos miembros del Servicio de Información de la Guardia Civil -un detallado informe de 127 páginas elaborado en junio de 2001- pretendía precisamente aplicar esta tesis al entonces parlamentario de Euskal Herritarrok y exdirigente de ETA, José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, Josu Ternera. En su caso, por su implicación en la matanza del cuartel del instituto armado ocurrida el 11 de noviembre de 1987, hace ahora 30 años.

Ese día es justo el que quiere olvidar definitivamente Jesús Cisneros, uno de los dos guardias que estaban en la garita del cuartel cuando el jefe del 'comando Argala' de la organización terrorista -creado por la dirección de ETA en 1978 y activo hasta su desarticulación en abril de 1990- colocó un coche bomba a las 6:10 de la mañana en el exterior del cuartel. Olvidar los cascotes, el polvo tras la explosión, los dolores, los cadáveres, los cinco ataúdes blancos...

"Mi marido no está bien. Queremos cerrar esta página de nuestras vidas definitivamente". Quien habla es la esposa de Jesús Cisneros, el guardia civil que esa mañana salió corriendo en busca de los artificieros alertado por su compañero Pascual Grasa cuando vieron salir humo de un coche que los terroristas habían aparcado minutos antes frente al cuartel. Tenía las luces apagadas. Era un Renault 18, sutraído en la localidad guipuzcoana de Tolosa el 23 de agosto de ese mismo año, y lo conducía Henri Parot, el jefe del comando. Tenía matrícula falsa M-5950-FW.

-"Jesús, sale humo", gritó Pascual.

-"Entonces es una bomba", contestó su compañero.

En su interior, los terroristas de este "comando especial", según el instituto armado, -compuesto por activistas legales (no fichados), todos franceses, liderado por Henri Parot y que respondía directamente a las órdenes de la dirección etarra- habían colocado 250 kilos de amonal y mucha metralla. "Al general, amonal", se gritaba por aquel entonces en las manifestaciones que convocaban las diferentes organizaciones de la izquierda abertzale (HB, Jarrai, KAS) que nunca han condenado a ETA. El objetivo, ocasionar el mal en mayúsculas. En la casa cuartel vivían unas 40 familias (180 personas) y varios estudiantes de la residencia que alojaba el edificio. 11 personas fueron asesinadas -entre ellas cinco niñas- y otras 65 resultaron heridas. Debe ser muy difícil para Jesús Cisneros olvidar todo esto.

ETA estaba entonces en los prolegómenos de las negociaciones de Argel con representantes del Gobierno socialista de Felipe González. "En esa época ya se habían producido los primeros contactos de ETA con representantes del Gobierno, que posteriormente desembocarían en las denominadas 'conversaciones de Argel", admite la Guardia Civil. Y, tras la detención a finales de septiembre de 1987 del dirigente Santiago Arrospide Sarasola, Santi Potros, considerado entonces por la Policía como el jefe militar de la organización terrorista, la dirección etarra vio la necesidad de hacer un "gran atentado". Antiguo miembro de los comandos Bereziak (especiales) de la rama político militar de ETA que después se integraría en ETA militar, Santi Potros compartía con el resto de dirigentes Francisco Múgica Garmendia, Pakito, y Josu Ternera, entre otros, la conveniencia de ejecutar "grandes atentados" para llegar fortalecidos a esa negociación con el Estado. Acciones sangrientas e indiscriminadas.

Y uno de sus tentáculos más aventajados, "de mayor agilidad" y secreto era el 'comando Argala'. Primero fue el atentado de Hipercor, en Barcelona: 21 muertos y 45 heridos, la mayor matanza en la historia de ETA, ejecutada el 16 de junio de ese año, y, seis meses después, llegaría el realizado contra la casa cuartel de Zaragoza: 11 muertos y 65 heridos. A principios de ese año, el 'comado Argala' colocó tres coches bomba en la capital de España, siguiendo las órdenes de la dirección: "es necesario hacer 'ekintzak' [acciones-atentados] en Madrid".

