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La odisea de un profesor para recibir amparo de la inspección de la Generalitat valenciana ante un posible caso de acoso

El inspector Ismael Martínez Ruiz no ha atendido las llamadas y mensajes de elDiario.es.

Sergi Pitarch

València —
8 de enero de 2026 23:01 h

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La maquinaria de la administración, cuando no funciona adecuadamente o abandona su neutralidad, acaba triturando al ciudadano. Al individuo. Eso es lo que le ha ocurrido a un profesor de la Escola Oficial d’Idiomes de Llíria (EOI), que lleva meses —años, si se suma una denuncia previa— enfrentándose a la inacción de la inspección educativa ante varias denuncias por incumplimiento repetido de la normativa vigente, abuso de poder por parte de la directora del centro, ocultación de información e incluso acoso mediante la asignación arbitraria de horarios y cargos de coordinación. La directora del centro, Virginie Pulgas, a preguntas de elDiario.es, niega las acusaciones y asegura haber trasladado al inspector la “problemática” con el docente, pero que le han recomendado que “aguante”.

«¡No le voy a recibir! ¡Usted no puede estar aquí!». Esa fue la contestación que recibió del inspector Ismael Martínez Ruiz el profesor denunciante José Ramón Llopis cuando subió a su despacho, después de que este no lo atendiera en cuatro ocasiones en el PROP de la Conselleria de Educación. El inspector tampoco ha respondido a las preguntas de elDiario.es, que le ha remitido varios correos electrónicos a su dirección de trabajo para preguntarle por el desamparo en el que se encuentra el docente.

Ya en febrero, el profesor, funcionario de carrera con plaza definitiva en el centro, puso en conocimiento del inspector Martínez Ruiz —también psicólogo, colaborador de la Universidad Católica de València y ponente en cursos sobre la convivencia escolar— los problemas laborales que mantiene con la dirección del centro: Ocultación de información, vulneración sistemática de la normativa de funcionamiento interno y “un verdadero arsenal de mentiras y trapacerías para no rendir cuentas ante el claustro ni el consejo escolar”, según ha explicado el docente a este periódico.

De nuevo, en septiembre, “y no sin dificultades”, Llopis contactó con el inspector de zona, quien solicitó un informe detallado de los hechos por correo electrónico. Tras más de tres meses, no ha recibido respuesta. Con una mezcla de “frustración, incredulidad e impotencia”, se personó hasta en cuatro ocasiones en el PROP y no logró mantener una reunión con el inspector educativo, quien “no había tenido ni siquiera la cortesía” - a pesar de ser su obligación - de contestar a las numerosas solicitudes de cita previa. Finalmente, accedió a las dependencias donde se encuentran los despachos para intentar hablar con él. El inspector se negó a atenderle personalmente. “Sin embargo, empleó más de media hora en recriminar y documentar la presencia del docente en la planta donde se encuentra la Inspección Educativa”, explica el docente.

Un callejón sin salida y una situación de indefensión para el docente, que continúa recopilando documentación- “a pesar de las trabas del equipo directivo” - sobre el déficit de dirección que se vive en la EOI de Llíria. Los últimos “insólitos” episodios: la modificación del Reglamento de Régimen Interior que la directora llevó directamente al Consejo Escolar, “quien la aprobó sin ni siquiera estar redactada”. Consejo Escolar al que su presidenta, la directora, “ignorando la legislación vigente”, ha añadido un miembro más - su segunda jefa de estudios - mientras “fracasa en su tarea de motivar al profesorado y alumnado, que dejan el 66% y el 50% de sus puestos de representación vacantes”, critica el docente. “El inspector, responsable de velar por la legalidad, una vez más, ni está ni se le espera”, arguye.

La directora de la EOI niega las irregularidades denunciadas y afirma que ha puesto en manos de la inspección las discrepancias con el profesor. “Me han dicho de aguantar, cambiamos de inspector el curso pasado, y también me dicen que no me puedo quejar siendo directora”, manifiesta. La responsable del centro, considera que las críticas y las “formas” del docente denunciante la ponen en “una situación complicada”. “Ha generado un ambiente pésimo e influye en el centro”, añade. El inspector, tampoco ha actuado ante las quejas de la directora del centro, que asegura haber puesto en su conocimiento la situación.

La pregunta que queda en el aire: ¿En qué medida contribuye la administración al aumento del 31% del Síndrome de Burn-out entre el profesorado valenciano?

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