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El cierre de albergues tras la temporada de invierno aumenta el número de sintechos en las calles

El principal perfil de una persona sin techo hoy en día corresponde a inmigrantes que vienen a buscarse la vida, chicos de 18 años que salen de centros de menores y no hay recursos paar ellos

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Manifestantes durante la concentración en Bilbao por los derechos de las personas sin hogar Eldiarionorte.es

Con el fin de la temporada de invierno, albergues de Bizkaia, como el de Altamira, cierran sus puertas a las personas sin hogar. El albergue de Altamira, también conocido como Albergue de Peregrinos de Bilbao, se utiliza desde 2010 durante los meses "cálidos" -de abril a octubre- para dar asilo a los peregrinos que visitan la ciudad. Sin embargo, los meses de invierno, es habilitado para dar cobijo a alrededor de 80 personas sin hogar.

Ante esta situación, diversas agrupaciones como Ongi Etorri Errefuxatuak y Beste Bi, la plataforma en defensa de las personas sin hogar y en exclusión social de Bizkaia han organizado concentraciones de protesta en Bilbao para que "no se cierren albergues mientras haya personas durmiendo en la calle".

"Lo que advertimos en estas fechas es que el cierre de los albergues invernales supone que más personas se vayan a la calle", explica Héctor López, miembro de Sortarazi, entidad que forma parte de Beste Bi y uno de los organizadores de la concentración por la Dignidad de las Personas Sin Hogar celebrada recientemente en Bilbao. "El sinhogarismo no acaba con la temporada invernal, es algo que requiere una planificación más larga en el tiempo. A las entidades que trabajamos con este perfil, estas situaciones nos perjudican mucho porque nos hacen muy difícil el trabajo. Hay que tener en cuenta las estrategias para personas sin hogar y desarrollarlas de manera correcta, cosa que los ayuntamientos no están haciendo de una manera precisa".

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Concentración en Bilbao por los derechos de las personas sin hogar Eldiarionorte.es

Por su parte, desde el propio albergue de Altamira, el presidente de la agrupación de Hospitaleros Voluntarios del Camino de Santiago para Bizkaia, Juanjo Mateu, ha explicado a este diario que el albergue se trata de un lugar concebido por el Ayuntamiento de Bilbao para peregrinos y, por esa razón, se cierra tras el invierno y se habilitan 40 plazas para estos viajeros: "Este lugar está concebido por el Ayuntamiento para el albergue de peregrinos. En época de invierno se abre para gente sin techo, pero durante todo el año está concebido para peregrinos del Camino de Santiago".

En lo que se refiere a los centros con alojamiento, Euskadi disponía en 2016 de 201 centros que ofrecían un total de 2.971 plazas. De todos ellos, 18 eran albergues y centros de baja exigencia que ofrecían 467 plazas de alojamiento. El resto de centros -183, en total-, constituidos por diversas modalidades de alojamientos colectivos y viviendas, ofertaron un total de 2.504 plazas y facilitaron una vivienda temporal a 1.975 personas. No obstante, según los últimos estudios realizados, 264 personas duermen en la calle actualmente en Bizkaia. 

Personas como Josu, un joven de 26 años que lleva tres viviendo en la calle. Josu especifica que dos de esos tres años los ha pasado en una cabaña en el monte sin agua, luz y con un camping-gas. El año restante (y donde reside actualmente) vive en una lonja. "Pasé dos años en la cárcel y desde entonces estoy fuera, en la calle. Hay que hacer algo más por las personas sin hogar. Es muy duro estar sin poder satisfacer las necesidades básicas de higiene. Yo, gracias al centro Etxepel, puedo ducharme, puedo tener un aspecto físico decente, puedo comer caliente, pero ya estoy cansado de vivir así".

Ludi, de 54 años, también paticipó en la concentración. A pesar de que hasta ahora el número de mujeres sin hogar era más bajo que el de hombres, la tendencia está en aumento. Ludi, actualmente vive en un piso compartido del programa Bitartean-Gamiz, pero antes de ello, vivía en la calle sin ningún tipo de recurso. 

