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La ley de la gravedad en política

Creo que mirando al futuro puede haber un espacio de entendimiento que aborde algunas de las perversas consecuencias que tuvo la Reforma Laboral del 2012

Firmado el acuerdo para subir el salario mínimo a 950 euros en 2020

EFE

No dejan de sorprenderme los actos políticos que ignoran la ley de la gravedad. Me refiero a esa gran fuerza gravitatoria que atrae a la política hacia la realidad y la obliga a permanecer pegada al terreno que se pisa si se quiere andar. Se puede olvidar si no se tienen responsabilidades pero hacerlo cuando se está en el Gobierno suele tener consecuencias letales.

Son muchos los factores que explican la lógica de la ley de la gravedad en política pero el más importante sin duda son los votos y los escaños –propios y ajenos- o sea la correlación de fuerzas parlamentarias.

Aunque no solo, también inciden otros vectores de fuerza económicos, lo que algunos llaman las leyes del mercado. Los que no compartimos la idea de mercantilización de la sociedad, de los derechos y de la propia noción de ciudadanía, preferimos seguir a los clásicos y hablar del desarrollo de las fuerzas productivas y su incidencia en la configuración de las relaciones sociales.

No hace falta ser un experto en Gramsci para saber el papel que también juega la hegemonía cultural. Que entre otras cosas explica como en España, sin disponer de grandes mayorías políticas de izquierda, se ha conseguido aprobar leyes muy avanzadas en materia de género y derechos civiles.

Todos estos pensamientos me asaltaron al escuchar la noticia del acuerdo entre el PSOE, Unidas Podemos y Bildu, en el que anunciaban el compromiso –que ya recoge el programa de los socios de gobierno- de derogar de manera íntegra la Reforma Laboral del 2012 y además hacerlo en un tiempo récord. Mi primera reacción fue la de pensar que algún periodista se había liado, luego me decanté por creer que era algún spin doctor o un vicioso del regate en corto el que se había hecho un lío. Y al final he acabado convencido de que soy yo el que no entiendo la lógica de la política gaseosa.

Saber qué ha pasado tiene su morbo, da juego para las tertulias y anima algunos debates políticos de vuelo gallináceo, pero haríamos bien en no perder de vista el núcleo de la cuestión. ¿Qué hacer con la Reforma Laboral del 2012 y cómo hacerlo? Creo que la ley de la gravedad de la política nos ofrece algunas pistas.

Me parece ver que esa ley de la física nos indica que al Gobierno le interesa no despegarse ni un milímetro de la concertación social con sindicatos y organizaciones empresariales. Un proceso que hasta ahora ha dado buenos resultados para el país, con la subida del Salario Mínimo Interprofesional y el acuerdo sobre los ERTEs. Y que ha conseguido evitar que la CEOE haga de infantería en la estrategia de acoso y derribo puesta en marcha por las derechas. El Gobierno haría bien en mimar la concertación social, que no puede ser una mascarilla de quita y pon, y tratarla como lo que es, la joya de la corona de la estabilidad, no solo la suya, sino la del país, que es más importante. Me atrevo a decir que en estos momentos puede ser tan importante como el BOE que no siempre tiene la capacidad de transformar la realidad como saben mis amistades juristas.

También me parece intuir que al Gobierno le interesa mantener un vínculo fuerte con el PNV, que puede ser mayor después de las elecciones en Euskadi. Una opción que sin duda tiene su precio aunque igual sale más caro no pagarlo.

Al Gobierno le interesa, creo, arrancar a Ciudadanos de la órbita gravitatoria de las derechas, Arrimadas igual no acaba en la órbita de Neptuno pero hay que impedir que se sitúe en la de Mercurio. Para ello hay que hilar muy fino porque Ciudadanos ha visto reducido su peso parlamentario, pero igual eso lo hace ser más ágil y flexible.

Al Gobierno no le sobran socios y hace bien intentado conservar a ERC, pero mucho me temo que en estos momentos los republicanos han quedado atrapados en la órbita de los neo-convergentes de la que no saben escaparse. Además, el independentismo catalán ignora tanto el concepto de correlación de fuerzas que ha llegado a creerse su propia ficción de estar fuera de cualquier campo gravitatorio, lo que los deja aparcados en el arcén de la política.

La ley de la gravedad también consiste en entender que la realidad socioeconómica de hoy no tiene nada que ver con la anterior a la pandemia. Por supuesto no se trata de renunciar a revertir la reforma laboral del 2012, pero ese no puede ser el único objetivo hoy, porque en estos ocho años han pasado muchas cosas y han aparecido nuevos problemas laborales que hay que abordar – como las empresas de plataforma. Además, la crisis del coronavirus nos ha movido a todos el terreno de juego. Los objetivos continúan siendo los mismos pero los caminos para alcanzarlos van a ser distintos y los obstáculos mayores.

Creo que mirando al futuro puede haber un espacio de entendimiento que aborde algunas de las perversas consecuencias que tuvo la Reforma Laboral del 2012, especialmente en el terreno de la precariedad, la desigualdad social y la ineficiencia empresarial. Y que deberían interesar a trabajadores y también a las empresas serias para intentar superar esta gran catástrofe.

Por citar algunas, las que han deteriorado la negociación colectiva dotando al convenio de empresa de prioridad sobre el sectorial, que solo ha servido para promover dumpings empresariales piratas. O los que han incentivado una externalización productiva vía subcontratación que agrava la precariedad y es profundamente ineficiente en términos empresariales.

Tres millones y medio de personas en situación de suspensión temporal de empleo no es una anécdota insignificante, como no lo es el impacto que la crisis del coronavirus está teniendo, y va a tener aún más, en la viabilidad de muchas empresas y sectores enteros.

Tampoco parece baladí los esfuerzos realizados para dar protección al desempleo a personas que nunca antes habían sido protegidas, como los autónomos. O la próxima creación de una red de seguridad de último recurso, el Ingreso Mínimo Vital. En estos momentos el país tiene necesidades que superan en mucho las capacidades de la política y una de las primeras reglas del buen gobierno es saber escoger prioridades.

A un servidor le gustaría que todos estos factores no condicionaran la derogación de la Reforma Laboral del 2012. Por cierto, la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz ya dijo, antes del coronavirus, que era impensable que se pudiera concretar en un solo momento político y legislativo. Pero mis deseos chocan con la ley de la gravedad y también con las matemáticas parlamentarias. Para hacer algo es muy importante querer, pero no siempre querer es poder.

Estoy convencido de que estas reglas básicas de la ley de la gravedad las tienen muy presentes todos los miembros del Gobierno, lo cual no es incompatible con la necesidad de marcar perfil propio y usar la gesticulación política, siempre claro que no sea jugando con las cosas de comer.

Llegados a este punto he de reconocer que hay un factor que se me escapa.

¿Qué sucede cuando algún actor político, convencido de su gran habilidad, decide abusar del dribling como hacen algunos futbolistas?

Todos hemos visto alguna jugada de estas en las que al final el habilidoso jugador tropieza con la pelota y termina cayendo solo al suelo. Lo que hasta ahora no había visto, al menos yo, es un equipo con varios jugadores habilidosos a los que les encanta driblarse entre sí.

En todo caso, tengo el convencimiento de que al final el resultado de lo que pase va a depender más del conjunto de vectores que configuran en estos momentos la ley de la gravedad de la política española y europea que de las anécdotas de estos días.

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