CV Opinión cintillo

A quien lea

La decepción se impone

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“Contra el mur i el silenci

que avancen i engoleixen

la terra, la memòria,

hi ha mirades enceses

de mans i veus que escalen,

que fan del cant escletxes“

Marc Granell. València, 2002

Por la ley del péndulo y los contrapesos la decepción se impone. Si la inteligencia política no reacciona vamos a un escenario de autoritarismo e intolerancia en la vida pública. En 2015, por efecto de la indignación, la balanza se inclinó hacia la izquierda progresista en los escenarios español y valenciano. En la perspectiva de 2023, encuestas aparte, por la frustración la sociedad se encamina hacia un horizonte de involución en el que la extrema derecha, por efecto mimético, arrastrará a las corrientes conservadoras y neoliberales hacia propuestas reaccionarias.

Hacia la intolerancia

La tesis de que el poder pertenece a los cubículos anónimos de la derecha ha ocasionado serias dificultades en la democracia estadounidense instaladas en la “fake news” de la estafa electoral. El culebrón culminó en el intento de golpe de Estado de Donald Trump con el asalto al Capitolio (6 de enero de 2021) . Trama urdida con el propósito de impedir por la fuerza el nombramiento de Joe Biden, presidente electo de EE.UU. Alarma la coincidencia en diferentes y lejanos escenarios de maniobras ademocráticas basadas en la reprobación de gobiernos legítimamente elegidos en España, Comunitat Valenciana y en USA. El cuestionamiento mundial a los procedimientos democráticos afecta a la causa de la libertad. La debilidad del binomio indisoluble: libertad y democracia, puede llegar a respaldar el acecho de regímenes dictatoriales –Rusia, China, Irán– al bloque occidental, mediante maniobras militares conjuntas y la creciente amenaza bélica en las fronteras ya usurpadas de Ucrania (Crimea y el Donbás) o la punta de lanza de Kaliningrado, entre Lituania y Polonia. Lo que preocupa a Putin– con dos décadas en el poder– no es la OTAN ni el potencial armamentístico de los países limítrofes, sino el peligro que para los regímenes dictatoriales tiene consolidación de la democracia y su posible extensión por sus dominios (caso del disidente Navalni, Hong Kong, insurrección en Bielorrusia, desaparición de la tenista china Peng Shuai, censura de prensa, Taiwan)

Desilusión

Del triunfo al fracaso hay una distancia medida y contrapesada. De cara a las próximas convocatorias electorales los agentes políticos y los grupos de presión tendrán que contar con un invitado incómodo que puede transformarse en protagonista. Así como la abstención amenaza la credibilidad de los comicios, la decepción va a trastocar las previsiones y los augurios de gloria. La desilusión sumada a la perplejidad proyectan luces y sombras hacia el porvenir. A nivel europeo, el hachazo del Brexit ha abierto una brecha en el proyecto de la Unión Europea. En sus orígenes el británico, Winston Churchill, soñó con los pilares de lo que deberían ser los Estados Unidos de Europa. La marcha atrás que significó el descarrilamiento de la fallida Constitución Europea en 2005, señaló el estancamiento del proyecto federal europeo: Francia, Holanda y la prevención de Reino Unido, por diferentes motivos, cerraron el paso hacia la consolidación política de lo que nació como Mercado Común Europeo en 1957. La gran decepción que evidenció la fragilidad de la UE. Rusia, atenta, respiró tranquila y afiló sus garras ante la vacilación.

Impacto valenciano

El presidente del Consell de la Generalitat, Ximo Puig, lleva un mes sin emitir opinión acerca del estado de la Comunitat Valenciana, si se exceptúan el seguimiento de la pandemia, los accidentes de Montcada y los actos de partido en territorio ‘comanche’ de Alicante, con Pedro Sánchez. Hace bien el jefe de la Generalitat en cargar pilas ante acontecimientos próximos que van a afectar a la política nacional española: elecciones en Castilla y León y las que se dibujan en el horizonte andaluz. Dos avances premonitores. ¿Ximo Puig en el ejercicio de sus facultades se verá capaz de adelantar elecciones para el País Valenciano?¿Por qué la salida repentina del ex-portavoz de Compromís, Fran Ferri?¿Es cierto que quiso ser conseller d’Economía, en vez de Rafael Climent y no le dejaron?¿Es un movimiento táctico para dedicarse a tiempo completo a la fontanería del Bloc, necesitado de consolidar liderazgos y golpes de efecto?¿Qué papel quiere representar Enric Morera, –máximo dirigente del Bloc– cuando deje de ser president de las Corts Valencianes?¿Sus escarceos para ser candidato a primer edil en l’Ajuntament de València fueron serios o para buscar trabajo?¿Estamos ante una desbandada– a la que se suma la salida de Pere Mayor de la militancia del Bloc y el ensayo en falso de Vicent Marzà para dejar la conselleria y dedicarse a la portavocía de Compromís en las Corts autonómicas? No se sabe lo que ocurre en el PSOE y en Compromís, pero pasa algo. ¿Habrá que redefinir el liderazgo de Mónica Oltra en la coalición valencianista, cuando es una de las cinco cariátides en las que se sustenta el proyecto indefinido de Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno de Pedro Sánchez? Se trata de dejar claro quien manda y el que quiere mandar en la Comunitat Valenciana, así como en su baluarte de proa, el Ajuntament de València. Conseguir el alcaldía del ‘cap i casal ‘ es condición necesaria para presidir la Generalitat. Si no se logra, las poltronas serán ocupadas, tal como está previsto, por Carlos Mazón y María José Catalá, en un ‘remember’ de Eduardo Zaplana y de Rita Barberá. Cabe esperar que con un comportamiento más participativo y honesto.

