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La recuperación económica apenas alivia la crisis social

La repercusión del desempleo en personas con responsabilidades familiares y la exclusión para siempre del mercado laboral de una parte importante de la población muestra el verdadero impacto social de la crisis

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La crisis ha devastado el secot de la construcción en Euskadi: la mitad de trabajadores al paro y 13.000 empresas cerradas

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Durante la crisis, Euskadi ha sido capaz de mantener unas tasas de desempleo inferiores a la media nacional e incluso por debajo de las del periodo de otra gran crisis, como la de 1992-1997 (13,9% frente a 21,9%). Sin embargo, el impacto social de la crisis actual es muy superior a lo que reflejan esos datos. Luis Sanzo, responsable del órgano estadístico del Departamento de Empleo y Políticas Sociales  ha analizado los principales problemas económicos y sociales heredados del impacto de la crisis en el mercado de trabajo para la revista Zerbitzuan y advierte de que “el comienzo de la recuperación económica no corre en paralelo con la superación de la crisis social”. Al contrario, “las consecuencias de la crisis en términos de formas más graves de desempleo tardarán todavía cierto tiempo en empezar a superarse y podrían agravarse en los próximos años”.

Entre otras razones, Sanzo apunta al enorme impacto del desempleo en personas con responsabilidades familiares. “Se observan cambios sustanciales en el tipo de personas afectadas por el desempleo en la actualidad. La proporción de personas de 45 o más años en la población parada aumenta del 10% y el 15% de 1986 y 1996, respectivamente, a un 29,9% en 2013. Tanto en 1996 como en 2013, algo más de un 58% de las personas paradas tienen entre 35 y 44 años, frente a un 40% en 1986.

La principal implicación de esta tendencia ha sido “el fuerte incremento del porcentaje de personas desempleadas con responsabilidades en el mantenimiento del hogar. En 1996, apenas un 32,8% de las personas desempleadas tenían responsabilidades de hogar; en 2014, esa cifra llega al 63,1%”.

El segundo factor que acentúa el impacto social del desempleo es la exclusión a largo plazo del mercado laboral de una parte importante de la población parada. Este tipo de situaciones de exclusión estructural del sistema productivo incluyen, según Sanzo, a las personas que llevan 30 o más meses en desempleo y acceden a lo sumo ocasionalmente a trabajos marginales (más de 18 meses en el caso de las personas principales del hogar). “El dato más llamativo en este punto es que todavía en 2010 la crisis no se había traducido en Euskadi en un aumento llamativo de estos desempleados estructurales. Conformada por 30.380 personas en 2006, la cifra apenas había avanzado a 34.813 en 2010. En 2014, sin embargo, se multiplica por tres, pasando a 114.147. Este grupo de desempleados fuertemente alejados a largo plazo del sistema productivo resulta dominante en el desempleo actual en Euskadi, con los graves problemas sociales que conlleva”.

La Encuesta de Pobreza de 2014 revela, de hecho, que la pobreza ha tendido al alza este 2015. A pesar de la incipiente recuperación económica, los beneficiarios de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) no decaen. El motivo es que esta prestación “hace frente a las fuertes limitaciones observadas en el sistema de protección estatal al desempleo, de modo que, en las circunstancias actuales, no se limita a completar los ingresos base garantizados por ese sistema, sino que constituye la principal alternativa a la desprotección de las personas en desempleo excluidas a largo plazo del sistema productivo. Este constituye en la actualidad el núcleo de la pobreza real en Euskadi”.

En este contexto de desprotección, Sanzo recalca que la RGI resulta necesaria para consolidar la cohesión social y prevenir las consecuencias más indeseadas de la crisis. “Los recientes datos de la Encuesta de Condiciones de Vida muestran que las implicaciones sociales de esta política son positivas para Euskadi: es tanto la comunidad autónoma con menor tasa de pobreza como la que tiene los mayores ingresos personales medios”.

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