WhatsApp mata relato
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Uno ha visto las series The West Wing (EE. UU.), City Secret (Australia), Baron Noir (Francia), House of Cards (Reino Unido y EE. UU.) o Borgen (Dinamarca) y está curado de espanto. Aunque sean ficción, todas estas obras maestras de la televisión destapan, con mayor o menor crudeza, las bambalinas de la política en democracias occidentales de diferentes latitudes: las buenas y las malas artes de los gestores públicos; el compromiso con la ciudadanía y la basura necesaria para que el sistema funcione. O se pudra.
En España aún no hemos conseguido tener una obra similar sobre el funcionamiento de la sala de máquinas de la Moncloa o de los palacios de la Generalitat o de San Telmo. Una lástima, porque nuestros representantes políticos darían mucho juego. Pero gracias a las investigaciones periodísticas y a la jueza de la dana estamos conociendo en el último año la fontanería del Gobierno de Carlos Mazón durante la gestión de la riada del pasado 29 de octubre de 2024. La revelación de las llamadas telefónicas de los distintos políticos implicados y sus conversaciones a través de la aplicación de mensajería WhatsApp dan para una serie made in Spain.
Gracias a estos mensajes entre los principales actores, aportados al procedimiento judicial, hemos podido conocer el lenguaje desenfadado del ya expresidente de la Generalitat, Carlos Mazón, cuando habla con su consellera. «Cojonudo», le espetó cuando Salomé Pradas le informaba de su trabajo para combatir unas inundaciones que se le fueron de las manos. Hemos podido también escandalizarnos cuando una vicepresidenta del mismo Gobierno reaccionaba así al ser informada del desbordamiento de barrancos: «Jope, si necesitas algo nos dices». Y hemos podido ver a un jefe de gabinete del presidente del Consell —ay, el jefe de gabinete— desdeñar el trabajo de la responsable de Emergencias con el ya fatídico «de confinar, nada».
Cierto es que pocos resistiríamos el escrutinio de nuestros mensajes privados sin contextualizarlos, pero también lo es que en nuestra tarea diaria no está la de gestionar la protección civil de 5,3 millones de valencianas y valencianos. De nuestros representantes se espera más o, al menos, como sucedía en las bienintencionadas El ala oeste de la Casa Blanca o Borgen, que la seriedad y el interés general primen por encima de la frivolización, los intereses personales o los de partido. No ha sido este el caso de la gestión de la dana, donde seguimos observando, entre atónitos e indignados, en qué manos estuvo la Comunitat Valenciana cuando cayó sobre seis de sus comarcas el peor temporal de lluvia de todo el siglo XXI.
El último al que se le han visto las costuras tras entregar a la jueza los mensajes que se intercambió con Carlos Mazón es Alberto Núñez Feijóo. A petición de la magistrada de Catarroja —aunque de manera voluntaria, por ser el secreto de las comunicaciones un derecho fundamental—, el presidente del PP entregó al juzgado los mensajes de WhatsApp que le envió el presidente de la Generalitat entre las 20.00 y las 23.27 del día de la dana. Solo la revelación de esa primera parte ya sirvió para evidenciar que, desde el 30 de octubre de 2024 hasta su dimisión el 3 de noviembre de 2025, todo el PP valenciano y nacional había mentido a la opinión pública sobre la implicación del Gobierno desde el primer momento y sobre los recursos puestos encima de la mesa. «A través de Delegación, de momento, tenemos lo que necesitamos, que ahora mismo es la UME», reconocía Mazón a Feijóo, a quien también contaba que había hablado con Pedro Sánchez y con cuatro ministros.
Esa primera batería de mensajes también sirvió para evidenciar que Feijóo no estuvo informado en todo momento de la evolución de la dana. Primero, porque su interlocutor tampoco lo estaba: Mazón no llegó al Centro de Emergencias, donde se celebraba el Cecopi, hasta las 20.28. Y segundo, porque tuvo que ser el propio líder del PP quien preguntara a su presidente autonómico, a las 19.58, por la situación, alarmado por las noticias que inundaban los medios de comunicación. A esas horas ya todo estaba perdido para decenas de personas que perecían ahogadas por la gestión de la administración.
Este viernes, y otra vez a petición de la jueza, el presidente del PP entregó la segunda parte de su conversación con Mazón. Y no ha sido menos demoledora para alguien que aspira a ser presidente del Gobierno de España, una de las personas más poderosas del país. La actitud de Alberto Núñez Feijóo ante las informaciones que le envía el presidente autonómico genera inquietud y desconcierto. «Lleva la iniciativa de la comunicación… Es la clave», le contesta el líder popular a Mazón tras contarle este: «Van a ser decenas —de muertos— seguro». «Sí, sí. Te voy diciendo. Pero hasta que no amanezca mañana no sabemos qué cojones nos vamos a encontrar». Antes, y con un jefe del Consell anunciándole una noche larga, Feijóo ya le había dicho: «Ánimo. Lidera informativamente como hiciste en el incendio».
La preocupación del presidente del PP por el relato y el sostén que ha dado durante meses a las mentiras de Mazón evidencian que Alberto Núñez Feijóo ni estaba ni está por conocer la verdad de lo que pasó. Solo le interesaba imponer su versión, aunque fuera falsa, y limitar el daño que pudiera hacer la gestión de la dana de su partido en la Comunitat Valenciana a su carrera hacia la Moncloa. Pero esta vez WhatsApp ha matado ese cuento que venía contando durante el último año.
Las series políticas nos enseñaron que hay dos formas de ejercer el poder: con conciencia o con cinismo. En los mensajes de Alberto Núñez Feijóo no hay rastro de la primera. No pregunta por las víctimas ni por la magnitud del desastre, sino que pretende asegurarse el control del relato. No actúa como un dirigente ante una tragedia, sino como un estratega ante una crisis de imagen. Más cerca de House of Cards que de Borgen, Feijóo dejó claro que, incluso cuando ya se contaban muertos, lo urgente no era empatizar, sino salvar su camino a la Moncloa.
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