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CV Opinión cintillo

Que la vida no nos sea indiferente

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No voy a empezar con subterfugios literarios. La violencia en el mundo no cesa. Despedimos 2025 con un alto el fuego ficticio en Gaza que solo ha servido para devolver a los manifestantes a sus casas y limpiar las calles de lemas y consignas contra el genocidio. Porque, por lo demás, todo sigue igual de mal. Israel asesina a la población palestina con bombas, hambre y frío. Hemos contemplado imágenes de campamentos anegados de agua, con niños empapados y congelados, como quien ve llover por la ventana de su casa. Hemos sabido que Israel prohibía a Médicos Sin Fronteras y a una veintena más de ONG seguir llevando ayuda humanitaria a Gaza. Pero si te levantas de tu confortable sofá, con manta incluida, para denunciar estos crímenes, polarizas.

El mundo está en guerra. El Alto Comisionado de la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, emitió el pasado marzo un informe en el que cifraba en 120 los conflictos armados que estaban asolando el planeta. Guerras que responden a la deshumanización total. A la enemización como estrategia global, que tiene en la Casa Blanca a su gurú mundial. Cuando la ONU vuelva a pronunciarse en 2026 veremos si definitivamente viajamos sin frenos por una autopista delirante que nos conduce directos al precipicio. Pero si alzas la voz por la paz, polarizas.

Tampoco cesa la violencia contra las mujeres. El año que despedimos se ha cobrado la vida de 46 mujeres y tres menores asesinados por sus propios padres o por parejas o exparejas de sus madres, con el objetivo de infligir daño y sufrimiento. Desde 2003, han sido asesinadas 1.341 mujeres. Y desde 2013, la violencia vicaria ha matado a 65 niños y niñas en España.

Si miramos alrededor, solo vemos el terror en los ojos de mujeres y niños que sufren la violencia de las guerras y del machismo. Con o sin burka. De México a Afganistán, el feminicidio institucionalizado no es una cuestión prioritaria para nadie. Y si denuncias que las mujeres están cada vez más desprotegidas por el avance del negacionismo de la violencia machista, polarizas.

Igual que si calificas de racistas a los energúmenos que querían quemar un edificio con migrantes dentro en Badalona. “No digáis según qué cosas porque aquí se está grabando absolutamente todo”, les aconsejó el alcalde del PP. ¡Qué bestialidad! Todo transcurrió sin consecuencias para estos criminales, incluido Xavier Albiol, que lleva años alimentando el odio y demostrando que el PP no necesita a Vox para acunar el fascismo.

Con la turra que nos han dado sobre cómo felicitar estas fechas, los de la libertad enlatada en eslóganes actúan con furia contra las personas más vulnerables. Nadan en la pecera de la impunidad, salvo cuando se topan con la justicia. Es lo que ha ocurrido en el caso de Samuel Luiz, asesinado por el odio homófobo una madrugada de julio de 2021 en A Coruña.

“Veo mal la inversión de la carga de la prueba, y acusar, sin motivos, sin pruebas, como ha pasado con el chico de Galicia”, llegó a decir Isabel Díaz Ayuso sobre este crimen para tapar el aumento de las agresiones homófobas en España. ¡Ay! Quienes se pusieron del lado de Samuel estaban polarizando y politizando su asesinato. Ella no.

Solo espero que algún día Ayuso y todos sus satélites mediáticos pidan perdón a la familia de Samuel. Y no solo eso. También espero que este año reciban el amparo de la justicia las 7.291 personas que fallecieron sin atención médica por los protocolos de la vergüenza aplicados por la Comunidad de Madrid durante la pandemia. Y si me dicen que polarizo por exigir justicia, me sentiré reconfortada.

La pediré también para las víctimas de la dana, que siguen encontrándose con obstáculos y con el desprecio constante del Partido Popular. Alberto Núñez Feijóo oculta sus WhatsApp con Carlos Mazón y se niega a acudir a declarar ante la jueza de Catarroja. Dice que testificará por videoconferencia, mientras Juanfran Pérez Llorca sigue encubriendo la negligencia de quienes aquel día no estuvieron a la altura. Y no fue solo Mazón. Fue todo su Consell, el mismo que hoy continúa.

Los populares andan nerviosos porque su estrategia de utilizar la catástrofe para atacar a Pedro Sánchez puede quedar al descubierto, si es que queda alguien que no se haya dado cuenta ya de lo que sucede. En 2025 se ha normalizado un clima de odio procedente de las derechas, envuelto en el insulto, el desprecio y la deshumanización del adversario político. No voy a citar los insultos al presidente del Gobierno ni contra personajes públicos que proliferan en redes sociales o en artículos de opinión de importantes medios de comunicación. Son de sobra conocidos.

Podría seguir buceando en busca de más ejemplos, porque el año que dejamos atrás rebosa como una tubería atascada de basura. Señala, criminaliza al diferente. Grita odio. Iniciar un nuevo año requiere pasar página. Soltar lastre. Liberarse.

Así que, frente al ruido, tapones. Frente al fango, salir a la superficie y respirar. Mirar a 2026 a los ojos. Plantarle cara y ver que hay gente valiente que alza la voz, y unirse a ella.

Y si dicen que polarizas por defender la justicia, será que transitas por el lado correcto. El de la resistencia contra el fascismo que camina por “el miedo que lleva a la ira, la ira al odio y el odio al sufrimiento”. Así que, siguiendo con Star Wars, que la Fuerza nos acompañe en este 2026, al que solo le pido que la vida de los otros no nos sea indiferente.

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