Corrupción

La corrupción, se quiera o no , ha supuesto un mazazo en las conciencias de los electores en el País Valenciano y ha motivado una dosis considerable de desilusión. Estamos en el segundo puesto de zonas corruptas de España. Aparte del clima de desencanto, una nube negra se cierne sobre el Partido Popular de la CV. El hecho de que el pararrayos de la Justicia haya conseguido desviar relámpagos y truenos, los valencianos saben que lo que se investiga en los juzgados es una mínima parte de la corrupción que ha circulado a sus anchas de la mano de la formación conservadora. En complicidad con el estamento empresarial. Los fontaneros y estrategas del PP blasonaron, en su día, de que las trapisondas se habían hecho “tan bien” que no se podría encausar a sus beneficiarios. Por los flecos fiscales y algún desliz, se ha procesado a bastantes. Sólo algunos acaban consentencias condenatorias. ¿Hasta qué punto el Partido Popular de ahora no es responsable de lo que ocurrió en su partido durante décadas? ¿En qué medida son legítimas las victorias electorales a las que el Partido Popular ha concurrido “dopado” –en expresión reiterada de Ximo Puig– con una financiación espuria, delictiva e impropia? ¿Cómo puede entenderse que un personaje densacreditado –el expresidente Francisco Camps– se postule como candidato a l’Ajuntament de València?

Ineficiencia

Los partidos políticos y sus actores, una vez arrellanados en el poder, se olvidan de que sus electores los van a refrendar o repudiar por el grado de cumplimiento de las expectativas generadas. En el País Valenciano se detecta un notable estado de decepción en la opinión pública con respecto a sus gobernantes. Firmantes de los pactos del Botànic para la Generalitat y en los diferentes municipios que después configuran las Diputaciones de cada provincia. En los compromisos electorales no se ha avanzado ni se han esbozado ni se percibe la voluntad de cumplirlos. Los programas de cada partido subrayaban propuestas concretas. Se aseguraba la intención de aplicar rigor y “trellat” a la acción de gobierno que sumaba las aspiraciones de PSOE, Compromís y U. Podemos. En el Consell y en los municipios que regentaban. Difícilmente se van a repetir circunstancias tan favorables para que estos partidos coincidan en el Gobierno de España, el de la Comunitat Valenciana y en numerosos municipios.

Ilusión perdida

Los votantes expresaron sus preferencias para que se consiguieran. Con la ilusión de que a los tres niveles, se propusieran proyectos audaces y creíbles de transformación de la sociedad. Esos proyectos ahora mismo en 2022 no existen ni tan siquiera se han enunciado. No hay voluntad política para llevarlos a cabo. La labor que se ha desarrollado se limita a remendar la penosa herencia, llena de agujeros, que dejó el Partido Popular en 2015 y a claudicar en virtud del posibilismo que caracterizó a los últimos años de la presidencia socialista de Joan Lerma (1982-1995). La traba de la izquierda valenciana es que padece complejo de inferioridad. Se ve apartada de determinados resortes de poder (financiero, empresarial, confesional, social e institucional) y no es capaz de superar con conocimiento, prudencia y acierto el hándicap por el que se automargina. A la hora de nombrar cargos y consellers, no es aceptable que prime el amiguismo en los partidos y la comodidad para las cúpulas, sobre la idoneidad de los perfiles, anodinos o dóciles, que después sonrojan desde en la ineficiencia. No se puede encomendar la gestión de una conselleria de Economía a quien no sabe lo que es una empresa. Ni tiene sentido que rija la conselleria de Agricultura quien ignora cómo se planta una cebolla y la compleja problemática de la hortofruticultura mediterránea. Grave error mezclar el mundo agrícola con la atractiva problemática medioambiental. Una de las dos áreas, tan amplias y distintas, sufrirá.

Al grano

Es larga la lista de temas pendientes de solución para año y medio de legislatura, hasta 2023, como mucho. El futuro del Puerto de Valencia, la viabilidad de las instituciones feriales que llevan varios ejercicios bajo mínimos, la eficacia de las Cámaras de Comercio de plena competencia de la Generalitat; el impulso para la reindustrialización, como resorte productivo estable para crear riqueza y mano de obra; el inexistente y non nato modelo económico valenciano. La necesaria visión de que además del turismo puede haber otros sectores a mimar; la potenciación de los sectores tradicionales y clústeres que arraigan la actividad a las comarcas; el estudio que establezca y priorice las infraestructuras inaplazables. El establecimiento de la política cultural irrenunciable para dignificar a los ciudadanos y de cara al exterior para que constituyan un atractivo de calidad para los visitantes, al margen del turismo de borrachera y playa. La implantación de una política de Comunicación de país que incluya la reinvención de la radiotelevisión pública, porque la que hay no sirve. Costando poco dinero es cara. La reconstrucción de una política agraria integral, innovadora, de primor y competitiva. La decidida promoción del comercio exterior para favorecer a los sectores exportadores y la insustituible formación de cuadros técnicos especializados en el funcionamiento de la Unión Europea y de los restantes mercados internacionales donde pueden expandirse los productos autóctonos.

Mención aparte merece la cuestión permanentemente aplazada de alcanzar la financiación justa y suficiente para la Comunitat Valenciana. En paralelo a la exigencia de que la Administración central del Estado aporte la inversión necesaria para dotar al territorio valenciano del equipamiento que requiere, para producir en igualdad de condiciones que la media española. Los últimos portazos del Gobierno español en las narices del pueblo valenciano, a cuenta del aplazamiento sine die de la reforma de la financiación autonómica, son una invitación a la disidencia activa. De cuya objeción los partidos políticos domésticos deberían tomar buena nota, para que la Generalitat que surgió del Pacte del Botànic acabe la legislatura con éxito.

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