Una semana después de las primarias: Susana Díaz busca su sitio en la “nueva etapa” del socialismo andaluz
Domingo 13 de junio. 21.30 horas. En la sede regional del PSOE de Andalucía se anuncia la victoria de Juan Espadas. Ha conseguido el 55% de los votos y será el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía en las próximas elecciones autonómicas. Ha ganado en cinco de las ocho provincias andaluzas: Cádiz, Granada, Huelva, Jaén y Sevilla. “Sí, sí, sí, el cambio ya está aquí”. La cruz de la moneda queda para Susana Díaz con un respaldo del 38% por parte de la militancia. El tercer aspirante, el exdiputado Luis Ángel Hierro, se queja del “apagón informativo” sufrido por su candidatura durante la campaña de primarias. Saca poco más del 5% de los apoyos.
A Díaz el liderazgo se le ha escapado entre los dedos. Ni la noche la deja ya en paz y parece haber perdido todas las partidas. Y hasta los más fieles se arriman al sol que más calienta o se alinean con el nuevo líder. Ahora la estrella y centro de la familia socialista andaluza está en el Ayuntamiento de Sevilla.
El PSOE-A ha iniciado esta semana un periodo para reconquistar el Gobierno de la Junta. La “ilusión” y la “unidad” son las palabras que más se repiten. Hay otra: incertidumbre. ¿Qué hará Díaz cuando la han puesto contra la pared? “Déjenme que me siente con Juan [Espadas]”, dijo la sevillana ante la insistencia de los periodistas tras su derrota.
Saber irse de los sitios es complicado, sobre todo si se es “más socialista que el escudo”. Díaz se ha puesto a “disposición” de Espadas, pero asumir esta caída conlleva tiempo. Es como la sintomatología depresiva de la jubilación que no se anima ni con la concesión de un huerto urbano. A cultivar ya la han puesto muchos de los barones socialistas, como el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, con los que hasta no hace mucho se codeaba. Pero, ¿qué hará, entregada en cuerpo y alma a su partido, con unas mañanas libres para alargar el desayuno?
La actual secretaría de los socialistas andaluces no quiere “estorbar” en esta transición de poder. Pero no se va. Su marcha en diferido -pretende mantener su puesto hasta el próximo congreso regional fijado en diciembre- levanta recelo en el equipo de Espadas y en Ferraz. Atrincherarse en su posición mientras pierde el control del grupo parlamentario sería un suicidio político. Ella es su enemigo. Además, pese a que fuentes de la dirección federal del PSOE no quieren hacer “un Tomás Gómez” en Andalucía (esto es, nombrar una gestora como hicieron con el exsecretario general de los socialistas madrileños), apartar por la fuerza a Díaz es de esas cosas que no casan con el estilo moderado de Espadas.
A Díaz no se le han cerrado todas las salidas. Todavía tiene cargos que ocupar -que le fueron ofrecidos con anterioridad-, alternativas que barajar. Y ahí está pensándolo; contando las horas.
Mientras, Espadas hace malabares para compaginar su agenda institucional con su nuevo proyecto al frente del PSOE-A. Ha remarcado que se mantendrá al frente del consistorio sevillano hasta la convocatoria de las elecciones autonómicas. Sus deberes han empezado con la reestructuración del grupo socialista en el Parlamento andaluz. La primera decisión, obvia, es que Díaz deje la dirección del grupo. Tampoco hará la pregunta oral al presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno. Díaz va a dejar de ser la líder de la oposición y su rol en la bancada socialista -más allá del escaño que ocupe- se limita a aportar su voto. Pero no su voz. ¿Qué hará cuando sienta el miedo del silencio?
“No hay ningún tipo de bicefalia, el líder del PSOE andaluz es Juan Espadas, todo lo que él vaya proponiendo y determinando será asumido por todos los socialistas, desde el primero hasta el último. Sé que va a ser así porque conozco bien a Susana”, apuntó el vicepresidente primero del Congreso de los Diputados, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, en Canal Sur. Los críticos de Díaz se apiadan de la expresidenta de la Junta de Andalucía y le piden que, “por ella”, abandone tanto la secretaría general como su escaño, ahora, de diputada rasa. En el PSOE-A se quiere evitar a toda costa una posible humillación en el arco parlamentario y se apuesta por una salida digna de la sevillana. ¿Camino de Madrid?
Viernes 18 de junio. 19:15 horas. Los medios de comunicación reciben la noticia de que Espadas y Díaz se han reunido. Ambos han tenido un encuentro en un clima de “cordialidad y colaboración mutua”. Tras días de secretismo se desvelan los primeros movimientos del nuevo líder del PSOE-A, que afectan a las personas más cercanas a Díaz en el grupo parlamentario. La diputada por Jaén, Ángeles Férriz, es la apuesta de Espadas para la portavocía en sustitución de José Fiscal. Además los parlamentarios María Márquez, Gerardo Sánchez y Araceli Maese son los portavoces adjuntos propuestos para ocupar unas posiciones que ejercen en la actualidad Rodrigo Sánchez Haro y Manuel Jiménez Barrios. Los cambios están previstos que se materialicen en la próxima sesión plenaria del 23 de junio.
Lo que no queda resuelto es el papel de Susana Díaz: no deja, de momento, la secretaría general del partido en Andalucía ni su escaño en el Parlamento andaluz. Tampoco ha cedido la dirección del grupo parlamentario. Sigue buscando su sitio en la “nueva etapa” del socialismo andaluz. Suena el Senado. Más allá del abrazo con el que se forjó el trasvase de poder entre Espadas y Díaz, el proceso de transición apenas ha empezado. Se esperan más detalles en los próximos días.
Pasar página cuesta. Quizás lo más fácil para esta actualización de la federación socialista andaluza sea empezar por lo digital. La oportunidad está en el sitio web de la 'Historia' del PSOE-A, estancado en 2018. Es como si desde diciembre de ese año el mundo hubiera perdido toda la magia al igual que los socialistas perdieron por primera vez, desde el inicio de la autonomía, el Gobierno de Andalucía.
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