Camps y la parrilla

Hace unas semanas se cumplieron cincuenta años del examen forense que certificaba la autenticidad de la reliquia del brazo momificado de San Vicente Mártir que se expone en la Catedral de Valencia. El santo varón después de sufrir martirios varios fue a parar, según cuenta la leyenda, a una parrilla donde sufrió las quemaduras que definitivamente le llevaron a la muerte.

Estos días también vemos como Francisco Camps, otro mártir según sus propias palabras en aquel infame discurso de dimisión ante las cámaras de televisión en julio de 2011, se encuentra en otra parrilla dispuesto a superar los envites del Juzgado de Instrucción número 17 de Valencia, que le citó el pasado miércoles como investigado para tomarle declaración dentro de la causa abierta sobre las presuntas irregularidades en la construcción del circuito urbano de Fórmula 1 en la capital.

Esta parrilla de asfalto incandescente parece no haber mermado un ápice la chulería y desvergüenza del todavía miembro del Consell Jurídic Consultiu – del que recordemos recibe un sueldo de 58.000 anuales – cuando a las puertas atendió a la prensa momentos antes de acudir al juzgado asegurando que en este tema “todo se hizo fenomenal”. Sin embargo no habrá sido todo tan fenomenal cuando, a falta de una causa abierta, el expresidente tiene abiertas dos, la segunda el caso Valmor, muy relacionado con la primera.

En esta causa se investiga, además, a la que fuera consellera de Deporte Lola Johnson y al expiloto de motociclismo Jorge Martínez 'Aspar' por supuestos delitos de malversación de caudales públicos y prevaricación administrativa. Y por si nos pudiera parecer poco fenomenal, recordemos también que a su sucesor Alberto Fabra le pareció buena idea la compra de Valmor Sports SL por parte de la empresa pública Circuito del Motor, lo que supuso según la Fiscalía, la condonación de más de 14 millones de euros que adeudaba a la propia empresa y la asunción de los más de 31 millones de euros de pasivos frente a terceros.

Un panorama desolador que salpica más o menos indirectamente a la actual empresa pública Circuit del Motor i Promoció Esportiva S.A receptora de 2.610.000 euros de los presupuestos de la Generalitat para este año, diez mil euros más que el año pasado. Esta partida presupuestaria, definida como gastos de explotación del circuito, es la mayor dentro de la línea de Fomento de la Actividad Deportiva de la Dirección General de Deporte a excepción, con poco más, de la asignada a la construcción y modernización de infraestructuras deportivas.

Sorprende comprobar la abrupta diferencia con otras partidas como la del deporte universitario que recibirá tan solo 100.000 euros, un 3,8% de lo asignado al circuito, la de las becas a deportistas de élite que contará con 350.000 euros, un 13,4 %, o la que corresponde a las subvenciones para la totalidad de las federaciones de la Comunidad Valenciana que está presupuestada por el equivalente a poco más del 50% de lo que va recibir la empresa pública ubicada en Cheste.

¿A qué se debe esta diferencia de criterio a la hora de repartir? Desde luego no tiene que ver con la cantidad de deportistas que hacen uso del circuito ya que según el anuario de estadísticas del Ministerio de Deporte publicado en mayo del año pasado y que hace referencia a las licencias federativas de 2016, fueron expedidas en nuestra comunidad 1.941 para el Motociclismo y 1.066 para el Automovilismo, la mayoría de las mismas correspondientes a deportistas que ni siquiera utilizan el circuito. Sorprende aún más si vemos que, tomando como referencia esos datos y sumando las licencias de las dos federaciones del motor, se situarían en el puesto 24 de un total de 64 federaciones implantadas en nuestro territorio, superadas por ejemplo por las licencias expedidas por las de Patinaje, Actividades Subacuáticas o Rugby. Por no hablar de las más de 9.000 del Atletismo o las más de 40.000 licencias del Baloncesto.

Curioso que la pole de la parrilla de salida del Gran Premio de los Presupuestos del deporte valenciano la ostente precisamente la empresa pública que asumió la deuda generada por el pufo de la Fórmula 1 mientras otros deportes mayoritarios padecen la falta de apoyo institucional. En fin, nos las prometíamos muy felices con el cambio de Gobierno pero... al menos (modo irónico, entiéndase) siempre nos quedará Juan Roig para suplir la falta de inversión pública.

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Publicado el
14 de febrero de 2018 - 09:59 h

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