La Confederación del Júcar busca transformar las cuencas del Poyo y el Magro en una “esponja” natural frente a las lluvias torrenciales
El paso de la dana en octubre del año pasado dejó un rastro devastador en las cuencas de los ríos Magro y Turia, con especial énfasis en el barranco del Poyo. Durante el episodio, grandes cantidades de agua y sedimentos fueron arrastrados por el cauce de estos ríos, lo que evidenció la vulnerabilidad de la zona y la escasa capacidad de infiltración del suelo. Para mitigar estos efectos y mejorar la resiliencia del territorio frente a fenómenos climáticos extremos, el proyecto europeo SpongeWorks se ha propuesto recuperar la capacidad natural del suelo para absorber y retener agua, reduciendo la escorrentía superficial y favoreciendo la recarga de acuíferos.
El SpongeWorks es una iniciativa que involucra a universidades, centros de investigación y autoridades del agua de una decena de países. Su objetivo es aplicar soluciones basadas en la naturaleza para mejorar la absorción del agua por el suelo, contribuyendo así a mitigar los efectos de inundaciones y sequías. En la cuenca del Júcar, la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) está implementando este proyecto, eligiendo zonas como Chiva, Godelleta y Macastre para llevar a cabo diversas actuaciones.
El barranco del Poyo y la escorrentía masiva
El impacto de la dana en el barranco del Poyo fue especialmente notable, con una escorrentía que arrastró entre 20 y 25 hectómetros cúbicos (hm³) de sedimentos, según los modelos hidráulicos del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX). Este arrastre masivo de sedimentos tuvo consecuencias devastadoras para la infraestructura hidráulica de la cuenca. La escasa capacidad de infiltración del suelo en la parte alta del barranco, saturado de agua, provocó que gran parte de las precipitaciones se convirtieran en escorrentía. En los cálculos realizados por el CEDEX, solo el 25% de las precipitaciones fueron absorbidas por el suelo, mientras que el resto se trasladó hacia abajo, arrastrando sedimentos y aumentando la erosión.
Las graves afectaciones sufridas por el barranco del Poyo y el río Magro durante la dana han motivado la selección de estos territorios como áreas clave para las intervenciones del proyecto SpongeWorks. En el caso de Chiva, la intervención se centra en la revegetación fluvial de ribera, en las parcelas cercanas a los barrancos tributarios del Poyo, específicamente en la zona de Cueva Morica. “Recuperar la vegetación original de estas zonas permitirá mejorar la estructura del suelo y su capacidad de infiltración, reduciendo la escorrentía durante lluvias intensas”, explica Emilio Real, técnico de la CHJ y coordinador del proyecto.
En Godelleta, la propuesta incluye revegetación con bosques de ribera y la implementación de técnicas agrícolas para mejorar la cobertura vegetal en terrenos cultivados, con el fin de reducir la erosión del suelo y mejorar su humedad durante las sequías. Además, en Macastre, aunque los detalles del proyecto aún están siendo definidos, se plantea una intervención similar.
Lecciones aprendidas y nuevos retos
El proyecto SpongeWorks no es una iniciativa aislada en Europa. Desde hace tres años, se están probando soluciones similares en otras cuencas fluviales de Europa, como el río Vercht (Países Bajos y Alemania), el río Lèze (Francia) y el río Pinios (Grecia). “Podemos aprender de las experiencias en estas zonas y aplicar los resultados en nuestra cuenca”, afirma Real, quien también destaca que el objetivo es ampliar estas prácticas a toda la cuenca del Júcar.
Con SpongeWorks, se busca restaurar el equilibrio natural del territorio para que vuelva a comportarse como un “almohadón” natural frente a los extremos climáticos. Al recuperar la capacidad del suelo para absorber agua y mejorar su capacidad de retención, se espera reducir la vulnerabilidad a futuras inundaciones y sequías, garantizando así una gestión más eficiente de los recursos hídricos y protegiendo la biodiversidad.
Este enfoque no solo tiene como fin mejorar la gestión del agua, sino también contribuir a la restauración de los ecosistemas fluviales de la cuenca del Júcar, asegurando que el paisaje vuelva a funcionar como un aliado natural en tiempos de cambio climático.
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