"Se viven situaciones violentas en la calle"

"Mi hijo se independizó y terminé en la calle, sin dinero y sin casa. Lo pasé muy mal y además el hecho de ser mujer es un mal añadido porque te tienes que proteger de los hombres que están viviendo en la calle también. Se viven situaciones bastante violentas: eres agredida, te intentan violentar, no es nada fácil la vida en la calle. En el comedor social al que iba la única mujer que había era yo, y creo que eso es muy significativo. Las mujeres normalmente no terminamos tan fácilmente en la calle, normalmente se tiene familia a la que recurrir, pero ese no fue mi caso y me vi yo sola ".

Euskadi cuenta con un total de 29 centros que ofrecen un total de 1.084 plazas de atención diurna de tipo ocupacional y/o socioeducativo. Si a estas plazas se le añaden centros de alojamiento o comedores sociales, el resultado son 2.210 plazas. Además de los centros de día, Euskadi dispone también de 8 comedores sociales, 1 en Álava, 5 en Bizkaia y 2 en Gipuzkoa, que ofrecen un total de 2.013 plazas de comedor, así como de 6 centros que ofrecen servicios de intervención en calle específicamente dirigidos a personas sin techo, de los cuales 4 están en Bizkaia y los dos restantes en Gipuzkoa y Álava. Sin embargo, una de las carencias de este sistema es que la respuesta que se da al sinhogarismo desde los Servicios Sociales está excesivamente basada en los recursos de urgencia y en los alojamientos residenciales de corta y media estancia, y no en el acceso estable a la vivienda ordinaria. 

Desde el Departamento de Vivienda del Gobierno vasco, apuntan que en algunos momentos pueden ofrecer una vivienda, pero la atención directa corresponde a los servicios sociales de base. "Es un tema complejo porque muchas personas están en la calle por múltiples circunstancias, como los desastres de la vida, pero no para todas la solución es darles una casa. Pueden tener problemas de alcoholismo, problemas mentales y ellos mismos serían incapaces de gestionar una vivienda. El tratamiento es complejo".

Perfil de la persona sin hogar

"A pesar del imaginario colectivo de esa persona sin hogar de 40-50 años con consumo de drogas y de alcohol", apunta Héctor López, "hoy desgraciadamente, diríamos que hay diferentes perfiles". Por una parte, está ese perfil clásico, pero minoritario. Y, por otro lado, hoy en día el mayoritario se corresponden con personas inmigrantes que vienen a buscarse la vida desde otras latitudes del mundo. "La situación administrativa les impide en un periodo no menor de tres años alcanzar una vivienda, unos recursos económicos estables y, por lo tanto, se ven abocados al sinhogarismo. Ese es un perfil muy joven, chicos de 18 años que salen de centros de menores y no hay recursos suficientes para ellos y terminan en la calle", ha explicado

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Grupo de manifestantes durante la concentración en Bilbao por los derechos de las personas sin hogar Eldiarionorte.es

Dentro de la Estrategia Vasca para las Personas sin Hogar 2018-2021 está prevista la cesión de 100 viviendas para los programas de Housing First hasta 2020, con una cadencia de 20 viviendas en 2018, 40 en 2019 y otras 40 en 2020. Aun así, la estrategia contempla el problema de que la atención a las personas sin hogar depende de la capacidad de acción, los recursos materiales y las fórmulas organizativas de los Servicios Sociales y, más concretamente, de los servicios sociales de atención a la exclusión social. A pesar de que en los últimos años ha crecido, el sistema de servicios sociales tiene una serie de limitaciones en comparación con otros sistemas que reciben más recursos y tienen un mayor grado de desarrollo como pueden ser la salud, la educación o los servicios sociales de atención a la dependencia. 

Por otra parte, otra de las complicaciones es que se equipara el sinhogarismo con la exclusión residencial y exclusión social, cuando se trata de tres conceptos diferentes. Esto ocurre porque los tres se encuentran dentro de la dependencia de los servicios sociales. No obstante, hay que diferenciarlos porque no es lo mismo pasar por un determinado momento por la exclusión residencial que sufrir la exclusión social que viven algunas personas y que por sus circunstancias el que se les conceda una vivienda no da solución a su problemática personal.  

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