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CV Opinión cintillo

Ladrones del relato

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Esto es como lo de los chistes, si lo tienes que explicar es que muy gracioso no es. Pues eso, el día a día de la acción política dejó hace tiempo de estar marcada por las decisiones – acertadas o no – de los gobiernos para transformarse en un cúmulo de anuncios con protagonismo efímero. Las estrategias han dado paso a las ocurrencias y el que no se suma a la tendencia queda huérfano de cualquier relevancia y más allá del Oscar al mejor secundario poco tiene que rascar.

Si en algo coincidimos la mayoría de la ciudadanía es en la importancia que la formación mantiene para consolidar una democracia plena; nos llenamos la boca hablando del acceso a la información – veraz y de calidad -; recurrimos a la libertad de la enseñanza y a la capacidad de las personas para mantener una actitud crítica a la par que constructiva. Y ¿para qué? ¿de verdad podemos mantener como válidas esas premisas? No sé a ustedes, a mí la duda me corroe.

¿Qué relevancia tiene en el pensamiento individual que los indicadores económicos marquen un incremento del PIB, o que la creación de empleo supere cualquier previsión y disminuyan de forma acelerada las personas sin empleo?. ¿Qué notabilidad le adjudicaría a la subvención a los carburantes durante el año 22 o a los bonos viajes en la Comunitat Valenciana para relanzar el turismo en nuestra tierra? ¿Alguien recuerda que en el año 2020 las empresas cerraron y los trabajadores seguimos cobrando gracias a los Ertes impulsados por el gobierno? ¿O que la campaña de vacunación contra la Covid en la CV fue ejemplo de coordinación y eficacia?

Todo parece haber desaparecido de la memoria colectiva mientras quienes se pusieron de perfil ante las emergencias internacionales lanzan proclamas catastrofistas ante una recesión económica que no llega y dibujan una situación de anarquía y catástrofe con las mismas arengas de siempre: España se rompe por el gobierno ilegítimo de Pedro Sánchez.

Hace un año una caterva de exaltados seguidores del ex presidente Trump invadió la sede del parlamento estadounidense. Hace unos días una turba bolsoniarana decidió copiar la estrategia y se reveló contra el resultado de las elecciones que convirtieron a Lula en presidente de Brasil. Por más que medios de comunicación, comentaristas, políticos y filósofos varios se estén afanando en buscar otras teorías, nadie me convencerá de que no solo son idénticas las situaciones, es que las dos estaban perfectamente medidas y organizadas. Nada surgió del enfado popular de forma espontánea, todo se trabajó a conciencia. Les ganaron en el relato.

Pues queridos lectores, siento que hoy aquellos que siguen alimentando el cataclismo en nuestro país nos han robado el relato, de la mano de los colores de una bandera que es de todos pero ellos se apropian, de propiciar enfrentamientos en foros públicos, de tergiversar datos que provocan miedo y de tachar de ilegítimos los resultados electorales. Y esta situación es calcada a la vivida en EEUU y Brasil en los meses precedentes a la utilización de la fuerza.

Podemos seguir confiando en la formación y en la información. Podemos y debemos seguir gestionando los recursos públicos en favor de las personas, pero si no recuperamos el relato y conseguimos que la ciudadanía sea consciente de la realidad y la importancia de determinadas decisiones mucho me temo que tengamos que explicar mil veces el chiste porque nadie le encontrará la gracia.  

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