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La procesionaria se instala en el entorno de la ermita de La Magdalena en Castellón

Orugas de procesionaria desfilando por la carretera junto a la Magdalena.

Roger Lorgeoux

La procesionaria del pino (‘Thaumetopoea pityocampa’) se instala ya en el entorno de la ermita de La Magdalena, uno de los símbolos de la ciudad de Castellón, donde cada año más de 100.000 personas se dan cita con motivo del día grande de las fiestas patronales en lo que se conoce como la ‘Romeria de les Canyes’. El lepidóptero defoliador ha empezado a manifestarse en los márgenes de la masa forestal. Los bolsones de orugas afectan a ejemplares de pino carrasco localizados en los bancales más próximos a la explanada principal junto a la carretera.

El paraje, que ocupa una superficie de 11,96 hectáreas (119.597 m2), todavía no se ha recuperado del ataque del ‘Tomicus destruens’ que sufrió en 2014. Un total de 430 coníferas, de las 1920 censadas entonces por el Ayuntamiento de Castellón, tuvieron que ser eliminadas para frenar la invasión del coleóptero. Además, la Conselleria de Medio Ambiente colocó como medida de urgencia puntos cepo y trampas con feromonas. Para restablecer la cubierta vegetal, se realizó una repoblación con especies autóctonas.

Un mismo patrón

La procesionaria, una vez instalada, actúa siguiendo siempre un mismo patrón. Durante el primer o los dos primeros años infesta sólo a árboles aislados o a los márgenes de la masa forestal. Posteriormente estos ejemplares quedan parcialmente defoliados -caída prematura de las acículas (hojas)- y empiezan a aparecer bolsones salpicados en el interior del pinar. Tras una o dos generaciones aumentan las defoliaciones y el número de nidos de seda, provocando entonces mayores daños.

En su fase inicial, el perjuicio para el pino se centra en una disminución respecto a la resistencia frente a otras plagas y condiciones climatológicas adversas. Debilitado por la procesionaria, el árbol se vuelve vulnerable, más en este caso teniendo en cuenta el antecedente del ‘Tomicus destruens’.

Por otro parte, la Magdalena es un paraje muy visitado por los castellonenses y la oruga de la procesionaria tiene efectos urticantes sobre las personas. Sus pelos, que pueden ser transportados a distancia por el viento, producen urticarias en las partes más sensibles de la piel y ocasionan trastornos en alérgicos. Igualmente resulta peligroso para los perros, con riesgo de muerte en caso de ingestión.

Debido a la sequía que azota a la provincia de Castellón desde noviembre, la población del lepidóptero defoliador se ha disparado hasta niveles inesperados en lo que va de año, convirtiéndose en una auténtica plaga. No en vano, se ha detectado en la totalidad de parques naturales, desde el Desert de Les Palmes, pasando por Penyagolosa, Serra d’Irta, Tinença de Benifassà, hasta la Serra d’Espadà.  

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