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Por un futuro renovable

Una acción de Tanquem Cofrents en Valencia

José Juan Sanchis Serrano

No es ningún secreto que estamos en una época crítica para las nucleares. Lo que suceda en los próximos años determinará el futuro de la industria nuclear y, por extensión, del sistema eléctrico español. Por un lado, la gran mayoría de la sociedad civil y de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento apuestan por finiquitar las nucleares cuando venzan sus actuales licencias de funcionamiento y realizar una transición rápida y ordenada a un sistema eléctrico 100 % renovable, tal y como ya están haciendo un amplio grupo de países (Alemania, Suiza, Bélgica, Taiwán…). En el otro bando, el oligopolio eléctrico y el gobierno del PP, que actúa al dictado de las grandes compañías eléctricas y que pretende prolongar el funcionamiento de un parque nuclear envejecido y cada vez más peligroso en contra de los intereses generales de la ciudadanía a la que debería representar.

En esta línea se inscribe la reciente decisión del pleno del CSN, dominado por consejeros nombrados por el PP, de permitir que las empresas pidan la prórroga de las actuales licencias sólo un año antes de su finalización, mientras que la revisión técnica lleva tres años. Es un auténtico despropósito que va contra el más elemental criterio técnico o el simple sentido común, ya que obligará a los trabajadores del CSN a revisar ingentes cantidades de documentación durante un par de años. Trabajo que después puede ser inútil si alguna central no renueva su licencia. Esto constituye una auténtica malversación de medios públicos para favorecer el margen de maniobra de las empresas nucleares, como ha denunciado ASTECSN, la asociación de técnicos del CSN que no son precisamente sospechosos de ser antinucleares.

Es posible que al final no se pidan estas renovaciones porqué, además del peligro que supone su funcionamiento y el problema irresoluble de la gestión de las miles de toneladas de residuos (altamente radioactivos durante los próximos milenios), estas centrales no pueden competir económicamente en un auténtico mercado libre. La realidad es que, a pesar de los 60 años de experiencia de la energía nuclear, o sea, una tecnología ya madura, los costes de las nucleares son cada vez mayores, mientras que los de las energías renovables, especialmente la eólica y la fotovoltaica, están en caída libre y son ya más baratas que la nuclear. Al menos, donde el mercado no está amañado. Las renovables ya están ganando, sin subvenciones, subastas de nueva potencia eléctrica en diferentes países. Y, en España, se han adjudicado recientemente 3.500 MW renovables nuevos a prima cero.

En realidad, la energía nuclear lleva tiempo en declive. Su máxima producción mundial data de 2006 y desde la catástrofe de Fukushima su ocaso aún se ha acelerado más. En los últimos años, en Estados Unidos, país cuna y con el mayor número de nucleares, han cerrado por motivos económicos 6 y otras 15 han anunciado su próximo cierre, a no ser que se les otorguen subvenciones multimillonarias a cargo del bolsillo de los consumidores. La última en anunciarlo ha sido Three Miles Island, de infausto recuerdo. Es ilustrativo también que Westinhouse, la empresa que está construyendo 4 nuevas nucleares en Estados Unidos, haya quebrado por los sobrecostes en estas construcciones. En Europa ocurre algo similar. AREVA, la empresa constructora de 2 nuevas nucleares en Francia y Finlandia, si no fuera una empresa estatal, también habría quebrado ya, con sobrecostes que han triplicado lo presupuestado.

Ni siquiera es viable, a medio plazo, un sistema mixto de nucleares y renovables. De hecho, la experiencia demuestra que las nucleares actúan de tapón para la instalación de más renovables. Hagamos, por tanto, un buen negocio medioambiental y económico: abandonemos ya las nucleares y construyamos un sistema eléctrico 100% renovable del que nos podamos sentir orgullosos.

*Jose Juan Sanchis Serrano, miembro de Acció Ecologista-Agró y portavoz de la plataforma Tanquem Cofrents

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