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La represión de Falange en los pueblos en la posguerra franquista: “Se encargaban de tener a cada vecino controlado”

Falangistas durante la entrada de las tropas franquistas en València.

Lucas Marco

València —

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Represión y control social de todos y cada uno de los vecinos de las poblaciones más pequeñas. La Falange, el partido fundado por José Antonio Primo de Rivera, tuvo un papel preponderante en la represión franquista de posguerra, con una estructura jerárquica y paramilitar, en los pueblos más pequeños. A pesar de la destrucción de parte de la documentación falangista, nuevas investigaciones revelan aspectos del rol del partido fascista durante la dictadura. “El papel de los falangistas en la posguerra, ya como partido único de la dictadura, fue muy importante, más de lo que se ha considerado por parte de la historiografía”, afirma Aurora Fuster Serrano (València, 1997), autora de El falangismo local valenciano: Manises, Alboraia, Cortes de Pallás, Tous y Tuéjar, un trabajo que recibió una beca de la delegación de Memoria Histórica de la Diputación de València. La investigadora ha buceado en cinco archivos municipales de la provincia de València, entre otros, para analizar la incidencia del partido del yugo y las flechas en el ámbito local.

Una óptica que, en cierta manera, permite sortear la falta de documentación archivística. En 1977, dos años después de la muerte del dictador, la Jefatura Nacional del Movimiento ordenó la destrucción de la documentación relativa a Falange: “Eso supuso la desaparición de una gran cantidad de documentos en todo el país, en muchos casos destruidos como se mandó y, en otros, escondidos por personas pertenecientes al Movimiento”, señala Fuster, quien asegura que la localización de la documentación para su trabajo en archivos municipales “ha sido un reto en algunas ocasiones”.

La perspectiva local le ha permitido hallar más documentos valiosos. “Pienso que a veces hay más posibilidades de encontrar documentación en municipios pequeños porque quizá no había tanto temor a las consecuencias de haber pertenecido a Falange que en lugares más grandes”, afirma la autora. En los archivos de Alboraia y Manises (las dos localidades periurbanas analizadas en contraste con el ámbito rural representado por Cortes de Pallás, Tous y Tuéjar) es donde más documentación ha encontrado, “aunque en algún caso parte fue escondida y luego se ha devuelto”.

El libro repasa la creación de Falange Española en València, fundada por Adolfo Rincón de Arellano en octubre de 1933 con personas de la clase media y alta, especialmente estudiantes de las facultades de Medicina y Derecho. Rincón de Arellano, posteriormente alcalde de València, “hizo carrera dentro del régimen y siempre estuvo presente en la vida política de la provincia”, explica Aurora Fuster.

La historiadora también destaca la “mistificación falangista” de las hermanas Vicenta y María Chabás, fundadoras de la Sección Femenina en València, que atrajeron al partido “a otras mujeres de su círculo social” de clase alta y fueron fusiladas durante el 'corto verano de la anarquía' de 1936. Fuster también alude a Aurora Aynat, jefa provincial de la Sección Femenina de València durante la Guerra Civil que ayudó a realizar los preparativos para la entrada de las tropas franquistas en la capital, y a Bartolomé Beneyto y Maximiliano Lloret, fundadores de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), quienes pervivieron “dentro del entramado del régimen durante toda la dictadura”. 

Tras la victoria del bando franquista, Falange fue uno de los puntales de la represión y depuración pilotadas por el régimen. En la limpieza de las instituciones locales y provinciales, los falangistas tuvieron un papel fundamental: “Estaban presentes en las formaciones de los nuevos ayuntamientos y, dentro de las posibilidades que hubiera, intercedían para que en de cada institución hubiera falangistas, incidiendo en estos primeros años en la necesidad de que los excombatientes, por ejemplo, tuvieran cargos destacados”. La autora también destaca la documentación hallada sobre la estructura interna de Falange y analiza las circulares con las instrucciones de la Jefatura Provincial a sus destacamentos locales.

Las delegaciones de Información e Investigación se convirtieron en una pata más del entramado represivo del franquismo, incluso después del periodo de posguerra. “Se encargaban de tener a cada vecino controlado, a partir de expedientes personales e informes donde constaban toda clase de datos, incluyendo la afiliación política que hubieran tenido y cualquier indicio de pertenencia a unas u otras organizaciones”, sostiene Fuster.

El control de Falange “no cesó” durante toda la dictadura

El partido fascista, de carácter paramilitar, tuvo un papel relevante en la vida cotidiana, encargándose de realizar fichas personales de cada vecino. Sus informes, indispensables para trabajar o trasladarse de municipio, podían condicionar irremediablemente las vidas de cualquier habitante. Para poder conseguir trabajo, viajar o trasladarse de municipio, “se necesitaban informes favorables tanto de las jefaturas locales de Falange como del alcalde del municipio y de la Guardia Civil”, apostilla.

La historiadora también destaca las “antiguas rencillas”, especialmente en las localidades más pequeñas, que podían sumarse a la represión puramente ideológica. Las delegaciones de Información e Investigación se encargaban, además, de la depuración interna y del filtro de los candidatos a ingresar en el partido único.

La Falange también tenía un “gran poder de decisión” sobre los vecinos que encerrados en cárceles o en campos de concentración. “He encontrado algún caso en que se ha liberado a un prisionero y desde la Jefatura Local del Movimiento de un municipio se ha prohibido que esa persona volviera a la localidad”, explica Aurora Fuster.

El libro analiza el papel de la Sección Femenina y del Frente de Juventudes, ramas del partido fascista encargadas de “encuadrar y movilizar a dos sectores de la población fundamentales”. La Sección Femenina inculcó los “ideales nacionalsindicalistas y de la dictadura” para promover “la vuelta de la mujer al hogar para ejercer de cuidadora, ama de casa y madre”. Por otra parte, el Frente de Juventudes formaba a jóvenes, desde los siete hasta los 18 años para atraerlos a actividades culturales y deportivas o campamentos.

El control de la dictadura y, específicamente, de Falange sobre la población “no cesó” durante las casi cuatro décadas de régimen franquista. “Se siguió vigilando a los vecinos que se considerase que podían estar en desacuerdo con la dictadura y también a los mismos afiliados, llevando un registro de quienes acudían a las reuniones para afiliados y si esas faltas estaban justificadas o no”, concluye la historiadora.

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