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El oxímoron de Canal 9: Asamblearismo oficialista

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En Canal 9 hay vicios que no se acaban de superar ni cuando se anuncia que la empresa cierra y se desata la "rebelión" de sus trabajadores. El expolio perpetrado por el PP, el montón de directivos delincuentes colocados en la casa y la tupida red de cómplices que se ha ido tejiendo a lo largo de todos estos años han extendido una manera de hacer las cosas, una alienación respecto de la realidad, que ni en plena "crisis perfecta" se puede superar.

¿Qué hacen periodistas como Maribel Vilaplana, Amàlia Sebastián, Iñaki Espeso, Frederic Ferri o Fermín Rodríguez (por citar solo algunos nombres, que me perdonen Josep Ramada, Josep Grau, Victòria Masso o tantos otros por haberlos olvidado) presentando los "informativos zapatistas" y enarbolando la bandera del pluralismo informativo y la no-manipulación? Ellos son las caras de justo lo contrario, son la imagen de la tele de la que ahora abjuran.

Después del nuevo gesto antidemocrático de Alberto Fabra de nombrar por decreto un nuevo director general de RTVV, no sé cuánto más durará el actual orden de cosas en Canal 9. Pero si en las últimas jornadas los informativos han salido desde la base de la Redacción, ¿cómo es posible que los directivos que el PP colocó al frente del departamento hayan seguido en sus puestos? En esta situación, debería haber sido una asamblea la que nombrara nuevos responsables y la que decidiera quiénes se han de poner delante de las cámaras.

La ocasión era, quizás todavía es, única. Durará poco. Ni el Comité de Empresa, ni los miembros del Consejo de Administración, ni el recién llegado director/liquidador  están para organizar las cosas en Redacción. El liquidador que haga lo que quiera, y lo que pueda, y tanto el Comité como el Consejo, ya tienen suficiente trabajo (y lo están haciendo bien) intentando garantizar un futuro para RTVV. Lo que sale en pantalla no es cosa suya, los contenidos no pueden estar sometidos a ninguna estrategia. Tampoco puede parecer que, en aplicación de la “ley del péndulo”, se quieren ajustar cuentas con el PP. Diré más, si desde la oposición política hay alguna tentación de influir en los contenidos de las emisiones se les deben parar los pies como se tenía que haber hecho, y no se hizo, con Zaplana, Olivas, Camps y Fabra.

Y, por favor, ser asamblearios no quiere decir no respetar las mínimas formas de la profesionalidad. En los informativos y en los especiales de estos días sobran soflamas y falta tranquilidad. Sobran comentarios y falta rigor. Sobran adjetivos y falta información.

La decisión del Consell del PP de cerrar RTVV ha colocado a los 1.600 trabajadores de la casa en igualdad de condiciones en lo laboral y eso ha llevado, ¡por fin!, a la unidad de todos a la hora de pedir el mantenimiento de la radio y la televisión públicas de los valencianos. Una unidad que no es del todo real aunque, a efectos prácticos, todos estemos ahora en el mismo barco. Hay dos grupos diferenciados: los que reivindican la existencia de los medios públicos por su valor social y, en ese marco, reclaman la continuidad de su puesto de trabajo y aquellos a quien solo mueve el miedo a perder el trabajo. No es sencillo (ni necesario ahora) marcar públicamente la linea que separa a unos de los otros pero es evidente que los que nunca se movilizaron por nada, los que nunca estuvieron en las protestas y que únicamente han despertado con el anuncio del cierre están en el segundo grupo. Yo les pediría que, como mínimo, en la manifestación del sábado día 9 no se pongan al frente de la marcha, que se coloquen en un lugar discreto. Es más les diría que si no quieren venir no hace falta que vengan. No los echaremos de menos, nunca hemos podido contar con ellos.

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