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ENTREVISTA | Abdelá Taia

"Mi libro es un grito de ira contra la injusticia neocolonialista"

El escritor marroquí que salió del armario en 2006 publica en España El que es digno de ser amado, novela que ajusta cuentas a la lógica de dominación que aún marca la relación de Francia y Marruecos

Taia, como el argelino Ludovic-Mohamed Zaheb, autor de Le Coran et la chair, es referente gay en el mundo árabe, musulmán, pero busca "que la voz homosexual no se restrinja a lo marginal, abordar con ella los grandes desafíos globales"

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El novelista Abdelá Taia presentó su novela en la Fundacion Tres Culturas. María Iglesias / Sevilla

Abdelá Taia es un autor marroquí de 45 años con ocho novelas escritas en francés desde que, con 25, se instaló en París, y director de la adaptación al cine de una de ellas, El Ejército de Salvación (2012). En vísperas de la aparición de La vie lente, el 7 de marzo, llega a España, con Cabaret Voltaire - Mi Marruecos (2009) e Infieles (2014)- El que es digno de ser amado, novela epistolar en cuatro cartas de orden cronológico inverso en la que el gay Ahmed, alter ego del autor, expone con rabia cómo se ha convertido en el hombre duro, cruel incluso con sus amantes, que es.

 

Todo un viaje, en 170 páginas a través de la historia de un niño nacido en Salé, emigrado en su juventud a París, al corazón del neocolonialismo europeo en África. Una invitación al otro lado de la etiqueta “migrante”, al corazón y mente de quienes, como Ahmed y Abdelá –Abdellah Taïa, de hecho- crecieron oyendo y hasta estudiando, en la facultad de Literatura de la Universidad Mohamed V de Rabat, los principios éticos europeos para chocar con el turismo sexual, la sumisión por la pobreza y la constatación, ya en suelo europeo, de que se ofrece asimilación desde la inferioridad. Al punto de imponerles referentes homoeróticos como Oscar Wilde que regaló un amante argelino a André Gide. Vasili Grossman dejó escrito, en Vida y destino, sobre campos nazis y gulags, que lo peor es ser torturado por los nuestros. Abdelá Taia desenmascara a tanta Europa supuestamente progresista y desprejuiciada.

 

¿De dónde nace esta novela? ¿Es una denuncia social?

 

Yo vivo en París hace 20 años, escribo en francés y publico en la gran editorial Seuil. E incluso yo, sin querer victimizarme, sufro el racismo, latente pero creciente, contra árabes y musulmanes. Se mete a los migrantes en guetos y luego se les presenta como salvajes. Se nos estigmatiza, eso nos llena de rabia y luego se critica nuestra rabia. Mi protagonista, Ahmed, es un homosexual marroquí que, pese a alcanzar cierto bienestar y libertad en París siente que han secado su corazón. Se enfurece porque el neocolonialismo francés sigue marcando su vida, hasta la amorosa. El libro acoge mi ira y viaja a su raíz.

¿Por qué el formato epistolar?

Mi inspiración fue el recuerdo de una señora analfabeta que, cuando tenía yo 19 años, me pidió en Correos de Rabat que le redactara una carta para el rey Hassan II. Ella quería denunciar, antes de morir, cómo el poder de su país la había hecho sufrir. Ahora yo me dirijo al poder de Francia y el mundo para exponer las injusticias que me encolerizan. No es un libro sobre lo gay como algo marginal, sino en el que la voz y punto de vista de autor y protagonista, ambos homosexuales, abordan el corazón de los grandes debates actuales.

Su libro o Le Coran et la chair de Ludovic-Mohammed Zahed muestran la homosexualidad musulmana. ¿Hay una salida del armario como la del contexto cultural cristiano estos 15 años?

Siento afecto y respeto por Zaheb. Me emociona cómo ayuda a la comunidad LGTBI diciendo: “No tenéis que rechazar vuestra alma, el Islam, y asimilaros a lo Occidental, sino reconciliaros con lo que sois”. Pero sus libros son de una inteligente espiritualidad apacible y mis novelas transmiten cólera. Ahora bien, ambos, sí, confluimos con ese movimiento que se constata también en países árabes y musulmanes, donde surgen voces valientes que desafían al poder afirmando lo que son. Yo admiro especialmente a esos jóvenes, casi suicidas, que abren su corazón en Instagram y Youtube, a cara descubierta, sin respaldo familiar, de ONGs, de nadie, sabiendo lo que arriesgan, pensando quizá que la vida es una y hay que intentar conquistar su libertad. Héroes y heroínas, de quienes aprendo, que me inspiran.

