Pedro Sánchez, ese podemita.
Con cifras económicas que arrojan records históricos en empleo (más de 22 millones de cotizantes a la Seguridad Social), con un crecimiento previsto del PIB para este año 2025 del 2,9% tras las últimas correcciones al alza del Banco de España, con una reducción del déficit y de la deuda pública en la senda marcada por la UE, con una prima de riesgo más baja que la francesa y con mejoras constantes aunque todavía insuficientes de competitividad, España se ha convertido en la economía más pujante de la Unión Europea en los últimos años y todo parece indicar que así seguirá siendo en los inmediatamente próximos.
Si atendemos a estos positivos datos objetivos y, como dice Jordi Sevilla, Pedro Sánchez se ha podemizado, sería lógico pensar que Jordi -ese economista- ante el constatado éxito de la política económica del Gobierno, se podemizará también. Pero no, Jordi no alaba, acusa.
Suponemos, hasta tanto no nos dé a conocer el manifiesto con el que nos “amenaza”, que tal acusación estará motivada por considerar tales cifras insuficientes, aunque no alcanzo a vislumbrar con qué gobierno no podemizado de nuestro entorno nos comparará para sostenerla. Tal vez la acusación no venga por lo macro, aunque cada ocupado es uno, cada pensionista es uno, cada ayuda a la dependencia es una, cada perceptor del ingreso mínimo vital es uno y cada derecho y cada salario tiene un titular. Y también aquí el balance se muestra robusto frente al retroceso en bienestar y derechos que se practica como una receta y como una moda en buena parte de Europa con el argumento, tan liberal como“viejuno”, de que el gasto social que lo hace posible es, en un mundo globalizado, insostenible.
Será tal vez el gravísimo problema en el que se ha convertido el acceso a la vivienda, bien sea en alquiler o en propiedad, el agarradero para la crítica; pero ¿cuál es la alternativa que se nos ofrece a los españoles desde la oposición en la resolución de este vital asunto? La alternativa real de Gobierno que representa el tándem PP-Vox viene siendo doble: por un lado, incumplir, en las Comunidades Autónomas donde gobiernan, las políticas de vivienda establecidas por el sanchismo podemizado; y por otro, sostener un discurso liberal en el que la solución única sería construir más sin restricción ni intervención sobre el mercado, no se sabe si como consecuencia de negar o defender la especulación inmobiliaria. Francamente, veo difícil atacar al Presidente por este flanco sin acudir a la demagogia, claro.
Pedro Sánchez, ese dictador.
Veamos si por aquí, con el argumento de que no quiere integrar a los no afines o que tiene secuestrada con mano dura toda crítica interna se puede sostener que es un dictador, como en tal sentido le acusa el referido tándem opositor y buena parte de los no integrados del PSOE, entre los que se supone se integra Jordi Sevilla. Para empezar, no es fácil observar una capacidad y una tenacidad en la crítica de los secuestrados y/o no integrados tan bien alimentada como se da en el PSOE, con enormes espacios y potentes altavoces en los medios de comunicación, pero sobre todo conviene recordar que ha sido la militancia la que le ha conferido a ese dictador el poder en el partido después de que la crítica interna, que tanto echan de menos, lo defenestrara un 1 de octubre en un comité federal para la historia de la ignominia. Y será también, si así
consiguen convencernos y no desaparecen las “descontroladas” primarias, la militancia la que determine quien deba sustituirle al frente de la secretaria general del PSOE.
En cuanto al tándem, que no solo ejerce con total libertad la crítica que como oposición les corresponde, sino que recuperan con mayor fuerza, medios a su disposición y virulencia las prácticas y fines del llamado, por el entonces Director de El País Juan Luis Cebrián, “sindicato del crimen”, habría que preguntarse quién les priva de la libertad para criticar, denunciar, perseguir, acusar, insultar y acorralar al dictador, y cómo es posible, en esta dictadura sanchista, que parezcan disfrutar de plena impunidad. Las confesiones de Luis María Ansón - partícipe ilustre de aquel sindicato- lo fueron, en comparación con lo que estamos viviendo hoy, las de un pecado venial.