"En definitiva, el 'comando Argala' constituía una herramienta eficaz para el Comité Ejecutivo de ETA, que lo utilizaba en función de la coyuntura estratégica de cada momento", se apunta en el informe de la Guardia Civil. Y a su vez, los integrantes de la dirección y de todos sus aparatos pusieron "a disposición de los ejecutantes los medios materiales necesarios para la comisión efectiva del hecho delictivo". También para el atentado de Zaragoza.

Josu Ternera (derecha) y Joseba Álvarez flanquean al dirigente Arnaldo Otegi. La foto está hecha poco antes de la huida del exdirigente etarra.

Josu Ternera (derecha) y Joseba Álvarez flanquean al dirigente Arnaldo Otegi. La foto está hecha poco antes de la huida del exdirigente etarra.

La justicia española condenó en julio de 2003 a Santi Potros a 790 años de cárcel por ordenar el atentado de Hipercor. Y eso era precisamente lo que buscaba la Guardia Civil con su informe sobre Josu Ternera, quien entonces defendido por los letrados abertzales Kepa Landa y Jone Gorizelaia, optó por huir y no presentarse ante el Tribunal Supremo para aclarar su supuesta responsabilidad en ese atentado.

En resumen, la Guardia Civil sostiene que la función de los máximos dirigentes de ETA "es decisiva y necesaria para que se llegue a realizar cualquier acción terrorista". "Imprescindible", la considera el instituto armado, y sitúa a Urrutikoetxea, tras enumerar de manera prolija una docena larga de testimonios de etarras, como uno de sus principales dirigentes en aquella época.

"Josu Ternera controla toda la 'organización'"

El informe está basado en textos periciales, documentación interna de la propia organización armada (cartas manuscritas o partes de la contabilidad de ETA decomisadas en la 'operación Sokoa', entre otros muchos documentos), manifestaciones policiales, judiciales e incluso declaraciones en el acto del juicio oral de diferentes miembros de ETA. Entre ellos, fueron claves los testimonios de los etarras arrepentidos José Manuel Soares Gamboa, quien en su declaración judicial ante el juez Baltasar Garzón de octubre de 1995 ya identificó a Josu Ternera como "responsable del Aparato Político". O la del etarra Juan José Rego Vidal, quien se refirió también en 1995 a Josu Ternera como la persona que "en ese momento [1987], controla la 'organización' de manera absoluta".

Unos pocos días antes de la primera citación ante el Alto Tribunal para declarar como imputado, prevista para el 6 de noviembre de 2002, José Antonio Urrutikoetxea estuvo en un congreso junto a los dirigentes independentistas Arnaldo Otegi y Joseba Álvarez. Cuando llegó la segunda citación, prevista para el 13 de ese mismo mes, Josu Ternera ya había desaparecido.

"¿No tenía cáncer? ¿Pero cuándo se va a morir? y que Dios me perdone"

Lucía García tiene ahora 72 años y no desea mal a nadie. No lo ha hecho nunca. Ni siquiera a José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, Josu Ternera. Pero cuando se le pregunta por el supuesto ideólogo de la matanza en la casa cuartel de Zaragoza en 1987 se le calienta el verbo. Lucía es creyente, "de derechas de toda la vida", pero al nombrarle al exdirigente de ETA le asoma una pizca de mal deseo. Es el único momento de la charla telefónica en el que pierde la compostura.

"¿Pero no tenía cáncer? ¿Pero cuándo se va a morir? Y que Dios me perdone", confiesa en conversación con este periódico Lucia es la esposa del guardia civil Atanasio Ruiz, de 71 años, y madre de Fátima, 46 años, y Lucía, de 41. Todas ellos estaban en el cuartel aquel 11 de diciembre de 1987, y todas están vivas para contarlo. Formaban una de las cerca de 40 familias que hacían vida en la instalación del instituto armado en Zaragoza hasta que ETA lo voló por los aires.