Su obra traducida al inglés, italiano, alemán, castellano, catalán y vasco, ¿Cómo se recibe en Marruecos?

Soy muy conocido allí. Toda mi obra está disponible en francés y tres libros, El día del rey, Un pays pour mourir y Lettres à un jeune marocain, están traducidos al árabe. Por mi origen humilde saber que están disponibles para todos a los que pueda ayudar me parece toda una revolución. En verano de 2005 presenté Le Rouge du tarbouche en la TV marroquí y sentí el cariño de la opinión pública. Pero a los cuatro meses salí del armario en la revista TelQuel y sufrí ataques de los homófobos. Aunque lo importante es que fui hasta el final con mi verdad y la prensa salió en mi defensa.

¿Cuál es relación de amor-odio con el francés?

Yo, aunque he escrito todos mis libros en ese idioma, no lo dominé hasta los 19 años. Los pobres hablamos nuestro dialecto árabe y el francés era la lengua de los ricos que nos querían aplastar. Así que jamás lo podré amar. Lo uso porque entendí que era un arma poderosa para intentar salir de la pobreza. Mi relación con el francés sigue siendo tan conflictiva como en la niñez. Pero el conflicto es un perfecto campo de cultivo literario.

¿Se plantea escribir en árabe?

Lo determinante no es el idioma, sino las heridas y cómo te llevan a otro territorio. El desplazamiento hace que la verdad emerja.

El libro retrata a Marruecos como lugar de desesperanza y la ex metrópoli, Francia, como aún abusadora…

¿Puedo objetar algo? No quisiera que se entendiera mi retrato de Marruecos como desesperanzado. Para mí expresar la cólera ya es el principio de algo. El grito de Munch es lanzado para todos, no como desesperanza, estéril, cerrada. Sino para traer otra cosa. Lograr una reacción. Y eso es también lo que yo pretendo. Mi libro grita mi ira contra el neocolonialismo.

Despertar reivindicativo en Marruecos

¿El éxodo creciente de marroquíes por el Estrecho de Gibraltar, las protestas incluso en el fútbol, el Hirak reprimido con cárcel, son síntomas de un malestar marroquí que hará evolucionar el país, o el sistema lo impedirá?

Tras la primavera árabe de 2011 muchas conciencias han cambiado. Saben que el poder no hará lo que anhelan, que depende de ellos. Todo está interconectado: las reivindicaciones del Rif, de mujeres, homosexuales… Cuando hasta los aficionados de fútbol, en los estadios, interpelan a los ricos que poseen Marruecos, no se puede detener a 40.000 hinchas. Algunos me dicen que esos hinchas son homófobos. Si lo son es obra del sistema que mis libros denuncian. No puedo prever cuándo el despertar ciudadano logrará cambios políticos, legales, crear empleo. Pero si yo estuviera en el poder, en vez de reprimir las críticas de la calle y redes sociales, las vería como signo positivo de la evolución de Marruecos. Da buena imagen al país.

Su novela como los libros Para acabar con Eddy Bellegueule de Édouard Louis o El amor del revés de Luisgé Martín son de máxima exposición personal desde la portada. ¿Cómo vence el pudor?

Adoro a Édouard Louis y nuestros libros tienen en común el tema de la pobreza y cómo salir de ella, de la doble exclusión por pobre y gay, pero él aborda la literatura desde una sociología marcada por Foucault… y yo transmito la pobreza ya en lo estético, sin intelectualizar el relato. Elijo un episodio y desde ahí buceo a lo oscuro del alma, siguiendo la guía de los personajes de Dostoyevski. Hablo de la homosexualidad, lo haré siempre porque el mundo no la aceptarla bien, pero abordando el corazón de los debates sociales actuales.

Y su familia, ¿cómo encaja verse retratada?

Paso de lo que piensen. Tuve que abandonarles e irme a París con 25 años. En las familias hay tantos tabúes sobre cada miembro que paraliza y atrapa. Para hacer cualquier cosa, no sólo escribir, no hay otra elección que poner distancia. Ellos no me ayudaron a ser escritor, ni cuando no tenía qué comer, ni en el llanto y sufrimiento que afronté solo. Mi literatura es obra mía, escribir y encontrar editor. ¿Por qué justo al final del proceso habría de importarme qué opinan? Esto no me muestra simpático, lo sé. Pero soy frágil y mi fragilidad la ofrezco a la literatura, no a quienes volverían a usarla para rebajarme de nuevo.

Abdela Taia presenta El que es digno de ser amado en Tres Culturas

Abdela Taia durante la presentación de la novela. Fund. Tres Culturas / Sevilla

Chalecos amarillos: sacar músculo y hacerse oír

Francia, tan laica y republicana, mantiene una perfecta sintonía con la monarquía teocrática marroquí. Como España. ¿Qué podrían hacer ambas, en  la UE, sobre las necesidades de los marroquíes?