Pedro Sánchez, ese amigo de independentistas y terroristas.
Aunque ni a él ni a ningún dirigente socialista le hemos visto en las televisiones leer un comunicado, para no equivocarse, en el que referirse a ETA como “movimiento vasco de liberación” (Aznar, dixit) ni cambios de guión tan bochornosos como llamar un día a Jordi Pujol enano y al siguiente aceptar sus exigencias a cambio de sus votos para llegar a la Moncloa, (de nuevo Aznar), Pedro Sánchez rompe España y traiciona a las víctimas del terrorismo.
Y aunque es cierto que se dijo en campaña electoral que la amnistía no era constitucional y ello obedecía a un cálculo político mucho más que a la verdad, no lo es menos que la amnistía ha contribuido a sofocar los riesgos de fractura en la Unidad de España. Se dirá que a cambió de romper la igualdad entre los españoles, pero esa ruptura se viene dando por idénticas razones desde que el voto de los nacionalismos periféricos es imprescindible para la gobernabilidad del país, como se rompió al incorporar en la Constitución del 78 el régimen foral en Euskadi y Navarra. De manera que o se acepta que todos somos iguales, porque a ningún español se le dará un trato distinto si decide empadronarse en cualquier territorio patrio respecto de los que ya residen allí, o se acepta que cada comunidad autónoma es distinta porque así está en el origen y en la evolución de la vigente Constitución española. O mejor aún, se aceptan las dos cosas.
Que EH Bildu, con el respaldo del voto secreto, libre y directo de cientos de miles de ciudadanos españoles residentes en el País Vasco, participe en la vida democrática y política desde las instituciones que conforman la soberanía nacional decidiendo en cada momento, sobre cada asunto a quién o a qué le dan su apoyo, es la prueba del 9 de la victoria de la democracia frente al terrorismo. Decir un día sí y otro también que ETA está más viva que nunca, que te vote Txapote o que pactar con EH Bildu es pactar con terroristas, no solo es una flagrante mentira, es una indignidad propia de la mayor bajeza moral que caracteriza a quienes han venido usando a las víctimas desde el 11-M hasta la reciente DANA.
A mí tampoco me gusta la polarización, la crispación extrema a la que estamos asistiendo, los bloqueos, las apelaciones al guerracivilismo, en fin: el espectáculo cotidiano de la política española; pero creo distinguir bien a sus responsables. Para que me entiendan bastará un ejemplo: el 31 de octubre de 2024, dos días después de que 230 personas perdieran la vida bajo las aguas, llegaron a la provincia de Valencia el Presidente del Gobierno y el líder de la oposición.
El primero fue reconocido por Mazón con las siguientes palabras: “Gracias presidente por tu cercanía, por tu presencia tan rápida y tan adecuada para todos nosotros, y recibimos este mensaje con mucho cariño, muchas gracias presidente”. El segundo, con un Mazón al lado cuya cara parecía indicar que la desvergüenza aun no había sustituido a la mala conciencia, dijo: “No tengo información del Gobierno, ninguna en absoluto. He sido yo el que a través de los presidentes autonómicos me he tenido que informar de lo que ocurría en mi país”. “Mazón me ha venido informando en tiempo real” “Me siento orgulloso, he vivido en Valencia el incendio de Campanar y he visto la capacidad de gestión de la Comunidad Valenciana y estos son los que están gestionando esta crisis” “Yo al Gobierno central no le pediría mayor colaboración, le pediría alguna colaboración”
La crispación no se resolverá descabezando a Pedro Sánchez al frente del PSOE, como me temo puedan pretender los ilustres militantes que firmarán al pié del manifiesto de Jordi Sevilla. Ni, como le pedía hace unos días en su tribuna Soledad Gallego Díaz, anunciando el Presidente que no se presentará a la reelección situará mejor el partido socialista de cara a unas próximas elecciones.
Frente a la estrategia para después de la derrota, que es a lo que se nos quiere abocar, confianza y trabajo para que los datos de una España mejor, más rica y más justa, se impongan a un relato machaconamente repetido, pero no menos infame y mendaz.
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