CV Opinión cintillo

Mazón, el emérito valenciano

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Finalizados los fastos de despedida de la reina Isabel II y acalladas las voces sobre el papelón al que nos sometió el rígido protocolo anglosajón con el distinguido trato a monarcas sin corona, me viene a la mente una situación similar en la Comunitat Valenciana.

Cuando el presidente de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, suprime a las bravas el impuesto de patrimonio a los 17.000 mil andaluces más ricos y alardea de que, junto a su compañera Isabel Díaz Ayuso, a la sazón presidenta de la Comunidad de Madrid, esto supone ventajas fiscales que le van a permitir atraer grandes patrimonios de otras comunidades, está reconociendo ese dumping fiscal que el President Ximo Puig lleva denunciando desde hace años y que niega toda la derecha valenciana.

Así, de un plumazo, no llego a entender si por insolvencia o mala fe, Moreno ha dejado de mentirosos a todos los que han negado reiteradamente que Madrid hace dumping fiscal, empezando por el PP de les Corts, que en su momento desdecía a Puig continuamente pero, claro, eso era en tiempos de Casado y Mazón tenía algo de predicamento. Parece que la situación de los populares valencianos no es tan idílica como quieren trasladar. Entre el dumping de Bonilla y Ayuso y la carrera por apuntarse logros de candidaturas entre los propios, parece que esas desavenencias que ya salieron a flote entre los equipos de Mazón y Catalá al principio del matrimonio pueden acabar en divorcio, porque van de mal en peor. El martes Mazón convocó a lo más granado de Alicante (sin el alcalde Barcala) para reclamar al Gobierno de España que su ciudad sea la sede de la Agencia de Inteligencia Artificial (IA) y María José Catalá le enmendó la plana reivindicando que la IA tenga la sede en València capital. Y de esta nos hemos enterado todos pero hay muchas más.

Hace ya meses que el rumor en círculos políticos es un secreto a voces. Las fricciones se visualizan a diario en les Corts Valencianes, donde la portavoz y secretaria general obvia los temas que su presidente plantea. Nadie secunda las propuestas de Mazón. Ni siquiera aquella de reforma fiscal que presentó hace ahora un año tuvo eco en la voz de Catalá en las sesiones de control al Consell. Todo indica que los caminos que ambos surcan discurren en paralelo sin llegar nunca a encontrarse, a pesar de que en teoría son el número uno y dos de un mismo partido.  Pero, desde la estrepitosa caída de Casado y, sobre todo, de García Egea, la que tiene el favor de Feijóo y, además, cargo y ascendencia en el PP nacional, es Mª José Catalá, dejando a un señor invisible y desconocido como Carlos Mazón como un remedo de presidente emérito, un rey sin corona ni autoridad al que invitar a celebraciones, pero sin opción de mando.

Veremos cómo discurren los próximos meses y, si no hay movimientos con anterioridad, si tras las elecciones el poder, la relevancia, la autoridad y el peso en el PP nacional sigue salvaguardando el papelón de invitado de piedra a más de uno o una.

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