No sé si eso entra en su responsabilidad. Sí que Europa, Occidente, que tanto habla de derechos humanos, siempre mantiene lógicas de poder. A la hora de vender armas a Arabia saudí, pasa por alto sus violaciones de derechos. Así que Francia, España, la UE, Occidente lo que deberían reflexionar es ¿por qué sigue necesitando la categoría de inferiores, de migrantes llegados, qué casualidad, de las ex colonias y meterlos en guetos, calificarlos de salvajes, para demostrar que ellos son los civilizados inventores de la libertad frente a esos supuestos esclavos del poder, la religión o costumbres de sus países?

¿Los chalecos amarillos, en Francia, integran reivindicaciones de franceses de 2ª-3ª generación y migrantes o encarnan un nacionalismo que dará votos reaccionarios en las Europeas de mayo?

Acojo el movimiento como buena noticia porque saca a la luz a gente invisibilizada por el poder político de Francia, gente que exige sus derechos a las élites. Dado que todo movimiento político es evolutivo y este acaba de nacer, más que acosarle preguntando si apoyan al movimiento LGTBI, a los migrantes, sospechando que apoyen al Frente Nacional lo que les acercaría a ellos, hay que respaldarles. Y aconsejar al poder que les atienda antes de que sea tarde.

En un pasaje de la novela (pp. 52) Ahmed, dice “Un día te encontrarás aún más solo que hoy. Un día te verás abocado de verdad a hacer la guerra”. ¿Cree que se empuja a la violencia?

Se tacha de violentos a los chalecos amarillos, o a los migrantes para deslegitimarles. Pero, ¿cómo reaccionaría cualquiera a quien su vecina humilla cada día? ¿Qué hacer cuando jamás devuelve el saludo, mira con asco en el rellano? Al principio pasas. Incluso te ríes de su odio e ignorancia. Pero quizá un día falte templanza. Se humilla mucho. En los institutos se disuade a alumnos de hacer Ciencias Políticas, se les orienta a titulaciones modestas por su nombre y origen. Cuando hay reacciones violentas nadie se pregunta: “¿Qué he hecho yo para indignar a esta persona?” Incluso: “¿Por qué la rabia que lleva a votar al Frente Nacional?”. La democracia en Occidente atraviesa un impasse porque el mundo enseña que hay que exhibir músculo, gritar para hacerse escuchar, que el diálogo es vía muerta. Todos lo han entendido. A esto habrá que dar respuesta cuanto antes. Si no, claro que se puede desencadenar violencia, revuelta… revolución incluso. Eso fue la Revolución Francesa. Y, aunque no se transformaran en lo que esperábamos, también las primaveras árabes.

Sus reflexiones sobre el amor y “la lógica del mundo” plantean la conducta humana relación de poder: víctima y dominador. ¿La amistad de Ahmed y Lahib simboliza alguna redención?

A la hora de escribir me obligo a la lucidez sobre relaciones humanas. Trato de traspasar la ceguera de la vida cotidiana para decir la verdad escandalosa. Pero mi objetivo es crear emoción, belleza pese a la tragedia, belleza pese a la desesperación, belleza pese a la tristeza. Lograrlo con el idioma, con la expresión, intensa, histérica a veces, espero que poética. El libro es duro, pero con canciones, encuentros mágicos, en el metro, en la playa, la amistad de Lahib y Ahmed que es esperanza más allá de la muerte, amor más allá de la muerte.

Su retrato de la madre, manipuladora de toda la familia, es demoledor. ¿A qué responde?

A lo que hablábamos de que la vida dura enseña que, para sobrevivir, no ayuda ser amable. El padre no hace nada y ella para sacar adelante a la familia tiene que luchar. Ahmed, gay, se da cuenta de que, aunque la conducta de su madre nunca le ha gustado, es su modelo para salvar el pellejo: endurecer su corazón, incluso haciendo daño.

¿Qué es más tabú en Marruecos: ser gay, ateo o republicano?

Ser pobre. La gente tiene vergüenza de ello y los que logran salir un poco de la pobreza ocultan siempre sus orígenes. Que quien sea gay, ateo o republicano pueda asumirse como tal una libertad clave. Pero sobre los tabúes no hay que culpar a la gente, sino al poder, a la ley. Hay que evitar estigmatizar a la sociedad árabe, musulmana, con generalizaciones estériles y falsas. Porque una cosa es lo que se declara públicamente... y otra muy distinta la verdadera vida.

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