"Cada día que pasa te duele el cuerpo y el alma por aquello, pero al final todo se atenúa", admite ella. Lucía tiene una invalidez total desde el atentado. Este verano lo pasó enterito postrada en la silla de ruedas. La unidad del dolor es como su segunda casa. "Con la deflagración se me aplastó toda la columna". Su marido lo ha llevado mejor. "Él siempre dice que yo he llevado toda la carga, que quien ha pagado todo he sido yo, pero al final lo que yo digo es que estamos vivas para contarlo".

Los terroristas declararon tras ser detenidos: "Deciden colocar el coche bomba en el cuartel de Zaragoza buscando el punto donde sabían que podrían producir víctimas entre los familiares de los guardias civiles, suponía que eran las habitaciones de los guardias solteros, justificando Paco [Mugica Garmendia] que aunque hubiera familiares que resultaran muertos o heridos ETA militar ya había avisado varia veces que la familias debían estar fuera de los cuarteles". Lucía no puede olvidar a las víctimas, las de los ataúdes de las niñas: Rocío Capilla, de 13 años; Silvia Pino y Silvia Ballarín, ambas contaban 7 años, y las gemelas Julia y Esther Barrera Alcaraz, de 4 años. Más ahora que tiene cinco nietos. "Te quitan todas las penas. A mí siempre me ha gustado cantar, pero tras el atentado se me quitaron las ganas de todo. Con la primera nieta volví a cantar", recuerda con una sonrisa que casi se puede ver al otro lado del teléfono. "No dudan en parapetarse irresponsablemente tras familiares y población civil en general", argumentó cínicamente ETA al reivindicar la autoría de la matanza tres días después. En aquella época los comunicados los redactaba el Aparato Político, unos Elena Beloki, pero "a veces los redactaba el propio Josu Ternera", declaró tras su detención. Tras la detención de Urrutikoetxea, se hizo cargo de esa tarea el dirigente José Luis Álvarez Santacristina, al que se le ocupó en su ordenador personal en la detención los comunicados de la organización terrorista entre 1989 y marzo de 1992, cuando cayó la cúpula de ETA en Bidart (Francia), incluido el publicado el mismo día de esa operación policial contra la dirección etarra. 

Lucía y Atanasio acaban de volver de pasar una temporadita en un balneario. Les ha servido para cargar pilas después de un verano duro. En unos pocos días se volverán a enfrentar a todos sus fantasmas.

Las noticias sobre la mala salud de hierro de Josu Ternera le han acompañado en las últimas décadas. Se ha hablado y escrito mucho del supuesto cáncer que padecería desde hace años el exdirigente etarra, pero no se ha podido aportar dato fiable alguno sobre este. La última información sobre este asunto la publicó el diario La Razón el pasado 17 de abril con este titular: "El etarra Josu Ternera está ingresado en una clínica en fase terminal". Como toda la serie de 'partes médicos' de Josu Ternera a lo largo de su vida, ninguna fuente oficial ha confirmado o desmentido la información.

"¿Por qué no lo cogen?", se pregunta Lucia y, con ella, media España y Francia. Tampoco ha habido explicación oficial alguna por la demostrada capacidad de Josu Ternera de burlar, siempre en el último momento, las diferentes operaciones policiales que han buscado su detención. ¿Trato de favor? ¿Le ha salvado siempre ese olfato que solo desarrollan quienes han estado tantos años en la clandestinidad?

Todavía no se ha escrito el capítulo final del último 'general' de la organización terrorista y desarmada ETA, ahora que sus militantes -todos entre rejas (305) salvo una decena de activistas que todavía no han sido arrestados- debaten sobre cómo echar definitivamente la persiana de terror tras más de cinco décadas de existencia.

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